Título:
La Indagación

Lugar:
Teatro del Arte

Autor:
Peter Weiss

Elenco:
Pedro Aijón
David Alonso
Carolina Andrés Orellana
Juanjo Aranguren
Lucía Barrado
Mamen Camacho
Lucía de la Fuente Gallego
Carlos Martos de la Vega
Alex Domínguez

Creación Sonora Original:           Vestuario:           Escenografía:            Iluminación:
Mariano García                          Sofia Nieto         Mónica Teijeiro       Miguel A. Camacho

Producción:                                Dramaturgia y dirección:
Efímero Teatro                          Charo Amador

El Jueves Efímero Teatro me dio la oportunidad de poder asistir al estreno de “La Indagación” de Peter Weiss en el Teatro del Arte. Una noche llena de primeras veces. Primera vez que asisto a Teatro del Arte, antiguo Teatro de Cámara que vuelve con nueva identidad y lavado de cara. Mi primer textro de Peter Weiss; y la primera vez que veo en escena a la gente de Efímero Teatro. 
Aunque parezca una bobada, estas cosas a mi me gusta tomármelas como pequeños regalos que me da este blog, es maravillosa la sensación de que se abran posibilidades de seguir descubriendo y extraer sentimientos y aprendizajes de esos descubrimientos.

“La Indagación” es una dramatización de los procesos judiciales que tuvieron lugar en Frankfurt entre los años 1963 y 1965 contra los oficiales Nazis y los responsables de los campos de Auschwitz; dividida en ocho cantos que exponen sin ningún tipo de edulcorante todas las experiencias vividas por todas aquellas víctimas que sobrevivieron a esa barbarie.

Este trabajo que nos propone Charo Amador, directora del montaje, toca diferentes lenguajes teatrales, los mezcla y los separa a su antojo, acercándonos un mosaico de personas del pasado para hablarnos de una forma descarnada, sin velos, sobre uno de los peores episodios de nuestra historia mas actual.
Los actores nos hablan desde el escenario, utilizan la voz para remarcar el dolor de las experiencias y para cuando la voz se ahoga, pero quedan muchas cosas mas que decir, utilizan el movimiento; dibujando con él lo que el texto de Weiss es incapaz de decir porque es imposible transformarlo en palabras.
Es un texto muy duro de representar. No hay a penas una dramatización, por así decirlo, de lo que se cuenta. Son testimonios dichos sin aspavientos, sin ademanes de ningún tipo. Y que sin embargo calan hondo. No sé si es por el hecho de saberlos reales o porque simplemente uno no puede creer que nadie haya podido experimentar algo así… pero el texto es una sucesión de visiones a cada cual mas dolorosa y angustiosa. Ahora mismo intento recordar algún momento en el que haya podido sentir tanta repulsión viendo una obra de teatro y no logro encontrarla; hubo momentos que casi me sentí enfermo de escuchar, daban ganas de taparse los oídos y dejar aquello, pero por otro lado era imposible no dejarse arrastrar y atender a todo lo que se cuenta, la curiosidad es infinita y a veces vergonzosamente sorprendente. Las gradas se llenaron de una tensión casi palpable, a penas si había sonido de respiraciones, y es que creo que casi todos estábamos sobrecogidos por la propuesta.
A todo esto lo enmarca un sonido, unas luces y una escenografía muy acordes con lo que se cuenta, aportando pinceladas que nos ayudan a rememorar y sentir la crudeza y el dolor vividos. La frialdad, la soledad, la injusticia, la muerte… son palpables con todo realismo.
El reparto me sorprendió muy gratamente, bastante equilibrado. En el momento que la función comenzó, mi primer pensamiento fue “¡Qué gusto de voces!”, aplaudo una dicción tan buena y una  proyección tan cuidada y es que es un placer poder disfrutar de un texto con tanta claridad y tan bien trabajado. Además de la complejidad de sus extensos y sangrantes parlamentos. 
Mucha energía y compromiso, y algunas interpretaciones muy brillantes como las conseguidas por David Alonso y Carlos Martos de la Vega, que me sorprendieron con esa capacidad de transformación en escena y que confieso que consiguieron aterrorizarme con alguno de sus personajes o Mamen Camacho que consigue momentos desgarradores y de erizar el alma… No quiero que se piense que los demás hacen una labor “menor” en la función, todos ellos aportan una humanidad (para bien y para mal) a los personajes de Weiss que hacen que merezca la pena vivir la experiencia y poder disfrutar del conjunto. Cinco actores y cuatro actrices que se lanzan de cabeza, comprometidos con lo que hacen y que abordan un trabajo arriesgado, pero bien ejecutado. Dos hornadas de alumnos de la RESAD que ojalá no dejemos de ver en los escenarios porque creo que tienen mucho que ofrecernos.
Y llegado a este punto, voy a decir mis tres “peros”, el primero es mas para la sala que para la función. Esa segunda fila a la misma altura que la primera, es muy incómoda para poder ver… Creo que deberían encontrarle una solución para futuros montajes, espectador incómodo es espectador que no atiende como se debería, y es una pena que la culpa de eso la tenga una butaca y no lo bien o mal ejecutado que esté el montaje.
El segundo “pero” es quizá la edad de algunos personajes y la de los actores, quizá juegue un poco en su contra para darle mas veracidad, aunque este es un “pero” dicho con la boca chica porque sus interpretaciones no tienen pega alguna.
Y el último es para el texto, que llegando al final cae un poco en la repetición de momentos, haciéndose algo largo.
Por lo demás, yo recomendaría con entusiasmo el ver esta obra y escuchar todo lo que en ella se dice y sobretodo como se dice. 
Un montaje muy duro, pero hecho con mucho gusto y con compromiso, donde se notan las ganas de hacer teatro y de encontrar nuevos lenguajes que mostrar a quien quiera ver.
Hay momentos en los que uno debe ser golpeado con la crudeza del ser humano y empaparse de la historia para intentar de la forma que sea, no caer de nuevo en los mismos errores.
Están poquitos días, no dejéis pasar la ocasión.