A mi me pasa todo lo contrario que a otros que parece que les molesta cuando los clásicos mutan y se salen de su idea original. Creo, es una opinión como otra cualquiera, que esa idea primigenia debe tomársela como el germen de cuanto pueda llegar a suceder en cada acercamiento al texto y de ahí dejar brotar un nuevo tallo. Encorsetarse en lo “ya visto”, “ya hecho” o “ya contado” es un error, además de aburrido. Nunca se sabe si este nuevo acercamiento va a ser el acertado, pero de eso va esto, ¿no? De atreverse e intentar encontrar la belleza por el camino.

Algo así sucede con este “Otelo”. La compañía agarra el texto de Shakespeare y lo giran como si fuera un cubo de Rubik, rompiendo la homogeneidad de sus colores, mezclándolos para lograr nuevas combinaciones escondidas, aunque no sean perfectas, y de esa manera descifrar o intepretar entre sus líneas cuanto mensaje haya podido dejar su autor a los intrépidos que quieran seguir buceando entre sus capas. Volver a dejar el cubo como estaba no debería ser el objetivo final, si no entretenerse en descubrir sus infinitas formas.

Paco Montes hace su propia versión, una aproximación curiosa que aprovecha la historia del Moro de Venecia para trenzarla con cantos por los refugiados y contra la violencia de género. Una vez más comprobamos que en los clásicos habita mucho de nuestra actualidad. Este Otelo dirigido por el propio Paco Montes junto a Lucas Smint viene con ganas de jugársela en cada cuadro, coqueteando entre el concepto clásico del montaje y la performance, con vídeo proyecciones estupendas, momentos musicales desenfadados y mucho arrojo. Un espectáculo que comienza como una “rave“, te planta a Manu Chao mientras los protagonistas, casi personajes manga, vuelan haciendo formaciones como cazas militares, que coquetean con el “sado” o que muestran a Desdémona tomando el sol en la playa mientras conversa con Otelo que practica running, ya hacen que a mí me ganen por la curiosidad.

Es cierto que no todo son aciertos, que hay cosas resueltas con prisa y se me quedan con cierto regusto amateur. Estoy convencido que esas mismas ideas con un par de vueltas y un paso más en el atrevimiento -Al equipo se le intuye más que predispuesto- hubieran hecho volar a este “Otelo” mucho más alto. La prueba está en la frescura y  la originalidad que derrochan. Con eso y la forma que tienen de sorprendernos por las ocurrencias que se sacan de la chistera, las nuevas lecturas y la justicia poética con la que reinventan el destino de esta función, ya hacen que el viaje merezca la pena. Es divertido estar sentado esperando ver qué va a ser lo siguiente, que nueva idea surgirá o cómo resolverán el siguiente cuadro.

El elenco al completo se lanza de cabeza a defender esta propuesta, su entrega y convicción son contagiosas, algo primordial para que todos entremos y, aunque el resultado es algo irregular – Juegan y se les disfruta, pero a veces se les resbala el texto y se pierden enfatizando más de la cuenta-, no deja de ser un estupendo entretenimiento. Con permiso de la compañía, sin duda alguna el que se lleva la función de calle es Antonio Alcalde, es imposible apartar los ojos de su Yago. Es tan sumamente perverso que resulta irresistible. Maneja las energías como le da la gana, el tempo de la función lo controla él, respira las frases y sus réplicas, las paladea y se deja empapar de cuanto sucede en escena e incluso se da el gustazo de entretenerse en mirarnos uno a uno, convirtiéndonos irremediablemente en cómplices de sus manipulaciones y, según va sucediéndose la acción, él va creciendo y convirtiéndose en el astro alrededor del que todos giran. Algunos, como el imponente Iván Calderón, fantástica pareja junto a Yaldá Peñas, o María Herrero, saben dejarse calar y consiguen brillar a su lado, haciendo que la partitura suene empastada y apetecible.

Una oportunidad de conocer a una compañía arriesgada y con muy buenas ideas que llevar a escena.

FICHA:

Título: Otelo Versión: Paco Montes (Sobre el texto de W. Shakespeare) Dirección: Paco Montes y Lucas Smint Elenco: Iván Calderón, Yaldá Peñas, Antonio Alcalde, María Herrero, Iñaki Díez y Óscar Varela Escenografía: José Helguera Iluminación: Luz E.T. Audiovisual: Raquel Rodríguez Espacio Sonoro: Un, Dos, Probando Vestuario: Pablo Porcel Ayudante de Dirección: Teresa Gago Espacio: La Puerta Estrecha