Sergio, preadolescente de “casi” 9 años, ha dicho “Puta” en el colegio y este hecho aparentemente insignificante es el detonante para que Ignacio y Sandra se den cuenta que, aunque separados, van a tener que seguir compartiendo momentos de sus vidas por mucho que esto les incomode. Tener un hijo viviendo en primera línea una crisis matrimonial no es moco de pavo, algo que lleva a estos padres a analizar el lugar en el que se han posicionado, incluso encabezonado, para sobrellevar lo mejor que pueden este “trago“. Y esto solo es el comienzo de “De Mutuo Desacuerdo”.demutuodesacuerdo-cartel-770x1089

El teatro de Fernando J. López tiene la cualidad de abrirnos las ventanas de la cotidianidad para que miremos a través de ellas con la expectación de lo extraordinario. Por eso, cuando nos habla de los problemas familiares como lo hace en “De Mutuo Desacuerdo”, o como ya lo hizo en “Cuando Fuímos Dos”, nos sentimos tremendamente identificados. Él habla sin filtros sobre el tema que más nos interesa y que a la vez más nos incomoda, nosotros mismos; y lo escuchamos morbosos y temerosos por cuanto pueda conocer desde esa exposición a la que nos sometemos ante el ojo ajeno y que uno internamente pocas veces se mira.

“De Mutuo Desacuerdo” denuncia las relaciones basadas en el reproche, el difícil equilibrio entre la persona y el progenitor, la mala costumbre de culpar de nuestros defectos a los demás, la invisibilidad a la que quedan relegados los hijos cuando las parejas se destruyen, o lo que es peor, cuando se convierten, ante el ciego egoísmo, en armas arrojadizas de las encarnizadas guerras de pareja.

El ritmo de la función, la agilidad de las réplicas, las referencias que lleva escondidas a modo de juego o la sencillez del diálogo, hacen de esta propuesta  un caldo apto para todos los públicos, para aquellos que buscan un humor blanco donde reírse de situaciones claramente identificables sin rascar demasiado y para aquellos que saben que este autor no da puntada sin hilo y que tras la blancura con la que puede estar maquillada la situación, se encuentra un lienzo ocurrente y ciertamente mordaz donde Fernando pinta con tonos de comedia el costumbrismo pasado de rosca.

La historia no deja de ser terriblemente dura. A estas alturas quien más o quien menos ha vivido una situación similar en sus propias carnes o en las de alguien cercano, y sabe que no es plato que se digiera con facilidad el momento que toca vivir a Sandra e Ignacio y mucho menos a Sergio, el hijo de ambos, tan presente y tan significativamente invisible. Sin embargo el infalible Quino Falero, no hay director que pueda entender mejor el universo de este autor, hace que la carcajada eclipse la problemática, sabemos que está ahí, pero la coloca bajo un prisma de amabilidad y cierta caricatura, endulzándola de tal manera que cuando esa risa pasa, se descubre ante nosotros todo el incómodo trasfondo, por lo cercano, que realmente se nos plantea.

Por supuesto, mucho tienen que ver en el resultado final esos dos pilares en los que se apoya la función, Toni Acosta e Iñaki Miramón, que se entienden y se complementan en escena de tal manera que aunque todo parece que puede venirse abajo, por el grado de desquiciamiento que toma el tono de la función en algunos momentos, no hay nada que quede en manos de la improvisación. Son divertidos, ocurrentes, tienen chispa y se ganan al público según se hace la luz en escena. Son dos animales escénicos que se alimentan de comedia, una garantía de éxito para la producción. Es mucho tiempo el que han trabajado juntos y eso se nota.

Quizá me faltó un puntito más de cercanía en las formas de estos dos personajes para lograr una empatía plena, aunque no sé si ciertamente esto es algo repochable pues puede que esa deshumanización en forma de “cartoon” enloquecido que adoptan en ciertos momentos, sea la manera en la que nos ven los demás a través de sus ojos.

La sal de la comedia echada en ciertas heridas hace que todo escueza un poco más y esto Fernando J. López y Quino Falero lo saben y en “De Mutuo Desacuerdo” lo ponen en práctica con mucho acierto. Una comedia social muy disfrutable, con un mensaje contundente, que golpea conciencias a base de carcajadas, y que recomendaría que vieran más de uno y más de dos.

Título: De Mutuo Desacuerdo Autor: Fernando J. López Lugar: Teatro Bellas Artes Elenco: Toni Acosta y Iñaki Miramón Iluminación: José Manuel Guerra Escenografía y Vestuario: Mónica Boromello Música: Mariano Marín Dirección: Quino Falero