orquesta-benidorm-din-a4Me gusta cuando las compañías se ponen el mundo por montera y deciden ofrecer lo que realmente sienten que es la esencia de sus tripas. Cuando van a por todas y se plantan frente al público para decirle: “Señoras y señores esto es lo que hay”. Así es como debería ser siempre y así es como se presenta la compañía Mea Vulva, Mea Máxima Vulva con su espectáculo “Orquesta Benidorm”, haciendo un estupendo trabajo de personalidad; sacando pecho y diciendo: Orquesta Benidorm es lo que a nosotros nos sale de los mismísimos que ustedes vean en este rato, luego ustedes ya dirán si mereció la pena, si coincidimos en gustos o si merecemos ser olvidados, pero ahora son nuestros…”.

“Orquesta Benidorm” es la historia de cómo Paulino Mesa, ganador del Festival de la canción de Benidorm del año 1975, condena a toda su estirpe a seguir sus pasos trabajando en una orquesta de verano de tres al cuarto; unos pasos marcados con el lodo del fracaso y sobrellevados a golpe de sonrisa con destello de desilusión. Un buen día Paulino desaparece, dejando a sus cuatro hijos, cada uno de una madre distinta, al frente de la Orquesta: Un agujero negro de cartón piedra y deudas. Cuatro juguetes rotos a los que les toca cargar con una mochila repleta de los pedazos de un sueño resquebrajado que no les pertenece y que les obligará a tomar las riendas de sus propias vidas.

Julio Vargas y Paco Mora han decidido caminar por el lado más esperpéntico para hablarnos de una historia de triste desesperanza, la de unos seres que andan perdidos en un mundo que no les quiere. Un mundo al que ellos se enfrentan mostrando una amplia sonrisa que maquilla su desencanto y su desgracia y que, sin embargo, nos parece terriblemente divertido. Tanto como cuando éramos niños y lo que nos hacía reir era ver el fracaso del payaso y su ridículo empeño por salir airoso de situaciones que le venían grandes, tanto como sus propios zapatos. Pues en “Orquesta Benidorm” sucede exactamente lo mismo.

Unos actores enormes, Marta Escurín, Isabel Arenal, Julio Vargas y Paco Mora, generosos y entregados, con un magnífico sentido de la comedia más burra, dan vida a unos personajes brillantes, entrañablemente repulsivos, que se mueven entre lo ridículo y lo grotesco, que sorprenden, que asquean, a los que se comprende en su desesperanza y que por eso mismo resultan adorables. Una función con un inicio absolutamente delicioso, brillante en sus momentos más casposos, pero que trastabilla peligrosamente en los momentos que exigen más peso dramático. El patetismo del número del ventrílocuo, las conexiones del pasado, el enfrentamiento entre hermanos y su posterior reencuentro emocional son momentos rotundos que hubieran sido redondos con una mirada externa, menos implicada en la escena y que aportara mayor visión de conjunto. La desilusión, el pasado que pesa tanto sobre el presente de sus personajes, está, pero falta perfilarlo para hacer de este espectáculo un bofetada que quizá pudiera resultar una genialidad.

“Orquesta Benidorm” es un bello planteamiento de carcajada y desilusión, con curiosas y agradecidas referencias de aroma lorquiano y “El Público”. De lenguaje cabaretero, a veces guiñolesco y otras melodramático, en el que no resulta difícil verse reflejado, y de clara moraleja: Hagamos lo que realmente nos divierta, al fin y al cabo, quizá la vida solo sea lo que nos está sucediendo en este instante.

Y bien, ¡eso mismo es lo que esta Compañía hace!