Título:
Babel

Lugar:
Teatro Marquina

Autor:
Andrew Bovell

Elenco:
Aitana Sánchez-Gijón
Pilar Castro
Pedro Casablanc
Jorge Bosch

Adaptación:
Pedro Costa

Escenografía:
Eduardo Moreno

Iluminación:
Felipe Ramos

Dirección:
Tamzin Townsend

La semana pasada hablaba de sentarse en la butaca y dejarse llevar por lo que se nos ofrece en escena, pero hay otras veces que lo que apetece también es entregarse a la dificultad de un texto que te exige estar atento a todo lo que acontece en escena, para poder hilar la historia y conseguir completar un puzzle de situaciones y personajes… Tanto una cosa como otra es estimulante para el espectador y ahí radica parte de la belleza del teatro, las mil y una maneras de contar las cosas.

En “Babel” de Andrew Bovell, se nos propone un juego complejo desde el que ir atando cabos, uniendo piezas, para poder encontrar la posible solución al problema que se nos plantea.
Como espectador me enfrentaba a este texto sin conocer nada de él, tan solo algunos comentarios que había oído sobre su complejidad, sin mas. Y la verdad, creo que ha sido mejor así, ir sin influencia alguna para dejarme calar por la historia y los personajes sin que nada interfiera, ni juicios ni prejuicios…
Los montajes de Tamzin Townsend que he ido viendo a lo largo de los años siempre me han dejado un buen sabor de boca, mas allá de que haya cosas que me convenzan mas que otras, pero el resultado final siempre ha sido positivo… Supongo que es por ello que sigue siendo un nombre constante dentro de la cartelera de nuestra capital. El caso es que el encaje de bolillos que ha hecho con esta función se supera a los anteriores trabajos.
Una escenografía en dos niveles, que se divide, se abre, o se pliega, según las necesidades de lo que cuenta la historia, que acompañada de una iluminación y unas proyecciones que transportan y crean ambientes, que juega con las sombras y nos lleva de la mano a cualquiera de los escenarios propuestos.
Es una puesta en escena muy complicada de llevar a cabo, que imagino la cantidad de ensayos y trabajo anterior al estreno que ha debido de llevar. Una propuesta así, para un actor, tiene que ser todo un reto, un caramelo que apetece disfrutar. Hay escenas muy impactantes a nivel sensorial; todo ese comienzo con los cuatro actores lanzándose el texto, usándolo a la vez, unas veces unos, otras veces los otros… Diciendo lo mismo, con propósitos similares, pero con finalidades totalmente diferentes, creo que es uno de los ejercicios mas difíciles que he visto en mucho tiempo. La concentración y sincronización que tienen los cuatro, sin dejar de lado que es algo hecho para que lo veamos y los disfrutemos los espectadores, creo que es de aplauso en pie.

Uno comienza la función confuso, viendo como todos los personajes se exponen a una misma situación desde diferentes ángulos, donde cada uno tiene  su teoría, su versión y de la que nunca llegas a estar seguro de que sea tal como te la cuentan porque precisamente falta “el otro lado de la versión”…
Todos hablan y ninguno escucha al otro, todos están mas preocupados de lo que les sucede a si mismos que de lo que el otro confiesa, por muy terrible que sea esta confesión. Todos viven encerrados en su burbuja en “su” verdad, pidiendo que los demás presten atención, pero sin dársela a los demás. Que beben de las palabras de los otros, tan solo para ahogarse en las suyas.

Aitana Sánchez-Gijón, Pilar Castro, Pedro Casablanc y Jorge Bosch tienen a su cargo un buen ramillete de personajes, llenos de desnudez, de soledad, de necesidades… y todos están resueltos de una manera brillante. Sinceramente, me pasé la función embobado, bebiendo de todos ellos, disfrutando de un buen ejercicio actoral que fluía con aparente sencillez y que, sin embargo, nos ofrecía una historia en la que se nos pide estar atentos al mínimo detalle porque todo tiene su “porqué” dentro de la función. No hay que pasar nada por alto porque seguramente sea un detalle de relevancia pasados unos minutos y eso implicación que se nos pide, es divertida de seguir.
Como digo, un espectáculo complejo, interesante, muy estimulante Donde los actores tienen grandes momentos de luz. Momentos compartidos, unas veces con unos, unas veces con otros, otras consigo mismos… monólogos, es lo mismo, los cuatro se superan a cada escena y te tienen enganchado a la historia.
No hay muchas obras que zarandeen y exijan tanto al espectador como esta lo hace y es apetecible prestarte a ello cuando está hecho como lo está este “Babel”.