Título:
La Hostería de la Posta

Lugar:
Teatro Fernán Gómez

Autor:
Carlo Goldoni

Elenco:
Antonio Lafuente (Barón Talismani)
Javier Lago (El Conde Roberto de Ripalunga)
Julio Hidalgo (Teniente Malpresti)
Ana Mayo (La Condesa Beatrice)
Julián Ortega (El Marqués Leonardo de Fiorellini)
Chema Rodríguez-Calderón (Criado)
Diana Valencia Sampedro (Violín)

Vestuario:
Vicenta Rodríguez Duque

Espacio Escénico y Caracterización:
Sara Roma

Traducción:
Alejandro Alonso

Dirección:
José Gómez

A veces, cuando escribo las crónicas, me siento un poco como el Abuelo Cebolleta. Siempre tengo alguna anécdota o chascarrillo que tiene que ver con el montaje del que voy a hablar, pero bueno, es una manera como otra cualquiera de personalizar lo que escribo y dar a conocer un poco mas al autor de estas crónicas… Y sí, en el fondo es algo que disfruto.

Cuando comencé a estudiar teatro como asignatura en el instituto; cosa que no estoy seguro que siga existiendo con estos cambios en la educación… No vaya a ser que los chicos nos vayan a salir “titiriteros”…; Una de las obras que nuestro profesor montó con nosotros fue “Arlequín, Servidor de Dos Patrones” de Carlo Goldoni, una obra con la que me divertí muchísimo y que además provocó que apareciera en mi uno de los rasgos físicos que a día de hoy mas me identifican, la perilla; ya que a mi me tocó en suerte representar el papel de Pantaleón, el personaje de mayor edad de la función.
A mi profesor no se le ocurrió otra idea que preguntarme si me crecía suficiente barba como para que me dejara crecer la perilla… con 17 años era la única manera de conseguir que pareciera mayor que el resto de mis compañeros de clase. Así que me la dejé, representé aquel papel y, desde entonces, pocas veces me ha visto nadie sin perilla o barba… Podría decirse que mi profesor y el señor Goldoni fueron los, por así decirlo, “creadores del sello de la casa”.
No había vuelto a ver ninguna función de este autor, quizá porque no se ha cruzado en mi camino hasta este momento o porque en España no se representa con demasiada frecuencia; hasta el Jueves pasado, que tuvieron la gentileza de invitarme a ver el ensayo general de “La Hostería de la Posta”, montaje que está dirigiendo José Gómez en el Teatro Fernán Gómez de Madrid.
La obra cuenta el inesperado encuentro de Beatrice con el que será su futuro marido, el marqués Leonardo, cuando viaja a Milán para casarse con él. Ella desconoce la identidad del hombre con el que la van a desposar; lo que el marqués aprovecha para hacerse pasar por un amigo de si mismo, intentando de esta manera descubrir si, cuando se conozcan “oficialmente”, ella le aceptará o no como marido, provocando una serie de equívocos que no se desenredaran hasta el final de la función.
El montaje gira, en clave de comedia, en torno al personaje de Beatrice. Único papel femenino. Que rodeada de hombres, tiene claro que quien debe decidir sobre el futuro que la espera es ella misma, chocando con el muro del machismo que dominaba la época.
Ella, Beatrice, como representación de la mujer de aquella época, pelea con firmeza por los valores que debe tener una dama y desafía a personajes y público a intentar frenar su decisión de ser quien elija voluntariamente con quién desposarse. ¿Lo conseguirá?
Nos encontramos ante una función desprovista de cualquier tipo de artificio. José Gómez ha eliminado del montaje incluso las entradas y salidas de los personajes. Ellos están en todo momento en escena, separados del escenario por un haz de luz que hace de frontera entre la realidad y la ficción, con lo que el espectador puede contemplar ese momento mágico en el que el actor respira hondo antes de transformarse en el personaje y salir ante el público. Dejando que el peso de la función recaiga en la labor actoral, de la que destaco a Ana Mayo. Una actriz que domina la escena, que sabe mantener el ritmo, que respeta y disfruta los silencios, que nos cuenta tantas cosas tanto con el texto como con su presencia. Nos encantó ver como desgrana a esta Beatrice que sin duda dio mucho que hablar tras la función.
También disfruté mucho viendo la labor de Antonio Lafuente, Javier Lago y Julián Ortega, cada uno con su estilo, son ese tipo de actores que me hacen abrir mucho los ojos e intentar aprender todo lo que nos ofrecen con su trabajo porque creo que tienen mucho que aportar.
Con Julio Hidalgo confieso que tuve dudas al comienzo de la obra, no lograba encajar la propuesta de lenguaje tan diferente frente a la de sus compañeros. Un personaje grotesco, llevado al límite, que sin embargo acabé por comprar con los ojos cerrados.
Chema Rodríguez-Calderón, sin embargo, hace un buen trabajo, un divertido criado que casi podría ser un “sátiro”, pero que creo que queda un tanto desdibujado; no por su trabajo, si no por la falta de peso de su personaje en la trama principal…
Pero como digo, creo que todos los actores hacen una labor excelente. Me hicieron reir con ganas y provocaron una mas que entretenida conversación tras la función, cosa que no suele suceder tan a menudo como gustaría.
En definitiva, es una pieza que recomiendo ver sin lugar a dudas.
Es un placer descubrir este tipo de montajes que, quizá por el desconocimiento general, pueden llegar a pasar desapercibidos y que, sin embargo, son una oportunidad de descubrir savia nueva en el panorama teatral de nuestro país. Tanto el elenco como el director van a dar mucho que hablar de aquí en adelante y si no me creéis, id a comprobarlo por vosotros mismos. Están hasta el próximo 11 de Noviembre.