Título:
El Lindo Don Diego

Lugar:
Teatro Pavón

Autor:
Agustín Moreto

Elenco:
Javivi Gil Valle (Don Tello)
Raúl Prieto (Don Juan)
Rebeca Valls (Doña Inés)
Natalia Hernández (Doña Leonor)
Carlos Chamorro (Mosquito)
Vicenta Ndongo (Beatriz)
Edu Soto (Don Diego)
Cristobal Suárez (Don Mendo)
Óscar de la Fuente (Criado)

Escenografía:                             Vestuario:                              Iluminación:
Paco Azorín                               María Araújo                       Pedro Yagüe

Versión:                                      Dirección:
Joaquín Hinojosa                      Carles Alfaro

Confieso que a veces las parafernalias excesivas me atraen de manera desmedida. Soy como los pequeños insectos que acuden a las luces brillantes y se ponen a revolotear alrededor. No me importa admitirlo, es algo que me sucede de siempre y me va a seguir pasando. En cuanto veo algo que es excesivo me apetece verlo.
Pues algo así es lo que me sucedió con esta función, con “El Lindo Don Diego”, vi fotos de lo que iba a ser el montaje y desde ese momento ya quise asistir a una de las representaciones. No sabía muy bien de qué iba la función, pero sentía que me apetecía verla por descubrir que mas había ahí a parte del envoltorio. Siento que todo suene tan superficial, pero si os dijera lo contrario, estaría mintiendo con un bellaco. Pasado el momento de deslumbramiento, ya me fijé en el reparto que tenía y me apeteció aún mas.
Felicito desde aquí a la gente de marketing porque conmigo han conseguido provocar el efecto deseado.
“El Lindo Don Diego” es una función que disfruté desde el mismo momento en el que dio comienzo. Un texto adaptado por Joaquín Hinojosa, comprensible desde el principio. Con un verso y unas rimas sencillas, personajes muy bien dibujados y una trama interesante de seguir y muy divertida. 
Todo gira alrededor de Don Diego, personaje que vive una realidad paralela a la del resto de personajes. Vive inmerso en un narcisismo galopante que le ciega ante los verdaderos hechos que se van sucediendo a su alrededor. Tanto es así que el resto de personajes, encorsetados en las normas de obediencia de la época, se las tienen que ingeniar para conseguir convertir en ventaja lo que en un principio les juega a la contra.
Una delicia de función que gracias a la dirección de Carles Alfaro, lleva un muy buen ritmo en los acontecimientos y que hace que el espectador permanezca divertido en su butaca.
Ciertamente, como dice en el programa de mano el propio Joaquín Hinojosa, los personajes se ciñen a la obediencia jerárquica, sin salirse de la norma. Sin embargo hay en sus palabras cierta visión que resulta muy actual, en sus comportamientos, en sus pensamientos… Eso hace que el espectador se sienta mas identificado o, en cierta forma, reconfortado ante la posible nebulosa en la que uno tiende a perderse por momentos a causa del verso.
Al comienzo de la crónica me declaraba amante de los excesos y en esta función hay ración doble de ellos, aunque tan sumamente cuidados que es un placer deleitarse con ellos. Me parece muy acertado el contrapunto entre lo recargado del vestuario de María Araújo, con la sobriedad, tanto de la iluminación  de Pedro Yagüe como la escenografía de Paco Azorín, que juegan con la limpieza escénica y los diferentes planos; haciendo que el foco recaiga en el lugar exacto donde el director requiere nuestra atención, y haciendo que la trama baile entre pasarelas oscilantes, escaparates y espejos, que sitúan al espectador en diferentes planos, incluso colocándonos en ambos lados de esos espejos en los que los personajes juegan a ser lo que no son o a admirarse de lo que creen que son. Espejo que finalmente devolverá un reflejo doloroso y desestabilizador como lección moral a su protagonista.
Muy agradado de descubrir a Edu Soto y a Carlos Chamorro fuera de sus facetas televisivas, Edu Soto nos dibuja a la perfección un Don Diego que lleva con mucha delicadeza el amaneramiento de su personaje sin dejarle caer en lo afeminado e interpretándolo con muy buena mano y Carlos Chamorro hace de su Mosquito un maravilloso personaje de gracioso que nos conduce al espectador por una trama urdida con gran inteligencia y por el que nosotros nos dejamos llevar con ganas. Trabajo muy destacable también el de Raúl Prieto con ese atormentado Don Juan y Cristobal Suárez con la serenidad de su Don Mendo, acertadísimos ambos en sus papeles y ya con ganas de disfrutarlos en otros nuevos proyectos.
Salí encantado con las maravillosas interpretaciones de las tres mujeres del reparto, Natalia Hernández que es un auténtico bicho de escenario y a la que siempre es un gusto ver y escuchar como dice el texto. Vicenta Ndongo que arrasa la escena con su energía y de la que me encantó la forma de jugar su Beatriz y Rebeca Valls que hace que su Doña Inés traspase al patio de butacas con un humor que roza el exceso, pero que sin embargo fluye con naturalidad. Las tres me provocaron las ganas de que volvieran a escena una y otra vez.
No puedo dejar sin mencionar a Óscar de la Fuente, que aunque su personaje aparente poco peso dentro de la trama, él hace que siempre esté brillando y dando su punto de vista, ¿qué sería de Don Diego sin la nebulosa de perfume en la que es bañado incansablemente por su criado mientras este opina con su mirada y su actitud sobre todo lo que sucede alrededor?
Quizá Javivi es de todos ellos el que quede mas gris dentro del conjunto, puede que debido al papel que le ha tocado en suerte.
En definitiva, este es un muy buen montaje, hecho con muchísimo gusto e interpretado por un equipo de actores que hacen del verso algo cercano y apetecible. 
Ahora terminan en Madrid tras un gran éxito, pero  recomiendo que todo el que pueda se acerque a verles al Festival de Teatro Clásico de Almagro que es su siguiente fecha.