Título:                                 Elenco:                                                         Escenografía:
Las Dos Bandoleras          Helio Pedregal (Triviño)                              Paco Azorín
                                          David Fernández “Fabu” (Orgaz)
Autor:                                 Macarena Gómez (Teresa)                          Vestuario:
Lope de Vega                    Carmen Ruíz (Inés)                                     Antonio Velart
                                          Llorenç González (Don Carlos)
Lugar:                                Gabriela Flores (Leonarda)                         Espacio Sonoro:
Teatro Pavón                    David Luque (Don Lope/Soldado 1)            Jordi Collet, “Sila”
                                         Álex Larumbe (Alvar Pérez/Soldado 2)
Dirección:                          Albert Pérez (Rey)                                       Lucha Escénica:
Carme Portaceli                                                                                    Kike Inchausti

Y uno vuelve a adentrarse en los mundos de la curiosidad… como le pasa al 99% de la gente. Programan una función en la que te encuentras como cabeza de cartel a dos actrices que hasta el momento te han gustado, y piensas: “¡Qué interesante! Se lanzan a por un clásico” y te apresuras a comprar las entradas antes de que se agoten, que eso de que salgan en la tele hace que las taquillas echen humo (No siempre) y no vaya a ser el campanazo de la temporada…
Así que me marché a ver “Las Dos Bandoleras” al Teatro Pavón, función escrita por Lope de Vega de la que desconocía su existencia. Una función en la que se nos cuenta como dos hermanas cuidadas y recuidadas por su padre, quizá no tanto, son ultrajadas por un par de tipos que, da igual en el Siglo de Oro como en la actualidad, piensan con la bragueta, y ellas, muy pizpiretas, caen en eso de “Prometo, prometo hasta que la meto y una vez metido se acabó lo prometido”, así que son deshonradas, pero en vez de dejar en manos de su padre lo de recuperar la honra de las damiselas, ellas se callan, se hacen el hatillo y se largan a vivir su vergüenza a la sierra, se hacen Serranas y prometen cargarse a cuanto hombre se les cruce por el camino, como venganza por la pérdida de su honra…
Hasta ahí la cosa parece que no tiene mala pinta, apunta a algo ligero, incluso con cierta acción, apetecible. Un clásico de capa y espada con mujeres como heroínas. Lo malo viene cuando encuentras el batiburrillo que han liado entre vestuarios de todas las épocas, sonidos de aviones, bombardeos, escenografías siderales y dos serranas que parecen sacadas de Piratas del Caribe.
Pero bueno, podría pasar por alto todo eso si después me hubiera encontrado con unas interpretaciones decentes… ¡Ay!
No entiendo ese soniquete que se empeña en mantener Macarena Gómez durante toda la función, es molesto, arranca toda intención a los versos, pierde toda la musicalidad que puedan contener y se lo pone complicado a sus compañeros para que le den la réplica. ¿En serio Gabriel Garbisu, como asesor de verso, ha permitido esto? ¿Es problema de dirección o Macarena tiene un exceso de “vicios” adquiridos de su personaje de televisión y le resulta difícil desprenderse de ellos?
Sin embargo, Carmen Ruíz se la ve esforzada, tratando de ser más que correcta, cuidando el verso, haciendo lo posible por permanecer a flote a golpe de naturalidad durante toda la función, aunque a veces sean sus propios compañeros, ¿qué le pasa a Álex Larumbe?, y las vergonzantes luchas escénicas a golpe de “chunda chunda”, las que la agarren de la cabeza y la hundan al fondo de este charco en el que se ha metido…
Quienes también me gustaron, aunque con sus altibajos, fueron Llorenç González, su forma de decir el verso llamó mi atención para bien, aunque su personaje importe un pimiento dentro de la función, y  David Fernández “Fabuque nos da un poco de aire, aunque él solo, pobre, es incapaz de poder levantar la función por más que se esfuerce.
Un montaje carente de ritmo, sus escenas se suceden atropelladas; las diferentes líneas argumentales están carentes de conexión, parece como si estuviéramos haciendo zapping. Las hermanas van por un lado, la serrana Leonarda, interpretada por Gabriela Flores, va por otro, a su rollo, entra y sale como si fuera una espontánea que sale a escena cuando se le canta (su forma de soltar texto también lo hace pensar); su enamorado vaga por la función sin saber dónde meterse, y sin que nos importe demasiado… y así podría seguir con cada uno de estos personajes que, no sé si el gran Lope de Vega escribió semejante desaguisado o si ha sido la dramaturgia de Marc Roch y Carme Portaceli y la ocurrencia de mezclar dos textos en uno los que lo han convertido en lo que vemos sobre las tablas del Teatro Pavón..
En fin, que al grueso del público le encantó, se rieron mucho e incluso alguno se puso en pie a aplaudir. A la salida oí eso de “la de la tele lo hace muy bien”, así que seguramente todo esto que escribo sean manías de uno que se debe estar volviendo un poco remilgado con lo que ve, pero yo salí decepcionado de comprobar el nivel de esta función tratándose de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.