No es sencillo arriesgarse. Da miedo sacar los pies del tiesto y abandonar la zona de confort para explorar nuevos caminos, pero es que lo interesante está ahí ¡Lo demás ya está más que trillado!

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Foto Helena de Llanos

Nadie repara en quien se pierde entre la multitud, anónimo y camuflado, vistiendo y asintiendo igual que el resto. Por supuesto que los batacazos son más sonados y el estruendo de una lágrima que cae fuera de ese círculo de seguridad, que nos mantiene engañosamente reconfortados, llama tanto la atención que hace que todos se giren para ser testigos y asientan con un arqueo de ceja: “Si ya sabía yo…”

Esta ida de cabeza tan grande que me marco como reflexión de comienzo de crónica refleja tanto el sentido de la existencia que me transmite la compañía Almaviva Teatro como su apuesta por su último montaje “Worksoap – Copia de una copia”. Una compañía que gusta de la intensidad y que pelea por diferenciarse y jugar con las capas que envuelven todo para finalmente quedarse con la mínima expresión y convertirlo en la clave de su filosofía de trabajo.

Foto Helena de Llanos

A César Barló, capitán de esta embarcación, no le va eso de ir por aguas tranquilas para llegar a un puerto donde brindar con su tripulación, a él lo que le va es lanzarse al ojo del huracán, al centro de la tormenta, y desde allí liarse a carcajadas, abrazado a esos otros locos que se han enrolado en su aventura y gozar del viaje sin saber si el final del camino está en ese puerto donde emborracharse o en el fondo del mar, ¡qué mas da!. Quizá los que miramos desde fuera quedemos un tanto estupefactos, sin saber si aplaudirles ansiosos por unirnos a esa locura o marcharnos reflexivos a casa, pero lo que no se le puede negar que los convencionalismos le sobran y se los sacude de encima a golpe de teatro de resistencia.

Él no cree en que lo que se “es” en el comienzo, sea lo que deba quedar; a él lo que realmente le excita es contemplar la evolución del embrión, dejarle solo en medio de la escena aprendiendo a respirar y que, aunque a veces parezca que le falte el aliento y no se vaya a recuperar, permitirle que se desarrolle mientras suda sangre si hace falta, para que al fin logre ponerse a caminar.

Esta vez la apuesta vuelve a ser de esas de fuerza bruta, inspirándose en “El Club de la Lucha”, tanto en el texto de Chuck Palahniuk como en la película de David Fincher, a la que acude en varias ocasiones a lo largo de la función, poniendo en pie una propuesta que habla de la identidad del individuo frente a la aplastante despersonalización de la masa; del desdoblamiento de cada uno de nosotros, de la ruptura con lo establecido, del enfrentamiento con nuestro yo más primario, ese que vive en lo más hondo de nosotros y que intentamos retener, tratando de ignorarlo y ver si así impedimos que respire el aire que respiramos nosotros, sabiendo que en el momento que lo haga no querrá volver a las profundidades de donde salió.

Olvidaos de las peleas y la violencia explícita de su predecesor cinematográfico, aquí no tienen lugar, aunque confieso que un poquito más de explicitud hubiera sido una bocanada de aire fresco que le hubiera sentado de maravilla. La dramaturgia de César Barló se basa en el personaje principal, en su dualidad, apoyándose en ese hombre que convive confundiendo los mundos interior y exterior, que se destruye para reconstruirse en aquello que ya era y que no sabía, revelándose contra si mismo y contra un sistema que le fuerza a aceptar ser parte de la sumisión “borreguil” de la masa global.

Foto Helena de Llanos

Un experimento vivo que crece y evoluciona a golpe de función, soportado por dos actores entregados al sobreesfuerzo exigido por la dirección y que lo transforman de manera sobresaliente en un ejercicio fascinante en ocasiones y desquiciado en otras. José Gonçalo Pais y Sergio Torres son dos torrentes de energía desbocada, que juegan a intercambiarse roles, a introducirse en la piel del otro, a robarse el aliento y cargar contra la dificultad que atañe el hacer accesible un propuesta que quizá da por sabidos ciertos pasajes claves y que, en algún momento, se para en exceso en otros que pecan de irrelevantes, pero que ha sabido extraer la esencia de una historia que resulta extrañamente fascinante y ciertamente perturbadora. Con momentos en los que el trabajo actoral es casi un extraño intercambio de almas.

Una puesta en escena que juega con la performance, la pantomima y el laboratorio actoral, que arriesga sin prejuicios, que rezuma mucho sentido del humor y es menos tremendista de lo que aparenta, aunque quizá en algunos momentos se guste en exceso y olvide que la están mirando.

Almaviva Teatro destila personalidad y afianza su identidad con este montaje, ¡por eso nos gusta!

Título: Worksoap – Copia de una copia. Dramaturgia: César Barló (A partir de El Club de la Lucha de Chuck Pahniuk) Elenco: José Gonçalo Pais y Sergio Torres. Espacio y Vestuario: Rosa M. Sánchez. Dirección: César Barló. Lugar: La Puerta Estrecha.