Hoy, día 27 de Marzo, se celebra el Día Internacional del Teatro. Un día que todos los que lo amamos debemos conmemorar y defender; da lo mismo desde el lugar que lo hagamos, desde encima del escenario, una butaca, entre cajas, desde la mesa de luces o de sonido… El teatro es nuestro nexo de unión y tenemos que luchar unidos por preservarlo.
Últimamente se respiran aires putrefactos que intentan defenestrarlo. Algunas voces se han levantado en su contra, intentando que vuelva a ser algo detestable, lleno de personajes repudiados por la sociedad en vez de ser una puerta abierta hacia el conocimiento, hacia la libertad de expresión, pero sobretodo algo que se hace por y para el pueblo. Que nos da alas.
Es el momento de alzarse, cada uno desde su posición, y luchar por limpiar su nombre, de evitar que la palabra “cómico” sea utilizado de manera despectiva o como insulto. Luchar por mantenerlo a flote, que vuelva a ser aquello que los “poderosos” temían porque removía conciencias, porque descubrían nuevas vertientes de pensamiento que hasta el momento habían sido vetadas a las clases mas deprimidas. Que vuelva a estar al alcance de todos. Y si no se consigue porque siguen pisoteándolo, pelear y usarlo como látigo que agite conciencias, desde los lugares donde menos esperen encontrárselo y desde ahí volver a ganar terreno para volver a ocupar el lugar que se merece.

El dramaturgo y Premio Nobel Dario Fo ha sido el encargado este año de escribir el manifiesto que conmemora este día y lo expresa con toda claridad:

“Hace mucho tiempo, el poder tomó una decisión intolerante contra los cómicos, a los que expulsaron del país. Actualmente, actores y compañías teatrales tienen dificultades para encontrar escenarios públicos, teatros y espectadores, todo por culpa de la crisis.

Los dirigentes, por lo tanto, ya no está preocupados por controlar a aquellos que los citan con ironía y sarcasmo, ya que no hay sitio para los actores, ni público al que dirigirse.

Por el contrario, durante el Renacimiento, en Italia, los que gobernaban tuvieron que hacer un esfuerzo imporante para mantener a raya a los cómicos, pues reunían a un público abundante.

Se sabe que el gran éxodo de actores de La Commedia dell’Arte tuvo lugar en el siglo de la Contrarreforma, cuando se decretó el desmantelamiento de todos los espacios teatrales, especialmente en Roma, donde fueron acusados de ofender a la ciudad santa. En 1697, el Papa Inocente XII, bajo la presión de insistentes requerimientos del sector más conservador de la burguesía y de los máximos exponentes del clero, ordenó la eliminación del Teatro Tordinona que, según los moralistas, había acumulado el mayor número de representaciones obscenas.

En la época de la Contrarreforma, el cardenal Borromeo Carlos, que estuvo activo en el norte de Italia, se consagró a la redención de los niños milaneses, estableciendo una distinción entre el arte, como máxima expresión de educación espiritual y el teatro, como manifestación profana y vanidosa. En una carta dirigida a sus colaboradores, que cito de memoria, se expresa más o menos así: “Los que estamos a favor de la erradicación de las malas hierbas, hemos hecho lo posible por quemar textos que contienen discursos infames, para extirparlos de la memoria de los hombres, y al mismo tiempo perseguir a todos aquellos que divulgan esos textos impresos. Evidentemente, mientras dormíamos, el diablo maquinó con renovada astucia. ¡Hasta qué punto es más punzante en el alma lo que los ojos pueden ver que lo que puedan leer en los libros de ese género! ¡ Hasta qué punto es más devastador para las mentes de los adolescentes y de los niños la palabra hablada y el gesto apropiado que una palabra muerta impresa en un libro! Por lo tanto, urge expulsar de nuestras ciudades a esas gentes del teatro, como ya hicimos con las almas indeseables”.

Por lo tanto, la única solución a la crisis se basa en la esperanza de que se organice una gran caza de brujas contra todos nosotros y especialmente contra la gente joven que desea aprender el arte del teatro: una nueva diáspora de cómicos que, desde tal imposición, sin lugar a dudas, provocará beneficios inimaginables para el bien de una nueva representación”.

¡Feliz día del Teatro! ¡Viva el teatro! (Y si puede ser con un 13% menos de IVA como mínimo, mejor que mejor)