Título:

Emilia

Autor:
Claudio Tolcachir

Lugar:
Teatros del Canal

Elenco:
Gloria Muñoz (Emilia)
Malena Alterio (Carolina)
Alfonso Lara (Walter)
Daniel Grao (Gabriel)
David Castillo (Leo)

Iluminación:
Juan Gómez Cornejo

Escenografía:
Elisa Sanz
Gonzalo Córdoba Estévez

Vestuario:
Elisa Sanz

Ayudante Dirección:
Mónica Zavala

Dirección:
Claudio Tolcachir

Si algo hizo que terminara por decirme a ver “Emilia” fue una tarde de comienzos de enero de este año en el café María Pandora, concretamente en los Cafés Teatrales que organiza Verónica Doynel. Era una de esas citas imprescindibles que, los que escarbamos en el teatrerío de manera mas obsesiva, no podemos perdernos. Allí estaba Claudio Tolcachir hablando, junto a Luis Luque y Raúl Tejón, sobre el teatro, sus carreras y todo aquello que surge cuando dejan que profesionales de este calibre se sientan cómodos. El caso es que después de escucharles hablar, no pude hacer otra cosa que comprar la entrada para poder ver esta función.
“Emilia”, que está escrita y dirigida por Claudio Tolcachir, cuenta el casual reencuentro de Walter con Emilia, ella fue su niñera durante toda su infancia. La emoción de ese encuentro hace que Walter la invite a su casa para presentársela a la familia y mostrarle a Emilia la dicha de haber logrado poner en pie un hogar.
Una propuesta construida en la nebulosa de los recuerdos, donde sus habitantes danzan, entrando y saliendo de ellos con total impunidad a pesar de la crueldad que encierran. Donde Tolcachir nos ofrece un ramillete de personajes que son víctimas del amor y que lo sienten de diferentes maneras, donde todos intentan ser aceptados, buscando ese hueco en el que refugiarse; a veces con inocencia, otras con torpeza, buscando una segunda oportunidad, o incluso con la violencia que da la desesperación, pero donde todos buscan la aprobación y el consuelo de sentirse arropados.
Una historia sobre el deseo de amar y ser amado. Donde se habla de la imperfección del amor y de sus afiladas aristas, que laceran y hieren profundamente, cuando se le fuerza a ser y a estar.
Es una historia llena de pliegues, de recovecos que a veces tan solo se intuyen y que hacen de esa aparente normalidad algo perturbador.
Claudio Tolcachir cuenta una misma historia desde planos diferentes, girando entre la memoria y el presente, entrando y saliendo de instantes que van acelerándose para llegar a un punto al que nunca nos hubiera gustado llegar, a pesar de estar en él desde el mismo comienzo de la función. 
Generando sensaciones extrañas en el espectador, que contempla la propuesta sin saber muchas veces si lo que cuenta es algo que nos tiene que causar gracia o esconde algo terrible de lo que no deberíamos reírnos. Donde los personajes muestran la torpeza de quien no puede más, y ya no les sale fingir normalidad. Nos ofrece un mar de sombras que hay que jugar a detectar entre tanta luminosidad. 
La Emilia que nos regala Gloria Muñoz es una absoluta delicia, uno la rememora pasados los días tras la función y sigue sonriéndole con ternura, deseando consolar su desdicha. La sencillez y la calidez de su interpretación es tal, que uno reconoce a Emilia en su propia realidad. Una absoluta belleza de trabajo y un lujo poder contemplarlo.
El Walter de Alfonso Lara me hizo sentir inseguro cerca de él, sus expresiones, sus miedos e inseguridades me fueron transmitidos como algo terrible, una olla a presión de la que hay que alejarse. Es un animal encerrado dentro de una jaula de cordialidad que aterra mas que cualquier amenaza directa. Es un disfrute que te provoquen de esta manera.
Gran interpretación la de Malena Alterio con todos esos matices de los que llena a su Carolina; hay tanto que leer en sus silencios, en sus ausencias… ¡y es tan difícil de lograr! Me parece precioso trabajar desde esa sutileza y esa sensibilidad, terrible ese momento con los sándwiches.
David Castillo es todo un descubrimiento para mi, vi tal entrega en su trabajo que me apetece seguirle de cerca. Un bello retrato de la inocencia, arriesgado y muy bien resuelto.
Daniel Grao, nos trae a Gabriel, un ser que reside entre los recuerdos y el remordimiento, y que a la vez reclama su parcela de comprensión, que detona el desenlace y que, siendo el mas marginal de todos, acaba por aportar el punto de cordura a tanto frenesí de aparente felicidad. Transita por un registro diferente que resuelve con nota; en él me sucede como con Malena, destaco la sutileza de sus momentos fuera de foco, son imprescindibles para comprender dónde nos ha colocado Tolcachir.
Disfruté bailando entre la acción principal y todas esas pequeñas situaciones que ocurren fuera de foco y que tanto enriquecen el resultado. Tolcachir muestra tal gusto por el detalle y la sutileza, que no me importaría volver a ver la función para tan solo fijarme en eso que ocurre en los alrededores. Porque posa en los actores tal cantidad de vida que, estando fuera de foco, podemos obtener una lectura mas nítida, e incluso sincera, del sentir de sus personajes al no tener que estar obligados a “ser” lo que los demás les exigen que sean.
“Emilia” es una función de las que invitan a hablar largo y tendido sobre ella, de la que se pueden sacar tantas cosas, tantas lecturas, que apetecen. Y que pasados los días le encuentras aún mas matices y mas intensidad que la que uno capta en el primer instante.
Un auténtico placer poder, por fin, descubrir el teatro de Claudio Tolcachir.