Título:
Yerma

Lugar:
Teatro María Guerrero

Autor:
Federico García Lorca

Elenco:
Silvia Marsó (Yerma)
Marcial Álvarez (Juan)
Chema León (Víctor/Máscara Macho)
Eva Marciel (María)
Roser Pujol (Dolores)
María Álvarez (Vieja Pagana)
Rocío Calvo (Cuñada 1)
Asunción Díaz Alcuaz (Cuñada 2)
Teresa Quintero (Lavandera 2 y 3/Mujer)
Mona Martínez (Lavandera 4/Muchacha 2)
Soleá Morente (Lavandera 5/Hembra)
Paloma Montero (Lavandera 6/Muchacha 1)
Emilio Gómez (Hombre 1)
Antonio Escribano (Hombre 2)

Escenografía:                                           Iluminación:                                     Vestuario:
Mónica Boromello                                 Juan Gómez-Cornejo                      Almudena Rodríguez

Coreografía:                                           Música:                                              Dirección:
Marta Gómez                                        Enrique Morente                             Miguel Narros

Han pasado meses desde que escuché que Miguel Narros iba a llevar a las tablas la “Yerma” de Lorca, así que permanecí alerta para no dejarlo pasar. 
Tenía muchas ganas y muchas esperanzas puestas en este montaje.
No voy a venir ahora a descubrir a nadie que tener la oportunidad de ver un texto de Federico García Lorca es algo especial y esencial. Su forma de bailar la realidad con la poesía y la tradición no tienen igual; la riqueza de sentimientos, la forma de plasmar la vida cotidiana, el costumbrismo de los seres que pueblan su imaginario, es algo que todos debemos sentir en la piel. Su forma de contar tiene una mezcla de esa inocencia de la época, con la tragedia y el desgarro del sentimiento en estado puro… pero también es verdad que es complejo saber llevarlo a buen puerto. Creo que es muy complejo saber trasladar ese desgarro y esa pasión sin caer en el exceso o en la ñoñería. 
Lamentándolo mucho, este montaje no consigue hacer justicia a la “Yerma” que Lorca quiso mostrarnos.
Hay un grave problema en el reparto y en la dirección. Hay una descompesación entre los protagonistas y los secundarios tan grande que es imposible salvarla de la quema. 
Pienso que Silvia Marsó, en su opción para interpretar a Yerma, peca de excesiva y forzada. En ningún momento creí en su alegría inicial y mucho menos en su dolor, tristeza y desesperación final; todo me pareció forzado y provocado para llegar a dar un resultado. La sensación que me queda es que su interpretación en absoluto salía de las entrañas, cuando pienso que Yerma es todo entrañas. 
La propuesta de Miguel Narros lleva a la actriz a una sobreactuación constante, con una energía tan excesivamente alta y artificial, que a los pocos minutos de función llega a exasperar… Supongo que al haber situado a Silvia Marsó tan arriba hace que Marcial Álvarez y Chema León queden grises en sus interpretaciones…
Punto y a parte son las intervenciones de los personajes secundarios que elevaban el nivel de interés de la obra. Creo que las escenas corales salvan este montaje del desastre y logran un tono costumbrista que al menos a mi no me defraudó. Dan una atmósfera mucho mas propicia para lo que estamos viendo que las escenas mas íntimas del personaje central. 
Todas las actrices están correctas y estoy convencido que hubieran brillado mas en otras circunstancias. Como sucede con Eva Marciel, María Álvarez y Roser Pujol, que en el momento que las dejan saben cómo hacer para ganar nuestra atención. 
Un apunte personal; una verdadera lástima no poder disfrutar  mas de Rocío Calvo, después de verla en Iván-Off creo que está totalmente desaprovechada en esta función.
La escenografía de Mónica Boromello, llena de simbología, nos promete paso a esas entrañas de Yerma de las que hablaba mas arriba. Los contrastes entre la fertilidad del agua y la aridez de la tierra está permanentemente presente y muy bien reflejados, sirviendo para el buen transcurrir de los cuadros, aunque confieso que la artificiosidad de las texturas empleadas para crear los elementos de la escenografía, no me llegaron a convencer… Le daban un aire de irrealidad que no se si era lo mas acertado para un texto tan terrenal; quizá la misma idea con unos materiales mas naturales hubieran funcionado mejor… Cuestión de gustos.
Si me quedo con algo de este montaje, a parte de las escenas corales ya mencionadas, sería con la música de Enrique Morente, sencillamente preciosa y llena de sentimiento y tradición. La verdad que me gustaría recuperarla para disfrutarla mas allá de esta función.
Un montaje fallido y aburrido que me hacen esperar con ganas el volver a ver este personaje sobre las tablas y sacarme este sabor amargo con el que me he quedado.