Titulo:

Sagrado Corazón 45

Lugar:
La Casa de la Portera

Autor:
José Padilla

Elenco:
Ana Vayón (Dorotea)
Rocío Calvo (Remedios)
José Luis Patiño (Jacobo)
José Luis Torrijo (Fidel Betanzos)
Aitor Luna (Alejandro Moyano)
Asier Etxeandía (Hector Reina)
Delia Vime (Lucía Barrios)

Creación Sonora:
Mariano García

Vestuario:
Almudena Rodríguez Huertas

Producción:
Factoría Madre Constriktor
Estudio Juan Codina

Dirección:
Eduardo Mayo
José Padilla


Uno entra en La Casa de la Portera y se transforma. Al traspasar el umbral da la sensación que cambia hasta el aire que uno respira, como si la rutina de nuestro día a día se quedara aparcada en la acera de la Calle Abades, dejándonos libres para poder empaparnos a conciencia de la atmósfera que allí reina.
Tiene una personalidad tan potente que uno siente que está sumergido en la experiencia que se está por vivir desde el mismo momento que retiramos las entradas.
No he podido acudir tantas veces como me hubiera gustado, pero las veces que he ido ha sido movido por una curiosidad casi incontrolable y confieso que he salido de allí transformado.
Dos han sido los motivos por los que he ido a ver “Sagrado Corazón 45”. 
El primero es la admiración por el trabajo que realiza el dramaturgo José Padilla; ya han sido tres las funciones suyas que he podido ver y aún estoy por saber cómo definir su estilo (tampoco quiero); cada una ha tenido un aire totalmente diferente a la anterior y no saber qué es lo que me voy a encontrar cuando voy a ver algo suyo es lo que mas me gusta de él. Admiro su capacidad para sorprendernos con sus creaciones. De ese maravilloso “Enrique VIII” que ahora regresa a la capital, pasando por el monólogo “En el cielo de mi boca” a esta nueva experiencia que es “Sagrado Corazón 45”, nada que ver unas piezas con otras y todas con un gran resultado.
El segundo motivo era el deseo de poder ver interpretar a Asier Etxeandía a un palmo de distancia, sentir ese torrente de energía actoral tan cerca no es algo que se pueda permitir uno todos los días y dejarlo pasar sería cuanto menos… “malfatal”.

La función viaja por tres momentos clave dentro de nuestra historia; el comienzo de la transición española, la resaca de las Olimpiadas de Barcelona en el 92 y el momento de crisis actual. Tres momentos que albergaron y albergan cambios radicales llenos de temores e inseguridades, tanto a nivel global como a nivel individual, temores que nos transforman y nos hacen actuar de una manera que ni nosotros mismos esperamos, como si “algo” nos moviera involuntariamente a hacer cosas que no necesariamente deseamos.
No me gustaría desvelar mucho de las cosas que suceden en la dirección que da título a la obra porque eso sería estropear la sorpresa de vivir esta experiencia en primera persona. Eso sí, no se me ocurre un lugar mejor para ser representada que en “La Casa de la Portera”, de hecho creo que es una pieza impensable fuera de estas paredes, la atmósfera conseguida es imposible de lograr en un teatro al uso. Así que creo que el día que finalicen las funciones, tan solo quedará el recuerdo impreso en sus habitaciones, como esas presencias o energías que nunca nos abandonan del todo…

Eduardo Mayo y José Padilla logran que los espectadores permanezcamos clavados en nuestros asientos durante todo el tiempo que dura la historia, manteniéndonos con la boca entreabierta y los ojos inquietos, esperando que tras las puertas de esta casa pueda suceder cualquier cosa. Encerrados en esas habitaciones se genera la misma intranquilidad colectiva que se crea cuando se cuentan historias de miedo, uno se vuelve susceptible ante cualquier agente externo que perturbe el instante, se siente vulnerable, inseguro ante lo desconocido, ante lo que se intuye detrás de las paredes y esa es la baza que tan inteligentemente juegan directores y actores en esta versión en vivo y en directo de lo que podría ser perfectamente un episodio de aquellas memorables “Historias para no dormir” (Hasta el cartel me lo recuerda). La ambientación de las épocas, los sonidos, el texto, los actores, todo está elegido con sumo cuidado para que uno trague el anzuelo sin problema y se entregue de lleno a la propuesta.
El reparto al completo hace un gran trabajo para llevarnos de la mano por este divertimento poseedor de un trasfondo mucho mas crítico del que en un principio se puede esperar, al que hace referencia el propio Eduardo Mayo en el programa de mano. Una lectura mas profunda sobre el peligro de quedar aislado en nuestra propio entorno frente al temor que el poder inyecta a la población ante los cambios que se generan en el exterior…
Desde ese comienzo tan perturbador protagonizado por una Ana Vayón impresionante, junto a mi admirada Rocio Calvo y José Luis Patiño, pasando por unos estupendos Aitor Luna y José Luis Torrijo hasta llegar a Delia Vime y Asier Etxeandía que cierran la historia con una serie de oscurisimos fuegos artificiales que no dan tregua hasta que llega el momento de los aplausos finales.

Disfruté como un niño pequeño dejándome llevar por esta historia que es como montar en “El Tren Fantasma”, que no sabes si mirar con los ojos como platos o entornarlos y mirar por entre los dedos porque no sabes qué va a suceder al torcer en el siguiente recoveco y del que uno sale con una sonrisa enorme de excitación y satisfacción. Y si a eso le añades poder tener al alcance de la mano un reparto como este, no queda mucho mas que decir para recomendarlo sin dudar un instante.
“Sagrado Corazón 45” es como esos caramelos que tiene dentro “pica-pica”, que uno saborea con ganas, incluso salivando en exceso y que siempre quiere que dure mas porque sabe a poco.