Título:
Planeta Gómez Kaminsky

Autor:
Alvaro Aránguez

Lugar:
Teatro Lara

Elenco:
Andrea Ros

Iluminación:
Guillermo Jiménez

Escenografía:
Fernando Sánchez

Director:
Álvaro Aránguez

Cuando fui a ver “Planeta Gómez Kaminsky” al Off del Teatro Lara, decidí que no quería saber nada de ella, tan solo la premisa con la que parte, que me puso los pelos de punta, pero que a la vez me parecía que tenía algo mas en su interior: 
“Me llamo Daniela Kaminsky Gómez. Tengo 20 años. De pequeña quería ser bombero, pero ahora estudio segundo de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Pero nunca voy a ejercer de periodista, porque mañana voy a morir en un accidente de coche”.
 
Tuve la oportunidad de conocer algo de la función a través de algunas críticas ya publicadas, pero las deseché; me parecía que había que entregarse a esta propuesta sin prejuicios, como si fuera una caja sorpresa, aceptando que lo que saliera de ella era lo que tenía que ser, sin mas. Y después del resultado me parece que, aunque a veces sea complicado conseguirlo, lo intentaré con todos los montajes que me sea posible. Pienso que es la forma en la que deberíamos vivir siempre las funciones de teatro; ir desnudo de prejuicios, tanto positivos como negativos, para que la obra en cuestión entre en nosotros con la mayor pureza posible; ofreciéndonos su esencia sin que nadie nos influencie antes de poder verla.

Sumergirse en el mundo “Planeta Gómez Kaminsky” es nadar en nuestros propios recuerdos, porque todos los sucesos que Andrea Ros nos cuenta a través de Daniela, salvando algunas diferencias, son un baño en las aguas profundas de nuestras vidas; en todos esos momentos que se han quedado grabados a fuego en nuestras almas y que han dejado un poso de dulce amargor por allí dentro… Quizá algunos de esos momentos, cuando Daniela los toque nos escuezan, pero no podemos evitar sonreír y dejar que fluyan para volverlos a recordar una vez mas; al fin y al cabo, son parte de nosotros.
Este texto de Álvaro Aránguez, que también dirige el montaje, es un paseo amable por todos esos instantes de nuestras vidas que nos han hecho ser como somos ahora, los que han abierto un camino y no otro para llegar al punto en el que nos encontramos. 
Las palabras de Daniela nos abren una ventana agridulce a la vida de una muchacha de lo mas convencional, que ha sentido como nosotros y que ahora se despide delicadamente de todo, doblándolo con esmero, envolviéndolo con cariño para guardarlo, con toda la delicadeza que la nostalgia invita, dentro de esa maleta de recuerdos que será lo que permanezca a partir de mañana…

Un montaje lleno de sentir, de rabia, de incomprensión, de cariño, de ternura… y todo ello llevado por una preciosa interpretación de Andrea Ros que consigue que ese escenario vacío del Off del Lara, se convierta ante nuestros ojos en todo lo que ella desee ver; es cierto que al comienzo me tiró para atrás la velocidad con la que nos lanza el texto, pero es imposible no acabar siendo conquistado por esa mirada que brilla con tanta verdad. 
No es que ella corra, es que el texto fluye como los recuerdos, unas veces a velocidades imposibles, atropellando y solapando sucesos, otras con todo tipo de detalles, recordando hasta aquello que nos sonroja reconocer, y otras en simples pinceladas. Algo imposible de dominar, pero que en la hora y poco que dura el espectáculo, consigue hacernos volar por su vida, sentirla como nuestra y emocionarnos con un nudo en la garganta porque destila una realidad tan palpable, tan reconocible, en todo lo que nos cuenta, que es imposible que las lágrimas no asomen de vez en cuando viendo a Daniela como lo revive. Inlcuso nos duele intuir la angustia de la protagonista sabiendo que todo ha terminado, que este es su punto y final…

Uno sale de ver la función con el corazón lleno de ternura, con cierto escozor imposible de esconder; con el alma encogida y con la sensación de haber sido abrazado por el momento vivido. De sabernos poseedores del hermoso tesoro que son nuestros recuerdos.