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Foto Manolo Pavón

Hace unos días tuvimos la suerte de poder asistir al pre-estreno de “Los Amores Diversos” última creación sobre las tablas de Fernando J. López. Y una vez más sentimos el orgullo y la fortuna de poder compartir época con un ramillete de dramaturgos como el que nos ha tocado en suerte, autores que aman el eclecticismo a la hora de mostrar, que se arriesgan y exploran posibilidades a la hora de contar sus historias; escritores que aceptan el desafío de los géneros dramáticos y disfrutan sorprendiéndonos a cada nueva creación. Uno de esos casos es Fernando J. López que en cada nuevo texto que nos brinda opta por plasmar una visión diferente a la que ya nos tenía acostumbrados.

“Los Amores Diversos” nos presenta a Ariadna, quien acude al despacho de su padre, que acaba de fallecer, en busca de unos versos que poder leer en su memoria. Al penetrar en ese microuniverso, su vida y la de su familia se desvelan con la crudeza de una realidad que ha latido maquillada con secretos y agazapada entre silencios forzosamente cómplices. “Los Amores Diversos” es una incursión en lo más hondo del sentir personal y familiar, que rompe con las penumbras interiores y abre las ventanas al creer en uno mismo y llegar a ser quienes siempre hemos querido ser. Nos habla de la pluralidad en el amor, de sus infinitos significados. Un canto a la libertad que no siempre es amable, que posee su lado descarnado y que su autor lo ha salpimentado con un bello homenaje a la literatura.

Una función que nos hace pensar en nosotros mismos, en nuestro sentir personal, en las cadenas que son determinantes en nuestro desarrollo personal y cuán lejos o cerca nos sitúan de nuestras metas. Nos habla del amor, de la visión que cada uno tiene sobre este sentimiento, de esa diversidad que da título a la función y que refleja sus múltiples existencias: Desde el engaño, el egoísmo, el secreto, la sexualidad, la pureza, el arte… El amor flota en el aire, pero no siempre huele a rosas… pero “Los Amores Diversos” no nos habla desde el despecho o el desencanto, todo lo contrario, nos habla desde la esperanza y la libertad de poder elegir, de la cantidad de caminos que se nos abren a cada nueva forma de amor que nos encontramos en nuestras vidas, de sus múltiples mutaciones.

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Foto Manolo Pavón

El montaje cuenta con un equipo que es ya habitual entre las obras de este autor. Ahí está Quino Falero que asume la dirección, aceptando el reto con este cambio de registro, y Rocío Vidal que abandona las sombras de las ayudantías, para ponerse sobre el escenario y dar vida a esta Ariadna que se rebela ante el mundo y ante si misma. Un trabajo tremendamente arriesgado con el que Rocío despliega su personalidad como actriz y que nos va a dar grandes momentos. Una apuesta cargada de sentimiento y belleza.

Una puesta en escena de Mónica Boromello que transmite esa energía latente que aguardan entre sus páginas, repletas de secretos, los libros que esperan a ser leídos, que junto a un espacio sonoro, de nuevo Mariano Marín dando en el clavo, dan forma y personalidad al cuerpo de “Los Amores Diversos”.

Es una propuesta arriesgada que acaba de nacer y aún titubea, que ya tiene destellos de íntima belleza. Es cierto que no se pueden emitir juicios prematuros, estamos ante un preestreno donde todo puede variar y hay que mirarlo con amor y muchísimo respeto, como merece el esfuerzo que conlleva toda creación para que crezca con salud, aunque creo que el montaje aún está algo tímido, quizá temeroso en mostrarse tal cual es. Me explico: Cuando estamos en soledad nos olvidamos de quién somos ante el resto y podemos dar rienda suelta a quienes realmente somos, y a Ariadna en el texto le pasa exactamente esto, olvida las ceremonias y deja la contención a un lado para de una vez “Cantar las cuarenta” a su padre, dando paso a la rabia, con una finísima ironía, y desvelando el enfado que ha generado en su interior tanto secreto; sin olvidar la poética ni los juegos de palabras en las conversaciones con su padre ausente, todo lo contrario: potenciándolos; pero desde un lugar en el que los velos, por fin, se descorren y muestran aquello que, hasta ese momento, había sido imposible arrancar del interior de Ariadna. Y en la función esto está poco enfatizado, haciendo que ese hartazgo, la revolución interna que explota y hace que encuentre la luz al final de este laberinto, queden tímidos. Como si a la dirección le diera miedo dejar que el personaje se rompiera y mostrara su verdadero dolor, cuando a nosotros lo que nos pide el cuerpo es eso, dejar de mirar la belleza de la composición y “ver” lo que realmente sucede en ese despacho, lo que se revuelve dentro de ella y que seamos arrasados por la revelación junto a ella. Esta función pide a gritos que el dolor de Ariadna nos duela tanto como a ella.

El texto es contundente y está lleno de rabia y deliciosa poesía, vibra en cada una de sus líneas; y esto no es fácil transformarlo en carne y alma sobre la escena, pero estoy convencido que cuando la función comience a caminar y los miedos se disipen, lo van a lograr, haciendo de ello una delicatesen que se paladee con gusto.

“Los Amores Diversos” es más que estimulante salto hacia un plano más allá en la obra de Fernando J. López que nos lo descubre renovado y maduro.

Siempre es un privilegio poder asistir al momento en el que un texto abandona el regazo de su autor para entregársenos a nosotros, al público.

FICHA:

Título: Los Amores Diversos Autor: Fernando J. López Elenco: Rocío Vidal Escenografía y Vestuario: Mónica Boromello Espacio Sonoro: Mariano Marín Dirección: Quino Falero Lugar: Teatro Lara