Título:
Iaia. Memoria Histórica

Lugar:
Nave73

Elenco:
Alba Valldaura

Escenografía:
Jordi Viñas
Alba Valldaura

Iluminación:
Joan Grané

Sonido:
Arnau Vidal

Dirección:
Alba Valldaura

Me está resutando complicadísimo poder plasmar en palabras todo lo que “Iaia. Memoria Histórica” despertó en mi el día que tuve la suerte de poder verla.
Uno piensa que cuanto mas le gusta algo, más sencillo le resulta escribir sobre ello, pero es todo lo contrario… Quieres plasmar con tal exactitud lo que te sucedió por dentro que no encuentras las palabras apropiadas que le hagan justicia. Intentaré hacerlo lo mejor que pueda.

“Iaia. Memoria Histórica” no es una función de teatro al uso, es visitar a esta señora catalana de 96 años, y sentarse a escuchar cuanto quiera decir, sin más, dejando que sus recuerdos afloren, y aprender de cuanto nos quiera enseñar.
Un viaje de ida y vuelta a través de la memoria española del siglo XX, pero sin grandes filigranas ni aspavientos. Desde la perspectiva de una persona que lo único que hizo fue vivir dicha época y que cuenta cómo fue aquello, cómo era su familia, su marido, ella misma… una historia que nos habla de la alegría de vivir, que no se olvida ni magnifica los aspectos mas oscuros, simplemente los asume y los encaja en su transitar; que habla de la guerra civil, aportándole la visión de quien le tocó aprender a compaginar su día a día con ese terrible momento histórico. 
Como bien dice Iaia: “En la vida hay que pasar página, pero antes hay que leérsela”.
 
Todo ello utilizando varios lenguajes teatrales que se entremezclan y fluyen con absoluta naturalidad, con tal sutileza en el tratamiento de todos los temas que toca, tal delicadeza, que hace que nos sobrecojan aún mas y sabiendo contarnos la crudeza de una época amarga, incluso con un sentido del humor exquisito.
Ver a Alba Valldaura en escena interpretando esta Iaia, es presenciar la magia en primera persona. Casi me atrevería a decir que tiene algo de sobrenatural el trabajo que hace esta actriz. 
Maneja su fisicidad de tal manera que es capaz de mutar de edad a voluntad sin que uno, aún mirándola fijamente, sea capaz decir en qué momento se ha producido la transformación, en qué momento se borran las sombras de la vejez para dar paso a la luminosidad de una muchacha a punto de casarse, o todo lo contrario, como los años consumen un cuerpo y una voz en cuestión de segundos y a ojos del espectador. Y que se atreve a rizar el rizo con ese momento final en el que una sola actriz es capaz de hacernos ver a dos personas ocupando el mismo espacio, a pesar de estar presenciando un monólogo. 
Su composición de personaje es de los que uno ve una única vez en la vida y hace que, por ese mismo motivo, nos sintamos privilegiados. 
Un trabajo hecho desde la sencillez, con poquísimo elementos en los que apoyarse, para levantar una historia que, aunque parezca mínima, es enorme. 
Quizá el texto no sea el más brillante, ni el mas conmovedor, pero Alba lo convierte en un pequeño golpe de genialidad que nadie debería perderse. Sin lugar a dudas, la mejor interpretación femenina desde hace mucho tiempo.
Una función que nos dice que la vida no es solo una “cosa”, que es una madeja de situaciones teñida de todos los colores que hay que saber apreciar, porque continúa hacia adelante sin darnos un respiro y hay que saber vivirla. 
Una función que nos muestra cómo es posible que la cotidianidad, nuestro día a día, esté lleno de poesía y belleza, incluso en los momentos duros.  Y que tiene la capacidad de tocar una tecla única y especial dentro de nosotros, y que nos hace salir sintiéndonos diferentes. 
Una absoluta belleza.
 
Me atrevo a decir que es obligatorio ir a visitar a la Iaia, antes de que se marche.