Título:
Ascensión y Caída de Mónica Seles

Autor:
Antonio Rojano

Lugar:
La Casa de la Portera

Elenco:
Rocío Marín 
Nerea Moreno

Espacio Sonoro:
David García

Dirección:
Víctor Velasco

Al entrar en La Casa de la Portera, como suele ser habitual, nos encontramos en un lugar que a pesar de sernos tan familiar, vuelve a darnos la sensación de un espacio en el que nunca habíamos estado. Esta vez se convierte en un espacio donde las luces ocultan lo que las sombras nos cuentan; así es “Ascensión y Caída de Mónica Seles”, el nuevo montaje que podemos ver los lunes en La Casa de la Portera. Un texto escrito por Antonio Rojano y dirigido por Víctor Velasco.
De nuevo se da un giro de tuerca a sus habitaciones, trasladándonos a un particular limbo donde habitan unos personajes que aguardan el momento de saltar a primera línea y ejecutar su juego. Una historia contada a golpe de set que nos hace cambiar de campo para ver una historia que nos mueve a través del tiempo, de un presente desconcertante a un pasado embaucador, y que nos convierte en insectos ante trampas de luces cálidas y brillantes, donde creemos haber encontrado nuestra panacea personal y que no son más que nuestra perdición, de la que es tan complicado huir.
El tenis, las peluquerías clandestinas de extrarradio, las pijas que ansían ser Blancanieves cuando en realidad son meras brujas caprichosas, las víctimas incautas que se dejan hipnotizar por palabras huecas acompañadas de coletillas pegajosas como “cariño“, “querida” “amor“, “niña“… Los fantasmas dolidos que claman venganza o la crisis económica… todo ello se nos junta en esta historia que contiene un cóctel de interesantes ingredientes que al ser agitados quizá se entremezclan en exceso haciendo que nos cueste saborearlos.

Nerea Moreno y Rocío Marín ejecutan un atrevido trabajo, muy medido y sujeto a la original, por momentos, puesta en escena.
Ambas actrices están plenamente al servicio de la historia y pelean por llevar a buen término la función con unas interpretaciones entregadas que, a veces, revolotean zigzagueantes ante el exceso generalizado, y no del todo canalizado, de la dirección. Hay situaciones, información, ideas a las que dar cuerpo, simbolismos, simbologías que dan la sensación de encontrarnos ante una sobresaturación de asuntos que tratar.
Entre ellas se generan curiosas situaciones, dibujos que dan un muy acertado tono a la historia. La ricachona racista arrodillada ante un barreño, o ese botellón improvisado de anís y polvorones, situaciones envenedamente castizas, casi casposas y algo “almodovarianas” que hablan por si solas, pero que se acaban por diluir en un final de trazo confuso e indefinido. Es como si la traca, en vez de reservarse para el final, hubiera estallado en el comienzo.
Me gustan las historias de intereses creados que guardan giros, las historias que nos esconden sorpresas en cada recodo por el que nos hace pasar; las mezclas de géneros, poder pasar de la comedia al suspense, del drama al terror y regresar a todos ellos, me gustan los diálogos ocurrentes, escritos con gracia, que compliquen la trama, y Antonio Rojano nos ofrece todo esto en “Ascensión y Caída de Mónica Seles”, pero creo que va perdiendo sabor según se va resolviendo el puzle.
La función tiene un comienzo interesante, que atrapa en su misterioso propósito, pero que hacia la mitad da la sensación de estar sobrevolándola por encima sin que deje que nos posemos sobre ningún aspecto concreto y dejando la sensación de algo ya visto.
Es complicado aunar en un mismo camino la justificación del paralelismo que pretende denunciar y la resolución de la trama. Ciertamente es una pena salir con la idea de que han acabado por precipitar la resolución de la historia sin llegar a encontrar ese punto de originalidad que rompa con todo y abra una nueva brecha por la que querer mirar.
Aunque para gustos… ya se sabe…