Título:
Cuarteto

Lugar:
Garaje Lumiere

Autor:
Heiner Muller

Elenco:
Susana Garrote (Merteuil)
Daniel Acebes (Valmont)

Producción:
Diagoras Proyectos Artísticos

Dirección:
Carmen Pardo





No hace mucho fuí a ver “La Hermosa Fea” donde Daniel Acebes estaba en el reparto. Tras la función estuvimos charlando y me comentó que al día siguiente estrenaba un nuevo montaje, “Cuarteto” de Heiner Müller y me quedé con la copla. Hace poco tiempo Daniel comentó por las redes sociales que lo traía a Madrid, a la sala Garaje Lumiere, así que, decidido a no dejar pasar la ocasión, fui a verlo. La obra me gustó bastante, pero también es cierto que se me escaparon varios aspectos de la misma y Dani se ofreció a despejarme todas mis dudas… ya aproveché y me empapé bien de cómo surgió esta nueva propuesta de Diagoras Proyectos Artísticos.
Para el que no lo sepa, la función tiene como habitantes a dos de los personajes principales de “Las Amistades Peligrosas”, habla de sus relaciones, de sus pasados, sus conquistas, sus derrotas y de sus ambiciones.
Daniel me comentaba que decidió hacer esta función porque el cuerpo le pedía arriesgar, salir un poco de la línea de teatro que estaba realizando y atreverse a dar un paso diferente, darse el gusto de poder apostar por otro tipo de propuesta después de 10 años como productora. Poder mantener los montajes que lleva actualmente y además tener este que tanto le apetecía afrontar como actor. Además de lo que les supone “abandonar” temporalmente los teatros convencionales para entrar y explorar el mundo de las salas mas pequeñas e intentar llegar a un público diferente al que suelen tener.
Hablando de porqué este texto y de cómo se lo había planteado, me decía que este texto siempre ha sido encarado desde una lectura completamente diferente a la que el autor ha pretendido, de hecho no hace muchos días en el muro de Diagoras Producciones se publicaba esto: 
La primera impresión que uno tiene de “CUARTETO” es que se trata de una obra muy negra, muy desagradable, muy irreverente, muy revulsiva, pero al mismo tiempo Müller ha insistido, como Chejov, en que sus obras son cómicas. Él se quejaba de que los directores se las tomaban demasiado en serio en cuanto a la concepción. escénica.”

Y esto es precisamente lo que define qué movió a Daniel, junto a Carmen Pardo, directora de la función, y Susana Garrote, compañera de reparto, para montar esta obra. Han intentado acercarnos una visión de este montaje de una forma mas sencilla, intentando no caer en la “sesudez” e incluso arrancar al público alguna risa. Evidentemente, dentro de lo que el propio texto les ofrecía.

Ahora bien, os cuento lo que fue la obra para mi, que también es un poco de lo que se trata cuando escribo la crónica de una función.

Confieso que cometí un error grave. Uno, como espectador, no debería ir al teatro con una idea preconcebida de lo que va a ver porque lo que se hace a si mismo es condenarse a no disfrutar. 
Si uno no conoce el texto, como era el caso, lo mejor es ir con la mente abierta, dispuesto a que le cuenten y le lleven por donde la compañía quiera… Lo sé, así dicho, suena hasta bien, pero es complicado de hacer y creo que cuanto mas teatro se ve, mas difícil es llegar a este estado de “hoja en blanco” para el espectador… Y yo, que a veces soy un tanto “pedantillo” e intento ser el mas rápido de la platea en sacar lecturas de lo que veo, me puse la trampa a mi mismo, así que, viendo la coreografía del comienzo de la función, la fastidié. En vez de mirar y dejar que me explicaran, yo di ordenes a mi cabeza de que aquello era una cosa completamente diferente a lo que realmente era… ¿qué sucedió? que apenas atendí al primer monólogo de Susana Garrote, no es que no la escuchara, si no que me forzaba a entender lo que yo quería, no lo que ella me contaba… una verdadera lástima porque ella está realmente bien y no supe apreciar el esfuerzo que supone para una actriz comenzar con todas las pilas desde el minuto uno de función.
 Pero bueno, el error no duró demasiado y lograron su propósito. Enseguida dejé de resistirme e hicieron que me rindiera a su propuesta, de lo que me alegro profundamente porque resultó ser una función con algunos momentos que fueron realmente interesantes. El texto es intenso, cuenta TODO, y al actor le deja libres dos caminos, o escenificar todo lo que cuenta con la palabra, o jugar a “vestir” con movimientos lo que dicen los personajes. 
Creo que este montaje, el de Diagoras, acertó escogiendo la segunda opción, pues la crudeza de lo que cuenta en bastantes momentos, resultaría excesivamente soez si se representara tal cual narran los propios personajes… Es cierto que en otros montajes quizá sería igual de válido, pero aquí, con la propuesta que nos traen, lo vi innecesario y es un punto a su favor. Sería muy fácil vender un montaje del que todo el mundo hablara porque prácticamente “follan” en escena y estoy seguro que todos iríamos de cabeza, movidos por el morbo y la curiosidad, pero Carmen Pastor apuesta por acariciarnos con cierta sutileza y que veamos algo mas allá que la propia carne, a pesar del alto contenido sexual de la función…

Daniel me comentó que la puesta en escena es muy simplista precisamente por el mismo motivo que han utilizado la sutiliza en sus interpretaciones, para no aturullar al espectador con mensajes innecesarios. Y a pesar de tener un espacio diáfano, consiguen perfectamente transmitir el encierro en el que se encuentran. Hacen que nos sintamos atrapados con ellos, “obligados” a mirar como terminará todo, aún sabiendo que no será agradable para uno de ellos…

Tanto Daniel como Susana se nota que se lo pasan bien interpretando a estos personajes, lanzándose sin miedo a encarnar a estos dos “monstruos” de la seducción acabados, que lo único que les queda es atormentar al otro, e intentar disfrazar ese patetismo en el que han caído, con un juego de intercambio de roles perverso y descarnado. Yo me lo pasé realmente bien viendo como espectador sus juegos de seducción, la transformación en otros personajes y sus entradas y salidas en los roles. Divertido, intenso y muy curioso.

Tras el lapsus inicial, puedo decir que me lo pasé bien y me resultó un trabajo muy interesante. Eso sí, no hagáis como yo, dejaros llevar desde el primer momento e intentad disfrutar su propuesta.

Desde aquí doy las gracias a Daniel por prestarse a charlar conmigo, aclararme las dudas que tenía y poder intercambiar impresiones sobre la función y otros muchos aspectos. 
¡Qué bien que haya profesionales abiertos a entablar diálogo con el público!