Título:
La Noche Toledana

Lugar:
Teatro Pavón

Autor:
Lope de Vega

Elenco:
Francisco Ortiz (Florencio)
Jonás Alonso (Beltrán)
Guillermo de Santos (Julio/Alguacil)
Sole Solís (Posadera)
Julia Barceló (Gerarda)
Elsa González (Lucrecia)
Laura Romero (Celia)
Borja Luna (Aurelio/Alguacil)
Natalia Huarte (Lisena)
Alba Enríquez (Belarda)
Carlos Cuevas (El Alférez Carrillo)
Manuel Moya (El Capitán Acevedo)
Ignacio Jiménez (Lucindo)
Álvaro de Juan (Ríselo)
José Gómez (Fineo/Caballero)
Samuel Viyuela (Escribano)

Iluminación:                                  Vestuario:                         Escenografía:
Luis Perdiguero                           Laura Escribano              Rodrigo Zaparaín

Versión:                                        Dirección:
Daniel Pérez                               Carlos Marchena


Ya os he contado alguna vez de mis coqueteos con el teatro clásico, que fueron los que me llevaron a ser uno de los primeros habitantes que hubo en las entrañas del Teatro Pavón en su reapertura (Daría lo que fuera por darme un paseito y poder curiosear para saber cómo está todo por ahí dentro)… Pues bien, cuando el pasado Jueves asistí a la representación de “La Noche Toledana” de Lope de Vega sentí que el espíritu de aquellos días planeaba sobre nuestras cabezas. Seguramente nadie mas sintiera algo así porque la cosa era algo interno mío, ese “que se yo” que se me pone en el pecho cada vez que traspaso las puertas de este recinto.
No conocía este texto de Lope de Vega, la verdad. Había oído hablar de él, pero sin ahondar demasiado en su contenido. El verdadero motivo que me atrajo de poder ver este montaje, era el tener la oportunidad de conocer a los cachorros de la CNTC en acción. 
“La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico” Ese proyecto que me hubiera encantado que existiera en aquel momento en el que yo vivía bajo la protección de las alas de Zampanó Teatro. Me parece una oportunidad maravillosa poder formar parte de la cantera de semejante compañía. Poder trabajar textos clásicos y hacerlo en escenarios como este o el del Festival de Almagro, por poner solo un par de ejemplos, y dirigidos por profesionales de la talla de Carlos Marchena. Vamos, todo un lujo para quien quiera dedicarse a la interpretación.
“La Noche Toledana” es un texto muy divertido, lleno de enredos y amoríos al mas puro estilo del autor. Con montones de personajes que se cruzan y entrecruzan llenando la trama central de pinceladas y momentos cómicos que juegan a confundir y despistar a sus participantes, locos de amor o deseo, dependiendo de quien y a quien miren. Mientras que nosotros, los espectadores, somos siempre cómplices de las argucias y manipulaciones de la despechada protagonista hacia su amado y el criado de este, tan bien llevados por los estupendos Natalia Huarte, Francisco Ortiz y Jonás Alonso.
En este función se ha querido jugar con una adaptación que tuviera cierta contemporaneidad en el vestuario y en la escenografía e intentar acercarse mas a un público que normalmente rechaza este tipo de teatro. Muy acertado el juego de puertas y módulos que nos trasladan desde una posada toledana, llevada por una divertida y atemorizante Sole Solís, a los tejados de esa misma ciudad que celebra su famosa fiesta del Corpus.
Un montaje llevado al límite, que busca en sus personajes una vuelta de tuerca mas para provocar la carcajada del público, como es el caso de ese magnífico Manuel Moya y su deliciosamente sobreactuado Capitán Acevedo o Julia BarcelóObjetivo que logran los actores en casi todos los casos, aunque en otros se nota demasiado la trampa y eso impide que entremos con las mismas ganas en su juego, dejándonos con la sensación de que a lo mejor se podía haber prescindido de algún personaje; eso sí, no es algo que empañe el buen hacer de la gran mayoría, que conectan con el sentido mas divertido de esta comedia disparatada y enloquecida, que podría ser perfectamente el origen de esa idea que todos tenemos del Camarote de los Hermanos Marx, y que hizo que pasara casi dos horas disfrutando con entusiasmo de unas interpretaciones que transmitían ganas y muy buen hacer.
Foto de Ceferino López
Quizá caiga en la pesadez y en la pedantería cada vez que ensalzo la buena dicción y la proyección en los actores, pero me parece algo tan esencial y a la vez tan escaso en muchas producciones, que cuando lo descubro en algún montaje no puedo dejar de destacarlo y aplaudirlo. Es una gozada escuchar voces claras y potentes, que llenan un teatro entero, y que provocan el interés en lo que nos están contando tanto en los espectadores de la primera como de la última fila, y que dicen el verso de una manera tan maravillosa. De verdad, aunque suena a pedantillo y algo rancio, es algo que me hace echarme hacia adelante en mi butaca y disfrutar con todas las ganas del mundo de un trabajo actoral en condiciones.
Cuando la función terminó sentí que el gusto con el que me había quedado era el de haber vivido el espíritu de un corral de comedias a la antigua usanza, con la sensacion de haber disfrutado de una buena función y un equipo en sintonía y con ganas de dar lo mejor. Así da gusto regresar una y otra vez al Pavón y quedarme embobado con su magia.
¡Qué bien ver que la nueva camada del clásico apunta maneras!