Título:

Amantes

Autor:
Álvaro del Amo
(Basado en un guión de 
Carlos Pérez Merinero,
Vicente Aranda y Álvaro del Amo)

Lugar:
Teatro Valle Inclán (Sala Francisco Nieva)

Elenco:
Marta Belaustegui (Luisa)
Marc Clotet (Paco)
Natalia Sánchez (Trini)

Escenografía:
Paco Azorín

Iluminación:
Nicolás Fitschel

Espacio Sonoro:
Mariano García

Ayudante de Dirección:
César Barló

Dirección:
Álvaro del Amo

“Amantes” es de esas películas que guardé en el recuerdo de mi adolescencia por la turbación que me causó cuando la vi, allá por el 1991, recuerdo esas escenas cargadas de erotismo y sexualidad; y el dolor y la tristeza infinita que me provocó ese terrible desenlace, que hizo que no me atreviera a volver a verla nunca más. Las palabras de la Trini de Maribel Verdú me produjeron tanta congoja que he temido volver a escucharlas hasta el día de hoy. A lo mejor soy un exagerado, pero son los efectos del recuerdo.

Ver programada una versión teatral de esta película hizo que me decidiera a aceptar el desafío de volver a pasar por el trance de revivir ese final, incluso pensando que en teatro, en vivo, me iba a impresionar mucho mas… y eso es lo malo, que uno ya va con las expectativas muy altas y con alguna que otra reticencia con el reparto.
Confieso que cuando vi el reparto al que se le había hecho el encargo de poner en pie la versión teatral de este clásico del cine español, tuve mis prejuicios. Es complicado quitarse de la cabeza esas maravillosas interpretaciones de Maribel Verdú y Victoria Abril, o ese Jorge Sanz fruto de mis más íntimos y húmedos deseos de la época.
 Ahora el turno de poner en pie “Amantes” es de Álvaro del Amo que, muy sabiamente (aunque no tan acertado en algún caso), ha jugado a romper con lo que ya habíamos visto en la película de Vicente Aranda.
La premisa es la misma, una pareja, Paco y Trini, planea un futuro en común tras la finalización del servicio militar de él, hasta que se cruza por medio Luisa, la casera que aloja a Paco, a quien introduce en una espiral de estafas y sexo, destrozando la idílica armonía de la pareja.
Lástima que el adaptación teatral peque de estar excesivamente fragmentada, con diálogos poco creibles en boca del actor, quien lucha por conseguir convencernos sin lograrlo en muchas ocasiones. 
Situaciones excesivamente esquemáticas que, más allá de recrear lo que ya contaba la historia, puesto en escena, no llegan a provocar emoción ni dejan salir la tragedia que porta con la contundencia que merece.

La propuesta de Álvaro del Amopelea por diferenciarse tanto de la película, que se deja por el camino toda la esencia de la historia, las relaciones descarnadas, la sexualidad, los celos, las tensiones, el drama… todo queda en medias tintas, provocando que sea irremediable que el espectador acabe por anhelar la película de Aranda. Y es que en la película había secuencias memorables que uno, como espectador, desea no ver repetidas, pero sí reinventadas al lenguaje teatral y, sin embargo, en muchos casos se opta por obviarlas, dejando la historia en algo ciertamente poco interesante. ¿Dónde está esa viuda negra? ¿Dónde está ese sexo perturbador y excitante? ¿Dónde están esas escenas en las que saltaban chispas entre los personajes? Y no, ese final que tanto temía y deseaba volver a revivir hecho teatro, tampoco está.
Me gustó la propuesta escénica de Paco Azorín que divide los ambientes y a la vez los entremezcla, que los une y los separa, atrayendo a todos los personajes hacia el mismo punto, donde no pueden evitar encontrarse, unas veces tan solo en pensamientos, en sueños, y otras, las más devastadoras, en persona. Acertada propuesta que se desmarca del original, aportando un aire de originalidad y teatralidad que resulta interesante y que funciona por momentos.
Si hablamos de los actores debo decir que decidí no hacer comparaciones, sería muy injusto por mi parte, y muy desagradecido e irrespetuoso con los profesionales que intentan poner en pie esta propuesta. Pero hablando del trabajo visto, creo que Marta Belaustegui no da con el tono adecuado para Luisa, su personaje queda desdibujado, poco definido y sin la intensidad que justifique el desarrollo de la historia, aunque creo que esto está causado más por la floja adaptación, difícil de defender, que por su labor actoral, y la química sexual entre ella y Marc Clotet es francamente nula. 
No me creo que, Paco, sea capaz de hacer los sacrificios que hace por esta Luisa.
A Marc Clotet se le nota la diferencia cuando trabaja con una u otra actriz. Se deja llevar en exceso por las energías de cada una de ellas, dejando la suya en segundo plano, creando unos desniveles interpretativos muy acusados en su personaje; quedando en unas escenas muy velado, con Marta Belaustegui, pero creando otros momentos destacables, con Natalia Sánchez. Aunque hacia el final es cierto que se crece.
Eso sí, y me vais a perdonar la licencia, ¡no se puede ser más bello! Y entiendo perfectamente que cualquiera de estas dos mujeres perdiera los papeles por un ser como él, y aún más con la maravillosa iluminación de Nicolás Fitschel que parece diseñada para ensalzar las virtudes físicas de este actor.
La sorpresa de la función, sin lugar a dudas, es Natalia Sánchez, una actriz a la que fui a ver con todos mis prejuicios y que me los arrancó de un manotazo nada más comenzar la función. Si el resto del montaje no llegó a convencerme, ella me entusiasmó; compré su propuesta y salí encantado de haberla descubierto como una actriz llena de matices y con mucho que ofrecer. Me interesó y me conmovió. Si por algo merece la pena ver la función, es por ella.
No sé si era necesario adaptar al teatro este clásico del cine español, pero creo que la adaptación no ha sido todo lo acertada que uno hubiera deseado. Y estos “Amantes” no brillan en el escenario tanto como brillaron en la pantalla. Quedándose lejos de estar a la altura del original.