Título:
The Room – Trabajando Para El Diablo

Autor:
May Ríos (Basado en “Sicario, confesiones de un asesino en Ciudad Juárez” de Chales Bowden y el documental de Gianfranco Rosi “El Sicario, Room 164”)

Lugar:
La Casa de la Portera

Elenco:
May Ríos

Producción:
José A. Villegas

Dirección:
Saúl de la Fuente

Yo ya no sé si cuando voy a La Casa de la Portera me siento cómodo, incómodo, me da miedo, me siento confortable, si es un sitio demencial, tradicional… Cada vez que quiero definirlo, aparece otro montaje que me lo presenta como un espacio completamente nuevo.
Y ahora, con “The Room”, se ha convertido en un agujero de entrada al infierno…

La verdad que el concepto teatro documental me tiraba para atrás, no me resultaba nada atractivo y dejé pasar la anterior oportunidad de ver esta pieza, todo por un problema de prejuicios autoimpuestos. A veces uno es un poco bobo y se pierde propuestas más que interesantes por ponerle trabas absurdas; menos mal que la Portera ha estado avispada y lo ha vuelto a programar para que los “prejuiciosos” podamos enmendar nuestro error.

The Room” es el testimonio en primera persona de un sicario mejicano que trabajó para un cartel, que nos habla de cómo se introdujo en el mundo de las drogas, los secuestros y los asesinatos. Nos narra la historia de su vida de tú a tú, y cuando digo de tú a tú me refiero a que te lo cuenta mirándote directamente a los ojos, con toda la crudeza de esa realidad.

Un texto duro, inspirado en una entrevista realizada por Charles Bowden a un verdadero sicario y en un documental de Gianfranco Rosi, “El Sicario. Room 167”. Un texto sin concesiones, no hay momento que afloje esa atmósfera irrespirable que se genera encerrado con este personaje. 
La dureza con la que nos son contados los hechos ponen los pelos de punta, impresiona escuchar de primera mano cómo una persona anestesia su lado humano por la ambición de conseguir dinero y lo poco que importa la vida ajena cuando uno se siente poderoso.

Durante la función, la sensación de estar en constante peligro es palpable, cada movimiento que hace este hombre encapuchado nos hace retreparnos en nuestro asiento, esconder las manos, intentar fundirnos con las paredes de La Casa de la Portera y hacernos invisibles; en cada subida de tono o giro brusco, uno contiene la respiración y desea pasar desapercibido; el público está deseando en todo momento que no clave sus ojos en los suyos, quieres que se mantenga lo más alejado posible. La angustia de sostenerle la mirada mientras te cuenta las barbaridades vividas, es una experiencia indescriptible, consigue que acabes por retirar la vista hacia otro lado. Y por las caras que teníamos todos, la sensación era generalizada, y es que, un tipo al que tan solo le ves los ojos y parte de la boca, y que desprende tanta agresividad, que cuenta con tal frialdad las atrocidades que ha cometido a lo lardo de su vida, hace que sientas la necesidad casi primaria de alejarte. Huir de algo que se sabe una realidad.

May Ríos realiza una interpretación aterradoramente sublime, tan real, con esa voz, esa mirada, esos silencios que se agarran a la garganta… Todo adquiere un peso y una densidad que asustan. 
Uno se siente permanentemente amenazado con su presencia. La potencia de su actuación es tan brutal que supera a la crueldad de todo lo que cuenta. Sus acciones, la forma de explicarse, el nerviosismo que transmite, la frustración en momentos, la exitación de otros, hacen que desconfiemos y hasta el momento en el que el pasamontañas nos desvela la realidad, a penas si nos permitimos a nosotros mismos hacer ni un leve sonido.

Una propuesta que no sé si denominarla de Teatro Documental o cómo, porque lo que uno siente es tan físico que quizá algo documental sugiera distancia y esto es todo lo contrario. En la vida, por la forma en la que se nos implica, he estado tan inmerso como espectador en una experiencia teatral como en esta.
Absolutamente recomendable vivirla aunque sea una sola vez.