Título:
Iván-Off

Lugar:
La Casa de la Portera

Autor:
Antón Chejov

Elenco:
Raúl Tejón (Iván)
David González (Miguel)
Sabrina Praga (Ana)
Roberto Corrocher (Constan)
Javier Delgado “Tocho” (Mateo)
Maribel Luis (Silvia Leyva)
Rocio Calvo (Doña Bárbara)
Germén Torres (Carlos Leyva)
Cristina Alarcón (Sara Leyva)

Escenografía y Decoración:
Alberto Puraenvidia

Versión y Dirección:
José Martret

Siempre he sentido una admiración profunda por mi ciudad, por Madrid. Tiene ese poder de sorprenderme constantemente. Es una ciudad viva, que crece y que se reinventa. Cuando parece que va a caer en la mas plúmbea de las rutinas, va y se saca de la manga algo que la hace de nuevo atractiva. Eso mismo es lo que le pasa a su ambiente teatral. Cuando todo parece que está inventado y que incluso parece caer en el tedio mas absoluto ¡Zas! Aparece alguien que despierta a la ciudad de su sopor.
Así sucedió hace poco menos de un año con “La Casa de la Portera”, un espacio creado por José Martret y Alberto Puraenvidia, que se sacaron de la manga esta nueva sala (aunque llamarla así es menospreciarla), donde poder poner en pie todas esas propuestas que no encontraban lugar en otros lugares de la ciudad.
Ubicada en la Calle Abades, 24 del madrileño barrio de Lavapiés, esta antigua portería se ha convertido en cuestión de unos meses en el epicentro de la cultura teatral de la capital. Todos quieren ver los espectáculos que se representan allí, todos quieren llevar sus propuestas… para que una veintena de personas por vez puedan verlas. Y es que tiene una energía que te cala por dentro. Está creado todo con un familiaridad que te desarma, te sientes bien, cómodo, cargado de positividad y con ganas de curiosear lo que tienen para ofrecerte.
En este caso la función que me llevó hasta allí fue con la que inauguraron, Iván-Off. Una adaptación del  “Ivanov” de Chejov, hecha por el propio José Martret, que también la dirige.
Una función estructurada en cuatro actos que se desarrolla en diferentes habitaciones de la casa. Nos cuenta la historia de Iván,  un hombre que no se soporta a si mismo y que su propio hastío le lleva a sentir desprecio por cuanto le rodea, por su esposa enferma y por todo aquel que comparte espacio con él. Un tipo que intenta encontrar una salida escapando por las noches, pero que es acosado por sus propios principios y por el médico de su esposa, un hombre que le taladra la conciencia, haciéndole ver las carencias que sufre y que provocan el mal a cuantos le rodean.
La historia nos presenta un microcosmos de personajes enredados entre si que se deben, se detestan, se atraen, se manipulan y se asquean. Un pequeño infierno creado por ellos mismos que paladean con gusto, que disfrutan y que a la vez sufren y del que son incapaces de apartarse.
Una historia realmente compleja de la que en momentos nos sentimos inmersos incluso los que asistimos como espectadores y es que la cercanía con los actores hace que invadamos su espacio vital, provocando que, por necesidad, en ciertos momentos nosotros seamos parte activa de la historia.
Solo puedo decir que me sentí absolutamente fascinado por cuanto vi. Las sensaciones que te recorren por dentro son tantas y tan variadas que, al comienzo sientes cierto pudor, estás tan cerca que temes que tus reacciones cambien en algo el transcurso de la historia, hasta que te das cuenta que eso es lo que se busca, que haya un intercambio de sensaciones, de sentimientos, de respiraciones, de miradas con los personajes para que la historia fluya. En cierto modo, nosotros somos la mano que da cuerda al engranaje de cuando acontece. Somos testigos mudos, pero ciertamente presentes y como tales adquirimos la responsabilidad de exteriorizar, aunque solo sea con la actitud con la que nos sentamos, todo lo que nos provoca la historia y sus habitantes.
Adoro ver trabajar a los actores tan de cerca. Debo tener muy agudizado el instinto de “voyeur” porque siento verdadero placer de poder tenerlos tan cerca y observar todo lo que hacen sin ningún tipo de vergüenza. Ver el mínimo temblor en sus manos, descubrir un brillo de una lágrima, sentir sus respiración, disfrutar del atractivo de una sonrisa o que me dirijan una mirada de absoluto desdén sin que realmente me miren a mi. En definitiva, percibir los sentimientos de esos personajes según brotan del actor. Me gusta gozar con la tensión que te hace estar alerta todo el tiempo porque no sabes si en cualquier momento al que van a dirigir la palabra es a ti, aunque sepas que no tienes líneas de diálogo dentro de la función y que la participación real del público no tiene cabida en este espectáculo. Es algo muy especial que es complicado de describir, pero que recomiendo que todo el mundo viva.
Los actores están inmensos, hacen de sus personajes seres palpables que, de tan pasados de vueltas que están a veces, se hacen aún mas normales. Mi admiración por todos y cada uno de ellos, hacen un trabajo que, individualmente, se puede admirar como si fueran pequeñas joyas y que en el conjunto se hacen enormes, se alimentan entre ellos, de nosotros, con nosotros, y a medida que avanza la función se hacen mas grandes y mas admirables hasta llegar a esa catarsis con casi todo el reparto y espectadores dentro de la misma sala. Confieso que me dieron ganas, no de ponerme en pie para aplaudirles, si no de levantarme y abrazarles uno a uno para demostrarles cuanto había disfrutado con todos ellos de esta función. 
Podría ponerme a hablar del trabajo de cada uno de ellos, dar nombres y extenderme hasta el infinito describiendo y analizando todo lo que me provocaron, cosa de la que me está costando horrores reprimirme, pero creo que es mas interesante que la gente acuda a verlos y juzgue por si mismos, sin que nadie les condicione, ni para bien ni para mal.
Uno sale impactado, satisfecho y quizá un poco apabullado con la experiencia, pero es que eso mismo es un auténtico placer. Al igual que es un placer haber podido descubrir por ti mismo otro secreto a voces guardado en esta ciudad y poder gritarlo ahora desde aquí para que nadie se lo pierda. Sé que La Casa de la Portera tiene mas experiencias guardadas para mi en sus habitaciones y pienso volver a explorarlas, pero ya se sabe que la primera vez nunca se olvida y que esta haya sido con “Iván-Off” la convierte en todo un enamoramiento. Gracias.