Un joven ha fallecido, y como es tradición en los pueblos, todo el mundo se reúne para velar el cuerpo. Cada cual por sus motivos: Respeto, pésame, amistad, interés, curiosidad, hambre… Entre toda esta gente se encuentran los tres mejores amigos del chico, atrincherados en una habitación contigua a donde se encuentra su amigo de cuerpo presente. Hugo, que se marchó del pueblo hace tiempo, necesita tomarse un momento antes de enfrentarse a la situación. Un reencuentro que escuece.

Esta es la premisa desde la que parte “Un Hueco”, función escrita por los argentinos Patricio Aramburu, Nahuel Cano, Alejandro Hener y Juan Pablo Gómez como creación colectiva para montar un espectáculo en espacios no convencionales, que ha cosechado un gran éxito de crítica y público en Argentina, y que la Compañía La Mirilla ha adaptado para el público español. Una adaptación de regusto amargo, acertadamente localista, con un contrapunto de humor agridulce y momentos delirantes que nos enganchan, aunque quizá la resolución de la trama nos deje con sensación de faena no rematada al quedar inconclusos algunos aspectos presentados durante la función. Optimized-Señoras_A3

La dirección por parte de Pablo Osuna logra que la aparente nimiedad de los acontecimientos nos interesen gracias a un ritmo in crescendo que nos despierta curiosidad, junto al complejo, por la naturalidad que exige, trabajo de los tres actores, José Gómez, Jesús Gago y Alejandro de Santos, que nos lo encontramos lleno de pequeños matices y una cuidada evolución, que con el paso de las funciones estoy seguro tomará el peso que requiere -Ya sabemos la dificultad que conlleva la proximidad con el público-, junto a una camaradería que convence y traspasa, y el aprovechamiento de cada rincón del espacio donde transcurre la función (En este caso la escuela de pintura Laocoonte), impregnando al espectador de esa atmósfera particular desde el mismo instante en el que el compra su entrada.

Siento cierta fascinación por esas historias en las que aparentemente no sucede nada, donde uno se asoma a un instante de la vida de los personajes, pero no uno en el que los acontecimientos sean extraordinarios, si no esos instantes que son consecuencia de los acontecimientos vividos, y eso es lo que “Un Hueco” retrata, y a lo que nosotros asistimos como testigos invisibles: El instante en el que los tres amigos intentan digerir cuanto les ha sucedido, asumiéndolo y compartiéndolo, a pesar de sus diferencias. Ese momento en el que los amigos bajan los escudos sociales y se muestran tal cual son, sabiéndose en la intimidad, mostrando que bajo esas actitudes rudas, masculinas, seguras, en realidad se encuentran aturdidos, temerosos, perdidos, ahogados… Como realmente somos.

Una puesta en escena  diferente y compleja que nada en los terrenos de lo personal y que nos descubre una apuesta actoral digna de ser vista.

Título: Un Hueco Autor: Patricio Aramburu, Nahuel Cano, Alejandro Hener y Juan Pablo Gómez (Adaptación de Cía. La Mirilla) Director: Pablo Osuna Elenco: Jesús Gago, José Gómez y Alejandro de Santos Vestuario: Mar Corral García Ayudante de Dirección: Rodrigo Adrados Lugar: Escuela Laocoonte