Título:
Lavar, Marcar y Enterrar

Autor:
Juanma F. Pina

Lugar:
Peluquería Corta Cabeza

Elenco:
Victoria Mora
Mario Alberto Díez
Juan Caballero
Danai Querol

Vestuario:
Magpie

Maquillaje y Peluquería:
Luciano Cañete
Dani Zuñiga

Dirección de Arte:
Juan Camblor

Dirección:
Juanma F. Pina

Hay veces que el teatro sale fuera de sus recintos habituales y explora nuevos espacios donde poder manifestarse; y hay otras en las que son los propios espacios los que inspiran historias y acaban por convertirse en teatros improvisados, tal es el caso de la Peluquería Corta Cabeza, un lugar que hizo que la mente de Juanma F. Pina volara y creara este montaje.
Es curioso adentrarse en esta peluquería que parece un auténtico plató, no le falta detalle para que uno se sienta dentro de la historia que está a punto de ver.
Ya nos hemos acostumbrado a descubrir nuevos espacios y dejarnos seducir por la curiosidad de descubrir qué nueva propuesta nos ofrece alguna loca mente teatrera, pero como digo, esta vez no fue la falta de espacios o de programación, si no que la obra fue creada por y para este espacio, con lo cual lo que nos vamos a encontrar es un traje hecho a medida, tanto para el espacio como para la función, aprovechándolo y llenándolo de chispazos de originalidad que se reciben con agrado.
Una pareja secuestra a la dueña de la peluquería y a uno de sus empleados para poder acceder desde su sótano al local de al lado… lo que ellos no se esperan es lo que encontrarán allí abajo y la historia que destapará su irrupción en esta peluquería con tanta personalidad.
Un delirio pop que estalla desde su maravilloso cartel, preparándonos para lo que nos vamos a encontrar. Con unos personajes que vuelan por el tiempo, entre flashbacks y descubrimientos inesperados, y que nos hacen pasar un rato muy divertido, con una historia que desde su sencillez se aprovecha de nosotros y nos “tramposea” con descaro para darnos un par de giros y hacer que la comedieta que se nos ofrece, se salpique de tintes policiacos, psicópatas e incluso algún toque sobrenatural.
Los cuatro actores hacen un estupendo trabajo, llevando con divertida solvencia la caricatura de unos personajes dibujados desde los tópicos, que nos ganan con siniestra simpatía según van sucediéndose los acontecimientos. Victoria Mora, Mario Alberto Díez, Juan Caballero y Danai Querol juegan al servicio de unos diálogos con chispa y cierta efervescencia que nos recuerdan al descaro y la inocencia de ese cine español de los noventa que estaba lleno de brillo y de ganas de hacérnoslo pasar bien con argumentos desenfadados y desprejuiciados, incluso hay destellos de la movida madrileña que se cuelan entre secadores y lacas. Así se nos presentan, encantadores, desprejuciados y con un gran sentido del humor, dispuestos a reirse hasta de su propia sombra.
Si tenéis ganas de pasarlo bien, reíros con ganas, incluso soltar alguna buena carcajada, además de ver teatro en un espacio inusual, esta es vuestra propuesta. Un caramelo que chisporrotea en la boca, mientras lo saboreas, y que te deja una divertida sensación.