Título:

Delicia

Autor:
Triana Lorite

Lugar:
La Casa de la Portera

Elenco:
Juana Andueza
Juana Cordero
María Reyes
David Bueno
Lucía Carballo

Vestuario:
Sara Gómez de la Morena
Sampedro Accesories

Ayte. Dirección:
Karmen Garay

Dirección:
Alberto Velasco


Como un acto de espiritismo, bueno en este caso es más un exorcismo, entramos de nuevo en La Casa de la Portera para invocar una de esas historias a las que nos tienen acostumbrados, mezcla de locura, surrealismo, rollete cultureta, brillos de actualidad y mucho petardeo. Y es que muchas veces es mejor tomarse a guasa la realidad y colárnosla desde el lado del esperpento.
“Delicia” escrita por Triana Lorite y dirigida por el polifacético Alberto Velasco, es una historia rocambolesca en la que Delicia, la vieja portera que da título a la función, se enfrenta a los fantasmas de su truculento pasado y a un terrible presente al que no puede hacer frente. Un golpazo de realidad y a su vez metáfora de la misma, que encuentra en el microcosmos de esta señora politoxicómana un paralelismo con el conflicto palestino-israelí… sí, así, ¡tal como os lo cuento!
Una historia llena de mala hostia, con muy malas pulgas y mucho sentido del humor.
Un montaje divertido, bien ambientado, con momentos absolutamente delirantes, poseedor de una acidez que me hizo soltar más de una carcajada, en el que se notan las ganas de desmelenarse de Alberto Velasco creando esa atmósfera tan enfermiza, de regusto rancio que le sienta como un guante, y unas situaciones que piden ser totalmente excesivas y disparatadas, pero que se quedan a medio gas, quizá por la precipitación en su resolución o el innecesario regodeo en ciertos momentos que ralentizan el ritmo de la locura de esta Delicia.
La historia tenía todas las papeletas para haberse convertido en todo un cañonazo, si hubiera habido algo más de equilibrio en las interpretaciones y la historia se hubiera centrado más en el rollo a lo “Bitelchús” y la crudeza de la realidad de esta mujer y menos en los paralelismos; tiene ideas chispeantes, momentos delirantes y un sinfín de posibilidades en sus personajes… Juana Cordero está divertida, entregada, juega y se le nota, y por eso mismo nos gana, de María Reyes me gustó ver como destila tanta mala baba y provoca con tan pocos minutos en escena tanto desagrado; o incluso David Bueno que, a parte de la belleza de su voz, tiene el momento más descolocante de toda la función, cuando nos desvela su verdadera identidad dando pistoletazo de salida al absurdamente divertido “todo vale”, pero si hablamos de Juana Andueza, tristemente la cosa cambia, creo que le queda grande la locura y la irreverencia de Delicia y es una lástima porque por fisicidad daba perfectamente para hacer un personaje chisporroteante, no sé si ha sido falta de ensayo o que la bomba que se traía entre manos le ha explotado en la cara… pero la cosa no cuaja, mismo problema que tiene Lucía Caraballo, que a pesar de la mordacidad que entrega a su interpretación, la cercanía de La Casa de la Portera no juega a su favor.
Un montaje lleno de oscurísimo sentido del humor al que el cuerpo le pide fiesta, pero fiesta de la macabra y de lo más desvergonzada, al más puro estilo, me paso de nuevo al cine, del Álex de la Iglesia de “La Comunidad” o “Balada Triste de Trompeta” y que se queda, muy a mi pesar, a las puertas…