Título:

Intimidad
Autor:
Iván Ruiz Flores
Lugar:
Sala TU
Elenco:
Carmen Mayordomo
Claudio Sierra
Nahia Láiz
Rikar Gil
Diseño Escénico:
Iván Ruiz Flores
Noelia Rosa
Producción:
Aniur Creativos Audiovisuales
Ayudante de Dirección:
Noelia Rosa
Dirección:
Iván Ruiz Flores

Da un pudor infinito transformar en palabras lo que provoca Intimidad en quienes lo presenciamos, hay que tomar aliento y decidirse a dar el paso porque si no, puede, que nunca lo hagamos.
Esta primera obra escrita por Iván Ruiz Flores, quien también la dirige, es un tajo en la yugular de la realidad. Un golpe seco que te nockea sin contemplaciones y te deja sin respiración.
Un espacio ínfimo, una quietud desesperante, unas miradas huidizas que duelen cuando se posan en nosotros, la voz de los personajes, esas voces que calan poco a poco en nuestro interior y convierten a los actores en primeros planos desasosegantes de una realidad desesperanzada. Hay momentos de la función que ahogan el alma, como si nos zambulléramos en un mar nocturno y, al estar sumergidos en él, no supiéramos hacia donde dirigirnos para encontrar la superficie en la que poder volver a respirar porque solo hay negrura.
Cuatro actores en escena, atentos a lo que dicen unos y otros, pero sin a penas interactuar entre ellos, solo leves gestos, miradas de soslayo, quizá un ligero estremecimiento. Cuatro monólogos ásperos en los que el espectador hunde su curiosidad aún a sabiendas de no encontrar nada amable en ellos. Cuatro vidas resquebrajadas y un solo nexo de unión, la Intimidad del título.
Hablan sobre esas pequeñas cosas que laceran nuestras vidas, esas pequeñas cosas que condicionan el resto de nuestras acciones y que hacen que tomemos determinaciones nunca imaginadas. Pero son cosas cotidianas, guardadas muy adentro, de las que a veces ni reparas en comentar por lo nimias que pueden resultar a los demás, pero que dentro de nosotros toman una importancia desmedida, tanto como para que nuestras vidas se conviertan en otra cosa.
Carmen Mayordomo, Claudio Sierra, Nahia Láiz y Rikar Gil son los cuatro actores que prestan su carne y su alma a esta experiencia que nos hizo salir mudos, turbados, e incluso avergonzados, de la sala. Cuatro actores que hacen algún tipo de conjuro sobre los que presenciamos esta función que deja clavado en la butaca al espectador una vez terminada la función y en estado de shock. Yo salí de la sala rápido, con ganas de que me diera el aire, de tomar una bocanada grande y volver a respirar con normalidad, y de paso agarrarme a mi vida de nuevo y apretarla fuerte para no dejarla escapar.
Una obra dura, áspera y dolorosamente real. No hay momento en ella que te deje tomar resuello para continuar. Una vez que comienza te sujeta por la nuca y te obliga a mirar, aún sabiendo que no quieres ver lo que te muestra, pero que te obliga para que seas consciente de que “eso” que ves, existe, y está presente en nuestro día a día. Aunque almas optimistas como la mía, que salen vapuleadas, aún encuentran un resquicio de esperanza en sus últimas palabras.
La recomiendo con muchas ganas, y a la vez con miedo, porque es hacer que otros miren a lo que a ti te costó tanto sostener la mirada.