Título:

Encrucijada o nihil novum sub sole
Autor:
Borja Roces
Poemas Néstor Villazón
Lugar:
El Umbral de Primavera
Elenco:
Borja Roces
Alicia Rodríguez
Vesturario:
BlueBirds
Iluminación y Sonido:
Juanan Morales, Alberto Morales, J.Bustos y Andrei
Dirección:
Borja Roces 
 
“Encrucijada o Nihl Novum Sub Sole” es un espectáculo que mezcla el teatro físico, los poemas, las reflexiones en voz alta junto con un aire de performance. Un montaje que habla de la desesperación, el dolor (interno y externo), lo molesto que puede ser en ocasiones el “Buenismo”, la creación, la angustia, el llanto… Es en definitiva un baúl donde introducir la mano y sacar cualquiera de sus ingredientes para contemplarlo, para dejar que se despliegue ante nosotros y que lo catemos. Lo malo es que cuando ya tienes todos esos ingredientes fuera del baúl, uno no sabe muy bien qué hacer con ellos, los contempla cada uno por separado y pueden resultar más o menos interesantes, pero si uno intenta encontrar el nexo que les de el sentido, no lo encuentra.
Hay ciertos momentos de la función que se utiliza una premeditada profundidad que a mi, como espectador, me provocó ir distanciándome poco a poco hasta llegar a un punto de no retorno. Uno entra dispuesto a dejarse empapar por la propuesta que Borja Roces, creador del espectáculo, ha querido mostrar; el problema es que el menú es tan extenso y variopinto que no se llegan a encontrar los elementos que puedan generar un buen maridaje. Solo en las ocasiones en las que intensidad se toma con humor o afloja, y nos deja ver algún sentimiento no coreografiado, es cuando uno encuentra el remanso donde le gustaría quedarse. Remanso del que se empeñan en sacarnos para intentar impresionar a golpe de efecto. Al finalizar la función, con el guiño de sus actores, uno se queda pensando si ellos se lo han tomado tan en serio como nosotros o todo es una cabriola para lanzarnos una burla o un mero divertimento.
El momento en el que Alicia Rodríguez más me gustó, fue cuando brilla con su monólogo del llanto, columpiándose entre la sonrisa llena de lágrimas y la oscura congoja, consiguiendo que el público deje escapar risas que poco a poco van apagándose a golpe de sentimiento para acabar dejándola volver a fluir. El resto está bien ejecutado, pero no con el resplandor alcanzado en este momento.
Borja Roces se arriesga, se tira a la piscina y eso es muy valorable, pero para mi, cuando realmente se le aprecia el trabajo es cuando afloja y deja que veamos el brillo que lleva dentro. Hay una transformación en él cuando lo que nos cuenta abandona los altos vuelos y da paso a algo más terrenal, cuando deja que su cara y su cuerpo exprese el interior. Hay un encanto especial que llama poderosamente la atención. Hubiera preferido más dosis de eso que de esa pretendida poética que me perdió en retóricas que a mi no acabaron por convencerme.

No todo teatro es para todos los públicos y hay veces que uno no encaja con lo que le muestran, pero para ello hay que verlo y descubrirlo.