cartel-ucn-580x820Soy de la opinión de que los acontecimientos pasados no deben quedar únicamente en el recuerdo, como ya sabéis los que leísteis mi anterior crónica; pienso que hay que rescatarlos de la repisa donde los tenemos guardados y sacarles brillo para evitar que queden arrinconados con la llegada de nuevos acontecimientos. La memoria es frágil y enseguida se nos va la atención a otras cosas, por eso mismo es bueno que El Bucle Teatro haya recuperado “The Normal Heart” de Larry Kramer porque parece que en esta sociedad del 2.0 andamos sobrados de información, a salvo de los acontecimientos del pasado, de viejas plagas que ya solo son un mal recuerdo… ¡Cuánta afirmación falsa! La relajación mental es precisamente lo que fomenta que las sombras de lo que ayer fue, se fortalezcan en nuestro presente y hagan tambalear nuestro posible futuro.

“Un Corazón Normal” nos trae de nuevo a primera línea de la memoria el comienzo de los años en los que el SIDA disparó las alertas de una sociedad desconcertada que veía como una extraña epidemia devoraba sin compasión a todo un colectivo, el homosexual, ya de por si tremendamente denostado.

“The Normal Heart” es texto que pasó del teatro al cine para ahora volver de nuevo a las tablas y hablarnos del miedo, de la incertidumbre, el activismo, de la lucha desesperada contra ese mal que arrasaba y al que nadie prestaba suficiente atención por no ser considerado “un mal de todos”. Visto ahora, con la distancia, sigue resultando aterrador; esa indiferencia que nos genera lo que no nos afecta de manera directa. Es terrorífico comprobar cómo permanecemos impasibles, casi anestesiados ante el mal de los demás, siempre y cuando no nos afecte personalmente. Y aterrador resulta comprobar que, aun pasando los años, seguimos sin aprender, mostrándonos igual de anestesiados e impasibles ante el horror ajeno: Háblese del SIDA, de los refugiados, de las catástrofes naturales, del terrorismo más allá de nuestras fronteras xenófobas, es lo mismo.

Al comienzo comentaba lo necesario que ha sido que El Bucle Teatro haya recuperado este texto porque estamos olvidando algo que no hace casi ni 30 años que sucedió y que, por desgracia, estamos comenzando a olvidar para nuestro propio error. El SIDA es algo que sigue ahí, ya no como una pandemia, por suerte todo avanza y hemos podido controlarlo, pero está en nuestras manos y en las de las generaciones venideras, que ni les suena que aquello fuera una realidad, para que continúe siendo un peligro “controlado”. “Un Corazón Normal”, además de una historia de amor y amistad vivida en el límite, es también un toque de atención que viene bien tener presente y la necesidad del activismo ante la impasibilidad del mundo.

Reconozco que antes de ir a AZarte yo ya había visto la película y, aunque suelo hacer un ejercicio para no llevar exceso de precedentes en mi mochila de espectador, a veces se quedan restos que interfieren.

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Me encantó el comienzo, cuando el espectador se adentra en la sala y siente el ambiente de un Club Gay Neoyorkino de los años 80. Ese aire promiscuo, rezumando sexualidad, con la carnalidad del recibimiento, es un buen preámbulo que recibí con satisfacción. Una introducción estupenda que se mezcla con la mirada increpadora del protagonista hacia el patio de butacas para arrancarnos de ese paraíso hacia la cruda realidad de lo que sucede tras las luces de colores y la música estridente. Todo promete, pero ¡ay! enseguida el encanto se rompe al comprobar el abismo tan grande que separa a unos miembros del elenco de otros. El nivel actoral es exageradamente irregular, todos ponen ganas y energía para lograr dar un buen resultado, pero las diferencias entre unos y otros es notable.

El peso de la función recae en un resuelto César Oliver, quien se esfuerza por mantener la naturalidad en su interpretación. Un esfuerzo que como espectador se agradece aunque la intensidad del personaje es extenuante. Yo sé que son elecciones de dirección, pero muchas veces “menos es más” y sobretodo cuando al actor le separan unos pocos metros del espectador. Un momento  de sosiego le vendría muy bien para que lográsemos terminar de empatizar.

Hay evoluciones muy interesantes que hay que destacar junto a la labor de Oliver como, por ejemplo, la de Juan Silvestre que va creciendo a lo largo de la función hasta ese último intervención de su personaje, o personajes que de tan estereotipados resultan reales y acaban por conquistarte, como el de David Simón. Supongo que por eso mismo estos dos personajes han acabado teniendo su particular Spin-Off teatral.

Jesús Amate intenta dirigir una función coral que tiene picos interesantes, pero endeble en su puesta en escena. Hay cierta falta de imaginación a la hora de suplir carencias en la producción y es un pena porque el texto tiene ingredientes y solidez suficiente para atrapar, e ideas como la de ese comienzo, tan dinámico y fluido, que son un acierto, un gran camino por el que evolucionar, pero que acaban por no aprovecharse y la función no encuentra suficientes apoyos para sostenerse, dejando sensación de “ya visto”. Al final uno sale sabiendo y apreciando a una compañía esforzada por sacar adelante su propuesta, pero si lo que se valora está en el circuito comercial, por muy off que sea, no es suficiente.

 FICHA:

Título: Un Corazón Normal Autor: Larry Kramer Dirección: Jesús Amate Elenco: César Oliver, Amaya Halcón, Diego Santo Tomás, Pelayo Rocal, Juan Silvestre, David Simón, Igor Estévez, José Guélez y Toño Balach Iluminación y Sonido: Matyssa Pérez Producción: El Bucle Teatro Lugar: Sala AZarte