Título:
Las Penas Saben Nadar
Autor:
Abelardo Estorino
Lugar:
La Usina
Elenco:
Maty Gómez (La Actriz)
Rosella Segre (El Teatro)
Coreografía:
Rosella Segre
Arístides Naranjo
Producción:
La Inventiva Teatro
Dirección:
Arístides Naranjo

La temporada 2012 – 2013 finaliza donde comienza la temporada 2013 – 2014 y es ahí donde he podido encontrarme con La Inventiva Teatro que nos ha traído “Las Penas Saben Nadar” de Abelardo Estorino, dirigida por Arístides Naranjo. 
Un monólogo a dos bandas que nos retrata el grito desesperado de una actriz harta de luchar por intentar tocar la luz esperanzadora de verse protagonista y el miedo a llegar a conseguirlo. Una actriz que se resiste a la resignación de vivir en papeles “pequeños”, viendo como los demás la adelantan por los lados. Harta de vivir el rechazo y los premios de consolación. Un viaje autodestructivo del que no sabe si ya es demasiado tarde para escapar, ni si quiere escaparse de él… 
Y junto a ella, el espíritu del Teatro que, como un ángel tirano y protector, sobrevuela las penas de la Actriz; dibujando la desolación de ver a una de sus hijas padeciendo de amargura; viendo amenazada su existencia cada vez que la actriz utiliza la botella como válvula de escape, perdiendo una nueva ocasión de rozar con los dedos la clave de su salvación.
Un texto lleno de una belleza terrible que ya tuvo su momento de gloria hace años de la mano de la actriz cubana Adria Santana y que ahora ha estado haciendo temporada veraniega entre la desaparecida “Garaje Lumiere”“La Usina”. Un texto que suena doloroso, desencantado, oscuro y desgarrador, como el lamento de cualquier ser humano que ve sus sueños hechos añicos y que descubre que, injustamente, nuestras vidas no son del todo nuestras, que parte de ellas siempre estará en manos de los demás. 
En este valiente montaje ideado por Arístides Naranjo en el que se mezcla danza y teatro, se pueden vislumbrar lo que, si las posibilidades se convierten en hechos y les vuelven a programar, en unas bellas y descarnadas interpretaciones tanto de Maty Gómez como de Rossella Segre
Maty Gómez es la encargada de poner voz a la desencantada Actriz que nos habla desde ese lugar donde el miedo y las esperanzas se encuentran entrelazados, enfrentándose (casi) en soledad a un monólogo que la abre en canal. Y Rosella Segre es la encargada de dar vida al Teatro, realizando un ejercicio de movimiento y danza que subraya las palabras y ofrece una réplica enriquecedora y llena de plasticismo.
Ellas defienden con ganas el montaje, se entregan a él y logran momentos de gran belleza y dolor, pero también se notan ciertas carencias que da el no poder representar con algo mas de continuidad. Es complicado que representándose una vez por semana, un texto como este adquiera la dimensión y el peso que requiere. Quizá me meta en terreno en el que no debería meterme, pero aún a riesgo de sobrepasar la línea, me gustaría decir que noté cierta urgencia en el texto, en llegar a ciertos lugares de la función, descuidándose las pausas y el tempo, que creo que es algo primordial para que el texto respire y adquiera la dimensión que le corresponde en esta función. El tema de coordinar las músicas, los movimientos y el libreto tiene una complejidad que en momentos les juega a la contra, pero que sin embargo en otros ofrece un atractivo que dinamiza la función. 
Se nota que el empeño y el trabajo por poner esta montaje en pie es grande y bien realizado por parte de todo el equipo.
Un producción, como decía, muy valiente. Con muchas cosas que contar y aportar, que posee el germen de esos proyectos que vienen con el firme propósito de dejarse la piel en cada una de sus representaciones.