Título:
Cabaré de Caricia y Puntapié

Lugar:
Teatro Alfil

Elenco:
Carmen Barrantes (Doris)
Jorge Usón (Boris)

Vestuario:
Marie-Laure Bénard

Coreógrafa:
Blanca Carvajal

Diseño Luces:
Carlos Samaniego   

Escenografía:
Manolo Pellicer

Autor canciones:               Arreglos musicales:                Traducción y direccíon:                      
Boris Vian                        Miguel Ángel Remiro          Alberto Castrillo-Ferrer

Es una sensación extraña esta de acudir a las salas sin saber muy bien a lo que te vas a enfrentar… Bueno, lo de “enfrentar” no suena del todo bien, creo que no se ajusta a la actitud que suelo llevar cuando acudo al teatro; casi mejor podría utilizar el término “compartir”, le viene mucho mejor. El caso es que es muy interesante lo de dejarse llevar e ir desgranando lentamente el espectáculo, tratando de encontrarle el sabor que te están ofreciendo.
Si echáis un vistazo a las funciones que he ido viendo desde que comenzamos el año, la intensidad de (prácticamente) todas ellas es abrumadora, con lo que encontrar un remanso de risas y entretenimiento por el camino, es de agradecer.
Desconocía por completo la obra de Boris Vian, no sabía de su trayectoria ni de sus creaciones, y el pasado Jueves quedé encantado de que la compañía “El Gato Negro” me lo diera a conocer de esta manera. Acudí al Teatro Alfil sabiendo únicamente que el espectáculo había ganado el Max al Mejor Espectáculo Musical del 2010 y que tenía un tono cabaretero, pero por lo demás… nada de nada…
Confieso que al comienzo estaba un poco confundido, casi me sentía perdido, todo en la función iba por buen camino. Una presentación de personajes, un “tiento” para que se sepa el tipo de espectáculo que se nos ofrece y los primeros chistes… Como digo, todo en orden, pero a mi me daba la sensación, por la reacción del público, que algo se me estaba escapando… Creo que fue a causa del frenesí en el que se encontraba la sala ya antes de comenzar la función. Estoy encantado de ser invitado a los estrenos y poder ver casi en primicia los espectáculos, pero no considero que ese sea el público que de un punto de vista “real” a lo que se va a ver, parece que siempre peca de exceso, para bien o para mal, pero bueno, para eso ya estamos cada uno, para saber abstraernos y formarnos nuestra propia idea sin dejarnos llevar por la reacción del resto. Eso sí, viendo el entusiasmo de todo el mundo, uno se podía hacer una idea de que el espectáculo ya venía precedido de una buena cantidad de gente que lo apoya.
Una supuesta conferencia sirve como excusa para que Alberto Castrillo-Ferrer, director del espectáculo, nos ofrezca algo mas de una docena de personajes interpretados por tan solo dos actores. Jorge Usón y Carmen Barrantes. Personajes disparatados, caricaturescos, tiernos, inocentes, algo truculentos, casposos, violentos, pero sumamente atractivos. Un montaje lleno de un ritmo frenético y aparentemente desordenado, que está montado con muchísima inteligencia y buen gusto. Las canciones de Vian han sido traducidas y adaptadas al espectáculo por Miguel Ángel Remiro y el propio director, acercándonos al público de a pie la obra de este autor francés que retrató al ser humano con sus gracias y sus miserias, dentro de un caótico cabaret que te engulle desde el mismo comienzo.
“Cabaré de Caricia y Puntapié” está cargado de muchísimo humor y de muy mala leche; en muchos momentos me llegaron a recordar a esos espectáculos de marionetas donde los personajes entran y salen a un ritmo endiablado, que se golpean unos a otros, se insultan, se maltratan y, sin embargo, hacen las delicias de los niños, solo que ahora estos mismos personajes estrambóticos plantean situaciones adultas y mucho mas crudas, pero siguiendo con ese código que supongo, nuestro subconsciente identifica y hace que nos carcajeemos sin remedio y sin importarnos si es políticamente correcto o no… ¡incluso deseando que no lo sea!

El punto fuerte del espectáculo es el trabajo de los dos actores. Jorge Usón y Carmen Barrantes que son puro exceso y ternura. Realizan un tour de force que te deja exhausto tan solo de contemplarlo. Un trabajo enorme, lleno de personalidad y de ganas, tan bien calculado que hasta quedan perfectos dentro de este universo de cartón, pluma y bombillas que es su cabaret. Son tan divertidos y se ofrecen con tanta valentía que es imposible no querer quedarse mas tiempo con ellos.
Desde luego que lo recomiendo a todo aquel que quiera carcajadas a ritmo de bofetadas. Y porque ahora que han conseguido programar en Madrid, que a veces ni nos planteamos lo difícil que es esto, ¡merecen que vayamos a visitar su cabaret!