No son muchos los montajes que logran aguantar el tipo temporada tras temporada y menos si nos centramos en el circuito Off de la ciudad. Un circuito atragantado de multiprogramación y raquítico de público, que se busca, que intenta inventarse una vez tras otra, que remueve fórmulas y que sobrevive a bocanadas, pero que ahí sigue, ofreciendo destellos de creatividad -No siempre- y que se alimenta de sus propias ganas. En fin, no estoy descubriendo nada a nadie, todos sabemos cómo es la situación, pero aún somos unos cuantos los que le tenemos fe, para bien o para mal, y aunque lo veamos maltrecho, seguimos creyendo en él.

pedro-webUno de esos montajes que sobreviven y con una salud envidiable es “Pedro y el Capitán” de Mario Benedetti, producción de El Hangar que va a cumplir su tercera temporada en la cartelera del Off madrileño. Un montaje que ha logrado cierta visibilidad gracias al boca a boca, a un público fiel y a un buen puñado de críticas que lo han mantenido vivo, hasta el punto de dar el salto del Off de La Latina al Off del Teatro Lara, que cada vez apunta más a ser una especie de Ciudad de Oz para las compañías que viven en el lado más alternativo de la capital.

“Pedro y el Capitán” pertenece a esos textos que han alcanzado la universalidad y que por desgracia podríamos identificar con cualquier dictadura que se nos venga a la cabeza. Sus dos personajes, tan perfectamente perfilados, sufren una transformación que les hace enfrentarse a sus miedos y convicciones, que habla del sacrificio, de la libertad, de la traición y de la cobardía, y son un caramelo – A veces envenenado- para quien les da vida y un desafío actoral enorme. Sus largos parlamentos son una dura prueba interpretativa y de dirección. La crudeza del duelo al que se enfrentan con esta historia exige una entrega llena de generosidad para llegar a calar y estremecer con su mensaje.

Confieso que he tenido sentimientos encontrados con la propuesta de Blanca Vega y Tomás Sznaiderman. Creo que apuestan por un montaje sencillo, apoyado en el trabajo actoral y en la honestidad, pero por momentos se dejan tentar por el melodrama y se les va de las manos, edulcorando el estremecimiento y distanciándolo del espectador. Este texto tiene que arrugarte el corazón y eso no pasa. Sin embargo, he “disfrutado”, si es que se puede utilizar este término en este caso, con el trabajo de Antonio Aguilar y José Emilio Vera, por cómo se arriesgan, porque se entregan, por el esfuerzo de sacar adelante el texto íntegro de Benedetti, y enfrentarse a la complejidad de giros, expresiones y acentos que no son propios y darles verdad. Sí, es cierto que a veces el resultado no llega a ser del todo convincente, pero otras es realmente brillante. Es fantástico notar el entendimiento entre ellos, esas energías que fluyen en sintonía y ver cómo dan naturalidad al horror que late en sus acciones.

Aplaudo que se opte por la crudeza, que sea sucia, que los cuajarones de sangre pringuen, que salpiquen al público, que el dolor lata en nuestra retina y que, con el paso de los cuadros, lo suframos junto a Pedro, que se apodere de nosotros ese sentimiento de victoria amarga cuando su debilidad física se convierta en una especie de revelación, entre mística y redentora, y lo transforme inevitablemente en invencible ante los ojos de su verdugo. Un golpe maestro.

Me gusta que a pesar de la amargura y la aspereza  que se queda en la boca tras el oscuro final, “Pedro y el Capitán” sea un canto a la verdadera libertad.

FICHA:

Título: Pedro y El Capitán Autor: Mario Benedetti Dirección: Blanca Vega y Tomás Sznaiderman Elenco: Antonio Aguilar y José Emilio Vera Iluminación: Francisco Dávila Producción: El Hangar, Círculo Teatro Lugar: Teatro Lara