Título:
Silenciados

Lugar:
DT Espacio Escénico

Autor:
Gustavo del Río

Elenco:
Juan Caballero (Prisionero 1895)
Pedro Martín (Octavio Acuña)
Dani Gara (Jesús Prieto)
Jonathan Fernández (Paulina)
Nicolás Gaude (Mateo Rodríguez)

Vestuario:
Reyes Eguilor

Diseño Iluminación:
Gustavo del Río y Daniel Ruíz

Dirección:
Gustavo del Río

Hablar de “Silenciados” como una función de teatro o calificarla como un espectáculo de danza es quedarse corto, es quedarse con un solo fragmento de lo enorme de su contenido. Creo que “Silenciados” es una expresión en si mismo, un grito, un toque de atención, una mirada, casi un ente que se mueve y respira de forma autónoma, sin atender a géneros, etiquetas o lenguajes. Es un espectáculo que nace para ser sentido, respirado, para que duela…
Uno entra en la sala y no sabe muy bien lo que se va a encontrar, conoce la temática, ha oído hablar, pero no se hace una idea clara de lo que estos 5 artistas están por ofrecer. Y es así como verdaderamente se vive “Silenciados”.
Sin contar mucho, porque espero que siga teniendo mucha mas vida de la que ya ha tenido a lo largo de estos seis años de andadura; puedo decir que “Silenciados” nos habla de la represión que han vivido algunos seres humanos por el mero hecho de intentar vivir su sexualidad con la misma naturalidad con la que la vive cualquier persona. Un duro paseo por diferentes épocas y lugares donde siempre ha habido personas que por desgracia han sido víctimas del desconocimiento y del miedo.
Un montaje ideado por Gustavo del Río, para Sundhum Teatro, lleno de belleza, de plasticidad; donde se nota el compromiso de la compañía y las ganas de abrir una brecha por la que asomarse y descubrir como parece que nuestra naturaleza tiende a intentar destruir todo aquello que no comprende.
Este es de esos pocos montajes que yo recomendaría ser visto por todo el mundo al menos una vez; que todos acudieran a verlo y se dejaran salpicar por su sencillez, por esa simplicidad que hay en su puesta en escena pero que, sin embargo, golpea contundentemente y que muestra sin velos la violencia, la incomprensión y el sufrimiento de personas que lo único que quisieron (y quieren) en sus vidas es ser ellos mismos.
Cinco actores que arriesgan y se dejan, literalmente, la piel en escena. Es precioso ver como conectan y dan todo para enriquecer el trabajo del compañero que en ese momento tiene el protagonismo.
Se lanzan de cabeza hacia unos personajes y unas situaciones que requieren mucha valentía y honestidad para lograr verdadera credibilidad y que conecten como conectan con el espectador que, en el caso de la sala DT, se encuentran a muy poca distancia. Sentí el miedo, la impotencia, la incomprensión, el dolor, la amargura, de todos ellos como si fuera mía.
Confieso que me parece fascinante, y admirable, ver cómo hay actores que se entregan de esta manera. Se nota que creen en la propuesta y luchan por ella; pienso que de otra manera no sería posible sacar adelante algo como “Silenciados”.
Hay momentos que me parecieron brillantes por su sinceridad, como esa crítica hacia ciertos sectores del propio colectivo gay, porque también hay mucho que criticar de puertas hacia dentro… o momentos llenos de poesía, como la coreografía y posterior caída de esa delicia que es Paulina, o la tortura del preso de Auschwitz con su momento de éxtasis/agonía, e incluso ácidos y arriesgados como el final de Jesús Prieto.
Creo que es un montaje que hace falta, que tiene que ser representado para concienciar, para aprender y conocer, que debe tener su vida dentro de festivales de temática LGTB porque su lenguaje se sale de esa “profundidad” y decadencia o frivolidad en la que se suele caer cuando se toca el tema de la homosexualidad y además, salir de ese “armario” que pueden suponer salas que se encuentran ubicadas en barrios gays. Es un montaje que a mi personalmente me gustaría que llegara a todo tipo de público, porque aunque parezca que no, es muy necesario.