Título:

La Esclusa

Autor:
Michel Azama

Versión:
Ángeles Muñoz

Lugar:
Teatro del Arte

Elenco:
Maica Barroso

Dirección:
Sylvie Nys


La Esclusa, dirigida por Sylvie Nys, nos sitúa en los momentos previos a la puesta en libertad de una mujer que ha pasado 16 años en la cárcel por el asesinato de su marido. El momento en el que se encuentra a solas, tras un largo cautiverio, a escasos metros de recuperar su vida; esa vida que ha aprendido a vivir sin ella y que ahora la tiene que volver a aceptar, aunque reservándole una amarga bienvenida, lo primero que debe hacer es acudir al entierro de su madre.
Todo transcurre en una especie de limbo, físico y mental, que es esta esclusa que separa el infierno del cielo o el cielo del infierno (siempre queda la duda), desde donde hace un vertiginoso recorrido por momentos, flashes, que se agolpan en la mente de esta reclusa, preparándola para reemprender un camino que ha quedado en suspenso. El dolor de haber perdido la juventud, la infancia de sus hijos, encerrada, convirtiéndose en un paréntesis para el resto de la humanidad… Supongo que así es la mente de esta mujer a la que retrata, un cúmulo de pensamientos y sentimientos que saltan de un instante a otro de su vida, empachándola de recuerdos para no permitirse un instante de realidad, pues eso ya vendrá por si solo en el momento que supere la esclusa. Todos estos recuerdos atropellados dan a entender que los sentimientos de la reclusa han quedado anestesiados por el trauma de vivir encerrada o que se niega a sentir y permitirse un momento de debilidad que le haría caer al abismo de la desesperación.
Una texto escrito por Michel Azama que resulta más interesante después de visto, macerado en la mente del espectador, que en el momento que es contando; La Esclusa es un recorrido de típicos retazos de instantes carcelarios. 
Me resultó un texto antipático y corto en contenido que a la hora de mostrar el interior de su protagonista se queda en algo demasiado manido. Viéndolo no encontré ningún lugar en común con esta mujer asesina, donde poder llegar a justificar y empatizar con su padecer, a pesar de los intentos por parte de la directora de ofrecer momentos poéticos como la coreografía con la canción de Bebe, desde donde identificar su factor humano o la transformación de la presa en ciudadana de a pie a través del vestuario.
Maica Barroso realiza un trabajo intenso y muy bien ejecutado, desde las tripas, sin tapujos, que nos entrega una interpretación pura, defendiendo un texto complicado de defender. Se entrega a ofrecer un esforzado trabajo de acercamiento desde el mismo momento en el que la escena ilumina su cuerpo tirado en el suelo hasta que la luz de la libertad la deslumbra. Lástima que la historia no la acompañe.
Lo positivo que me llevo de lo que vi fue que una vez pasados los días, en mi cabeza, el montaje toma unos tintes mas interesantes de desgranar, y apetecibles de discutir en una buena charla, que cuando lo presencié; aunque esto debería ser complemento de un montaje que se disfruta y no de una justificación para uno que no me llegó a convencer.