Souvenir nos cuenta la historia de Solomon Shereshevski la primera persona a la que se le diagnosticó un caso de hipermnesia, afección que provoca que, quien la padezca, recuerde el más mínimo detalle de lo que acontece en su vida. Poemas en otros idiomas, conversaciones mantenidas hace tiempo, gestos vistos muchos años atrás… pero es que Solomon además tenía una enorme capacidad sinestésica, lo que sumaba extras a cuán complicado era el interior de su cabeza. Un problema que estuvo tratado durante más de 20 años por el prestigioso psiquiatra Alexander Luria y con el que Pablo Díaz Morilla ha fabulado para hacer una reflexión sobre los efectos de la memoria. Un texto que ha resultado galardonado con el Premio Autor Express de la SGAE y que además es el primero del proyecto cultural Factoría Echegaray que se estrena en Madrid, siendo el debut en la dirección teatral de Fran Perea.

La función es un viaje alucinante por el interior de la cabeza de este periodista que recordaba todo con una nitidez y un detalle absolutamente asombrosos, algo que a primera vista podría parecer fascinante -¿Quién no querría tener unas cualidades extraordinarias?- y que, sin embargo, mirado con frialdad, tiene más visos de convertirse en pesadilla que en superpoder. Solo el hecho de imaginar que jamás podremos deshacernos de cuanto recuerdo conforma nuestras vidas, que todo lo que nos ocurra o vivamos quede anclado, junto a un bombardeo incesante de nuevos estímulos que llenen de ruidos, colores y sensaciones nuestra cabeza, resulta aterrador.

Souvenir pone imágenes a ese eco incesante en la cabeza de su protagonista. Un entramado de hilos que unen y entretejen cuanto recuerdo puebla su memoria. Fantástica escenografía de Dita Segura y Juan Heras. Puertas abiertas que desembocan en nuevos recuerdos como una especie de reflejos infinitos que reverberan incesantemente en la memoria de Solomon, conduciéndole a través de la fina línea de la locura.

Es interesante que el tratamiento elegido por Fran Perea sea tan colorista y luminoso, una especie de traducción simultánea entre las percepciones del protagonista y el grueso de los espectadores para llegar a entender una mínima parte de cómo es el funcionamiento de su cabeza. El momento en el que escribe el artículo sobre el accidente que presencia, que le sume en un bucle de estímulos del que no sabe salir por si solo, es el momento clave para que todos entendamos el lugar donde se encuentra.

Vista la función, se plantean infinidad de preguntas que no desembocan en ninguna resolución amable: ¿Qué lugar ocupan las personas que entran dentro de la vida de este hombre? ¿Qué espacio, dentro de ese conglomerado imparable que es su memoria, está reservado para el sentimiento focalizado en un solo individuo? ¿Qué ve o siente al mirar a la otra persona? ¿Todos esos estímulos y recuerdos no cegarán su corazón, como una catarata al ojo, impidiéndole sentir la plenitud del amor? ¿Cómo sobrellevan algo semejante las personas que rodean a quien padece esta afección? Esas incógnitas que nos plantea Souvenir son un pantano insondable. Quizá la historia se me quede corta para cuanto podría abarcarse con este tema.

Ángel Velasco que da vida a Solomon Shereshevski, Esther Lara, que interpreta a Magda Shereshevski, junto a Steven Lance, que encarna al profesor Alexander Luria, son los tres estupendos actores que realizan el dibujo de un viaje complicado, repleto de saltos, cortes y repeticiones que los sitúan en unas vivencias por las que no se  puede juzgar a los personajes.

Souvenir plantea tantas cuestiones dentro de su luminosidad que deja un extraño regusto desasosegante, como si la amabilidad con la que está tratada la historia tan solo fuera una triste reverberación de un pequeño instante de felicidad que resume una desdicha.

Título: Souvenir Dirección: Fran Perea Texto: Pablo Díaz Morilla Elenco: Steven Lance, Ángel Velasco y Esther Lara Iluminación: Michael Collis Escenografía: Dita Segura y Juan Heras Vestuario: Tatiana de Sarabia Música original y espacio sonoro: Fran Perea Ayudante de dirección: Rocío Vidal Producción: Factoría Echegaray y Feelgood Teatro  Espacio: Teatros Luchana