Título:

Todos Mienten

Lugar:
Sala Guindalera

Autora Versión:
Amaya Curieses
Basado en “La Muerte de Pitia” de
Friedrich Dürrenmatt

Elenco:
Amaya Curieses (Paniquis, La Pitonisa)
Irene Curieses (Paniquis Joven)

Escenografía:
Juan Sanz
Miguel Ángel Coso

Vestuario:
Almudena Rodríguez Huertas

Videoescena:
Bruno Praena

Dirección:
Jaume Policarpo


“Todos Mienten” es un montaje que encierra un hermoso motivo por el que no podía perdérmelo, y ese motivo no es otro que poder ver una vez mas sobre un escenario a Amaya Curieses, una de las personas que mas ha influido en mi vida teatral; una de esas personas que por cosas del destino se planta en tu camino y te lleva por sitios por los que no tenía pensado transitar y que han acabado por influir y convertirme en lo que soy.
Ella es una de las principales culpables de que adore el verso, valore el maravilloso y sacrificado trabajo del actor y que venere los teatros como los templos que son. Algún día, cuando retome aquellas crónicas que  escribía hace tiempo, homenajeando los momentos mas “teatreros” de mi vida, os hablaré de ella con detenimiento. Pero como os decía, ella es el principal motivo por el que el pasado viernes pisé de nuevo La Sala La Guindalera.

Esta función podríamos decir que es una deconstrucción en toda regla del mito de Edipo. Un texto adaptado por la propia actriz basado en “La Muerte de Pitia” de Friedrich Dürrenmatt; donde entre coqueteos con diferentes lenguajes teatrales, vamos descubriendo una visión diferente de lo que supuso el paso del mero “chisme” a lo que después acabó por convertirse en una de las historias mas recordadas de la antigüedad.
La principal protagonista de esta historia es la adivina Paniquis que por quitarse de en medio a otro de esos pesados que venían a consultarle insustancialidades de la vida, se le ocurrió vaticinarle que mataría a su padre y se casaría con su madre ¿de qué nos suena esto? y la lió muy, pero que muy gorda…
A través de diferentes momentos de la vida de la pitonisa vemos a los personajes que se vieron afectados por aquella “improvisación” suya; cada uno aporta su visión y su versión de lo acontecido ante los ojos asombrados y , por qué no, divertidos de la adivina que no da crédito, casi hasta el momento de su muerte, de que ella fuera el desencadenante de toda esa historia.

Hay un problema con los que vamos tanto al teatro y es que a veces asistimos con una idea prefijada de lo que nos vamos a encontrar en el espectáculo y somos nosotros mismos los que nos ponemos obstáculos a la hora de darnos a la propuesta e impidiendo entrar en el juego desde un primer momento. Algo así me pasó a mi que, acostumbrado a ver a Amaya Curieses en textos de los grandes autores del Siglo de Oro, esperaba encontrarme con una propuesta mas “convencional”…
Si vais a verla, que espero que sí, procurad ir con la mente abierta, dispuestos a dejaros llevar porque lo que Jaume Policarpo nos ofrece es mucho mas interesante que una función que se tome a si misma en serio.
Es una función llena de humor, a veces inocentón y otras veces lleno de un corrosivo sarcasmo, que juega rompiendo la temporalidad y la época en la que habitan los personajes para encontrar un nexo de unión con el público de la sala.
Tan solo dos actrices en escena, Amaya e Irene Curieses, que comparten personaje; unas veces solapadas, otras fragmentadas e incluso interpretando al resto de personajes implicados en la historia. Dos caras de una misma moneda que se enfrentan, se complementan y que ofrecen una interpretación sólida, llena de una energía cálida que te hace disfrutar de lo que se está viendo. Me encanta ver la compenetración con la que juegan en escena, su trabajo corporal, sus voces cambiantes, sus saltos de género… Incluso en algún momento se me asemejaron a un par de “juglares” o cuentacuentos que revolotean por la escena intentando captar toda nuestra atención transformándose en todos los personajes que sean necesarios para atraparnos con su historia.

Quizá no sea una función fácil, los constantes juegos cambiantes con el lenguaje teatral y el texto hacen que uno no se permita un momento de relax en la butaca. Hay mucha información que, en un principio, puede parecer abrumadora; pero enseguida uno se da cuenta que lo que se nos propone es una madeja que debemos ir desenrrollando poco a poco, al ritmo que “Las Curieses” nos dictan. Además ¿quién dijo que la función tuviera que ser sencilla? Cuando uno oye un “cotilleo”, no tiene toda la información desde un primer momento. Primero conoce el hecho, que está lleno de interrogantes, y después, poco a poco, va descubriendo los motivos, las razones y las explicaciones que llevan a aclarar el acontecido… o no… nunca se sabe en una función que se titula “Todos Mienten”

La escenografía nos sitúa en el interior de la cueva que Paniquis habita, no del todo contenta con ello, pero resignada ya que pertenece a su destino de “adivina”, y que no pierde ocasión de criticar por su decoración. Nosotros vemos en ella el paso del tiempo a través del agujero que da al exterior, que a la vez actúa como el ojo que todo lo ve. Muy interesante la videocreación y el juego con el agua.
Existe un punto dentro de esta obra que no quiero dejar pasar, el trabajo de máscaras y marionetas que desfilan en el montaje, habitantes indispensables que cuentan la historia envolviéndola de un halo de ensueño o de irrealidad muy bello e incluso inquietante y  que aplaudo con ganas pues aportan un dinamismo y una magia esencial para el montaje.
La función aún está dando sus primeros pasos y esto se nota en el tempo de algunos gags, aún un poco toscos, pero que con el paso de las representaciones, estoy convencido que funcionarán con toda fluidez y aportarán momentos muy divertidos y que sorprenderá encontrárselos dentro de esta temática.

Si os apetece encontrar una propuesta diferente ante un tema que todos conocemos, podéis acercaros por La Guindalera y descubrir este trabajo lleno de poesía y humor que la compañía de Amaya Cuireses os ofrece. Propuesta por otro lado muy valiente, de una actriz que después de toda una carrera dedicada al Teatro Clásico decide afrontar nuevos retos y arriesgar por sacar a la luz una nueva faceta. Una demostración de que los actores viven una constante regeneración que, con su generosidad, consiguen que los espectadores no perdamos la capacidad de sorprendernos aunque vayamos pensando que sabemos lo que nos vamos a encontrar.