“You must remember this/A kiss is still a kiss/A sigh is just a sigh/The fundamental things apply/As time goes by”

Resuena en el silencio de un mundo que ha dejado de ser. Los pocos seres humanos que quedan buscan la esencia de sus vidas como único asidero a la cordura. El vértigo de los primeros besos, la necesidad de amar y sentirse amado, diferencias aparte, o echar un vistazo más allá de nosotros antes de entregarnos desesperadamente al vacío. Así es como se nos presenta “Como Si No Hubiera Un Mañana – Historias de Amor en el Fin del Mundo” un espectáculo conformado por tres historias distintas, escritas por tres autores diferentes, Fran Secunza, Pablo Vara y José Padilla, dirigidos por Andrés Dwyer en las que el nexo de unión son el amor y el fin del mundo tal y como lo conocemos.Como-si-no-hubiera-un-mañana

Tres historias independientes, con personajes propios y tres estilos bien diferenciados que nos hablan de lo mismo. El Amor.

Sé que no debería, y lucho por evitarlo, pero muchas veces me dejo llevar por los prejuicios: “¿Una historia de amor?” “No, gracias, no quiero una función A lo Sandra Bullock“… ¡Error! Qué manía tengo de prejuzgar sin saber… y pensar que he estado a punto de perdérmela…

Uno entra en esta función con suavidad, a través de sus personajes, de las palabras. Los actores juegan con cuatro elementos y no les hace falta más -No hay a penas escenografía y la iluminación escasea, pero ¿qué queréis? ¡Si el mundo ha sido destruido!- Su buena ejecución y nuestra mirada hacen el resto, pero no la mirada de los ojos con la que vemos humo, focos y cuatro escaleras tiradas en el suelo, si no esa otra mirada, más íntima, la interior, la que normalmente nos da pudor, esa es la que es seducida por “Como Si No Hubiera Un Mañana”.

Con qué sencillez nos hacen entrar en el juego, hablándonos de nuestras primeras veces, de sensaciones compartidas, haciéndonos ser conscientes de que muchas veces hablamos por no callar, que es más fácil quejarse ante la adversidad que saber apreciar lo bueno que se esconde tras ella, o aprender a mirar más allá de nosotros y sonreír, y amar… sobretodo amar. Escuchas a los personajes que desfilan por la función, que se muestran y piensas: “Es que yo también soy un poco así” Y una sonrisa se dibuja en tu cara, dejándote llevar agarrado de su mano.

Precioso trabajo el de Juan Blanco, Joe Manjón y Sara Martínez. No hay aspavientos, postureos, ni artificiosidades que ensucien. Ellos son sus historias, quienes hacen que nos enamorarnos de los habitantes de cada una de ellas, ellos y sus autores, que desde diferentes estilos, los ponen a prueba, tensando la cuerda y llevándoles a situaciones límite, para romper complejos y mostrar la materia de la que realmente están hechos. Da igual si es desde un cobertizo, escondidos de la amenaza externa, que conversando con un desconocido y su revólver, o encaramados en lo alto de los restos de la Torre Eiffel, el sentimiento es compartido.

Me entusiasma encontrar montajes aparentemente pequeños escondidos entre la maraña teatral en la que nos vemos inmersos. Pequeñas joyas en forma de producciones modestas que sorprenden y dejan tan buen sabor de boca como esta.

Título: Como Si No Hubiera Un Mañana (Historias de amor en el fin del mundo) Autor: Fran Secunza, Pablo Vara y José Padilla Lugar: Nave 73 Elenco: Juan Blanco, Joe Manjón y Sara Martínez Producción: Paraninfo58 Dirección: Andrés Dwyer