Título:
Smiley

Autor:
Guillem Clua

Lugar:
Teatro Lara

Elenco:
Ramón Pujol
Aitor Merino

Escenografía:
Guillermo García-Hoz

Iluminación:
Daniel Navarro

Sonido:
Andrés Belmonte

Producción:
Nicolás Belmonte

Dirección:
Guillem Clua

Comenzamos la temporada y lo hacemos estrenando la nueva sala del Off del Teatro Lara; una sala que mejora lo que era el antiguo escenario-off, el Hall del Lara. Ahora con eso de descender a los bajos del teatro, hay un rollo clandestino que me gusta y que deja atrás ese aire improvisado que hacía tan difícil la vida de algunos montajes… Dejaremos que ande un poco más antes de juzgarla, aunque alguna fila tiene pinta de no dejar ver más allá de la coronilla del espectador de delante y las sillas siguen siendo matadoras pasada la primera hora de espectáculo…
 
Yo me he estrenado en esta sala con un montaje que llevaba tiempo esperando que viniera a Madrid, y al que le he seguido la pista con mucha curiosidad e interés en su imparable evolución por los teatros de Barcelona. Smiley es un texto escrito y dirigido por Guillem Clua que desde ya os digo viene para reventar la cartelera madrileña. Un texto divertido, incisivo, que da palos para todos lados, pero sabiendo donde apunta y cargado de ternura; un texto lleno de referencias y que resulta un regalo interpretativo para cualquier actor que se entregue a su juego. Tiene una enorme sensibilidad y una verdad que nos gana a todos.
 
De Guillem Clua conocía “Invasión”, trepidante e inteligente texto que puso en escena la temporada pasada La Joven Compañía, y su colaboración en la bellísima “Cenizas”. ¿Qué tienen que ver unos textos con otros? Pues simple y llanamente la genialidad de su autor, que sabe sorprendernos saltando de género en cada uno de ellos y con sobresaliente resultado. Ahora que ya son tres textos los que conozco, me apetece conocer todo su teatro y seguir sorprendiéndome con lo que quiera contarme.
Centrándome en Smiley”, como ya dije en twitter cuando salí de ver la función, ha conseguido que me reconcilie con las comedias románticas, un género que siempre me ha producido urticaria y del que he renegado con insistencia, pero del que ahora ya no sé qué decir… ¿Qué sucedería si Cary Grant intentara seducir a James Stewart en vez de a Katherine Hepburn? Pues eso hay en “Smiley”, ese regusto a comedia clásica escondida tras esa apariencia moderna, gay, “hipstérica” y “vigoréxica” que se marcan.
La historia de Bruno y Álex es sencilla, una confusión lleva a que dos extraños, aparentemente opuestos, entren en contacto y un compendio de malos entendidos provoquen que surja el ¿Amor?
Con esa premisa parten, una historia repleta de pedacitos de cada uno de nosotros, más allá de nuestra orientación sexual. Su acidez, su humor, su sensibilidad, su mala hostia, es algo intrínseco en el ser humano y así está plasmado en esta función. Es inevitable salir del Lara pensando que las reacciones de estos personajes son las mismas que hubiéramos tenido cualquiera de nosotros.
¡Qué bien ver una comedia que te deje esa sensación de plenitud! De haber pasado un rato divertido sin trucos bobalicones que fuercen la risa, que no traten al espectador como si le faltara un hervor, que haya referencias para todos, que rezume inteligencia y que a la vez sea tan ligera y refrescante.
Ya os digo que esta función ha venido para quedarse por mucho tiempo entre nosotros.
Y qué decir de sus dos actores, Ramón Pujoly Aitor Merino. ¡Están espléndidos!
¡Lo que hace Ramón con su monólogo inicial es magistral! Sí, sí, lo es… Si no, ¿cómo es posible que las manos se te vayan solas para aplaudir histéricamente lo que hace en esos primeros minutos de función? La sitúa a un nivel altísimo, tanto que asusta que esté tan arriba, porque uno no puede evitar pensar que de ahí solo queda la bajada… ¡bobadas! Guillem, Ramón y Aitor la mantienen allí con naturalidad, manejando los tiempos, las sorpresas, y las emociones hasta el último minuto.
Aitor Merino es una bestia parda, maravilloso descubrir esa comodidad y comicidad tan chispeante y vertiginosa con la que trabaja. Se marca un auténtico Tour de Force que no afloja en la hora y media que dura la función. No digo más, comprobadlo por vosotros mismos y rendíos a sus pies porque os va a sorprender el desparrame que se marca en escena.
Lo mismo sucede con Ramón Pujol, lo que hace en “Smiley” provoca que quieras más y más… ¡y mucho más! Salta de la seducción a la rudeza, de la soberbia a la ternura, de la torpeza a la galantería y todo ello en un pestañeo; las intenciones, tanto en la palabra como en la expresión, son absolutamente precisas y dibujan con exactitud lo que quiere contarnos. Su trabajo es de esos que fluyen con tal sencillez que no eres consciente que te ha atrapado hasta que tú mismo sientes que se te ha quedado cara de tonto de tanto como estás disfrutando.
En definitiva, es una gozada ver cómo, cuadro tras cuadro, transmiten tanta complicidad y ganas de jugar; ver cómo se siguen, se complementan, se completan… ¡No puedo dejar de lanzarles halagos! Y si no fuera por la incomodidad de las sillas del Off, no me hubiera importado que aquello se alargara un rato más.
La función acaba y sales con la sensación de que tú también vives tu propia comedia romántica y eso, aunque me cueste admitirlo, me encanta.