Iván-Off

Iván-Off

30 septiembre, 2012 Alberto Puraenvidia Chejov Iván-Off José Martret La Casa de la Portera Teatro 4

Título:
Iván-Off

Lugar:
La Casa de la Portera

Autor:
Antón Chejov

Elenco:
Raúl Tejón (Iván)
David González (Miguel)
Sabrina Praga (Ana)
Roberto Corrocher (Constan)
Javier Delgado “Tocho” (Mateo)
Maribel Luis (Silvia Leyva)
Rocio Calvo (Doña Bárbara)
Germén Torres (Carlos Leyva)
Cristina Alarcón (Sara Leyva)

Escenografía y Decoración:
Alberto Puraenvidia

Versión y Dirección:
José Martret

Siempre he sentido una admiración profunda por mi ciudad, por Madrid. Tiene ese poder de sorprenderme constantemente. Es una ciudad viva, que crece y que se reinventa. Cuando parece que va a caer en la mas plúmbea de las rutinas, va y se saca de la manga algo que la hace de nuevo atractiva. Eso mismo es lo que le pasa a su ambiente teatral. Cuando todo parece que está inventado y que incluso parece caer en el tedio mas absoluto ¡Zas! Aparece alguien que despierta a la ciudad de su sopor.
Así sucedió hace poco menos de un año con “La Casa de la Portera”, un espacio creado por José Martret y Alberto Puraenvidia, que se sacaron de la manga esta nueva sala (aunque llamarla así es menospreciarla), donde poder poner en pie todas esas propuestas que no encontraban lugar en otros lugares de la ciudad.
Ubicada en la Calle Abades, 24 del madrileño barrio de Lavapiés, esta antigua portería se ha convertido en cuestión de unos meses en el epicentro de la cultura teatral de la capital. Todos quieren ver los espectáculos que se representan allí, todos quieren llevar sus propuestas… para que una veintena de personas por vez puedan verlas. Y es que tiene una energía que te cala por dentro. Está creado todo con un familiaridad que te desarma, te sientes bien, cómodo, cargado de positividad y con ganas de curiosear lo que tienen para ofrecerte.
En este caso la función que me llevó hasta allí fue con la que inauguraron, Iván-Off. Una adaptación del  “Ivanov” de Chejov, hecha por el propio José Martret, que también la dirige.
Una función estructurada en cuatro actos que se desarrolla en diferentes habitaciones de la casa. Nos cuenta la historia de Iván,  un hombre que no se soporta a si mismo y que su propio hastío le lleva a sentir desprecio por cuanto le rodea, por su esposa enferma y por todo aquel que comparte espacio con él. Un tipo que intenta encontrar una salida escapando por las noches, pero que es acosado por sus propios principios y por el médico de su esposa, un hombre que le taladra la conciencia, haciéndole ver las carencias que sufre y que provocan el mal a cuantos le rodean.
La historia nos presenta un microcosmos de personajes enredados entre si que se deben, se detestan, se atraen, se manipulan y se asquean. Un pequeño infierno creado por ellos mismos que paladean con gusto, que disfrutan y que a la vez sufren y del que son incapaces de apartarse.
Una historia realmente compleja de la que en momentos nos sentimos inmersos incluso los que asistimos como espectadores y es que la cercanía con los actores hace que invadamos su espacio vital, provocando que, por necesidad, en ciertos momentos nosotros seamos parte activa de la historia.
Solo puedo decir que me sentí absolutamente fascinado por cuanto vi. Las sensaciones que te recorren por dentro son tantas y tan variadas que, al comienzo sientes cierto pudor, estás tan cerca que temes que tus reacciones cambien en algo el transcurso de la historia, hasta que te das cuenta que eso es lo que se busca, que haya un intercambio de sensaciones, de sentimientos, de respiraciones, de miradas con los personajes para que la historia fluya. En cierto modo, nosotros somos la mano que da cuerda al engranaje de cuando acontece. Somos testigos mudos, pero ciertamente presentes y como tales adquirimos la responsabilidad de exteriorizar, aunque solo sea con la actitud con la que nos sentamos, todo lo que nos provoca la historia y sus habitantes.
Adoro ver trabajar a los actores tan de cerca. Debo tener muy agudizado el instinto de “voyeur” porque siento verdadero placer de poder tenerlos tan cerca y observar todo lo que hacen sin ningún tipo de vergüenza. Ver el mínimo temblor en sus manos, descubrir un brillo de una lágrima, sentir sus respiración, disfrutar del atractivo de una sonrisa o que me dirijan una mirada de absoluto desdén sin que realmente me miren a mi. En definitiva, percibir los sentimientos de esos personajes según brotan del actor. Me gusta gozar con la tensión que te hace estar alerta todo el tiempo porque no sabes si en cualquier momento al que van a dirigir la palabra es a ti, aunque sepas que no tienes líneas de diálogo dentro de la función y que la participación real del público no tiene cabida en este espectáculo. Es algo muy especial que es complicado de describir, pero que recomiendo que todo el mundo viva.
Los actores están inmensos, hacen de sus personajes seres palpables que, de tan pasados de vueltas que están a veces, se hacen aún mas normales. Mi admiración por todos y cada uno de ellos, hacen un trabajo que, individualmente, se puede admirar como si fueran pequeñas joyas y que en el conjunto se hacen enormes, se alimentan entre ellos, de nosotros, con nosotros, y a medida que avanza la función se hacen mas grandes y mas admirables hasta llegar a esa catarsis con casi todo el reparto y espectadores dentro de la misma sala. Confieso que me dieron ganas, no de ponerme en pie para aplaudirles, si no de levantarme y abrazarles uno a uno para demostrarles cuanto había disfrutado con todos ellos de esta función. 
Podría ponerme a hablar del trabajo de cada uno de ellos, dar nombres y extenderme hasta el infinito describiendo y analizando todo lo que me provocaron, cosa de la que me está costando horrores reprimirme, pero creo que es mas interesante que la gente acuda a verlos y juzgue por si mismos, sin que nadie les condicione, ni para bien ni para mal.
Uno sale impactado, satisfecho y quizá un poco apabullado con la experiencia, pero es que eso mismo es un auténtico placer. Al igual que es un placer haber podido descubrir por ti mismo otro secreto a voces guardado en esta ciudad y poder gritarlo ahora desde aquí para que nadie se lo pierda. Sé que La Casa de la Portera tiene mas experiencias guardadas para mi en sus habitaciones y pienso volver a explorarlas, pero ya se sabe que la primera vez nunca se olvida y que esta haya sido con “Iván-Off” la convierte en todo un enamoramiento. Gracias.

4 comentarios

  1. Anónimo dice:

    Comento por comentar, es que me surge y se me sale, pero que sus observaciones me parecen un aporte y el texto bonito y bien.

    Respecto al segundo párrafo: ¿no será que el médico (ese que le taladra la conciencia)es la encarnación de eso que lo acosa y que usted llama sus propios principios?. Yo ve, en ningún momento sentí que invadiera el espacio vital de los actores, si acaso el de los actuados (quiero decir de los personajes), aunque en mi caso sentí mucho más que esos personajes invadían el mío (y me alegro por ello, claro. Qué cosas! y maneras de vivirlas…

    En cuanto al tercero: presentes y tan presentes, pero no creo que "adquiramos" responsabilidad ninguna de exteriorizar por el hecho de ser testigos y NO mudos, sino por eso último es precisamente que lo hacemos.

    Descubrimiento del cuarto (una tontería): si le gusta observarlos tan abiertamente y en primerísima fila, ¿tiene muy agudizado el sentido "voyeurista"?; estaba en el error de creer que éstos (los mirones) se amparan más en el anonimato y el goce secreto. Siempre se aprende algo, mira por donde.

    Comparto por supuesto, la satisfacción. Añadir además que el uso y juego del y por el espacio, original y acertado. Absolutamente de acuerdo también en que los actores, estupendos cuando no geniales.

  2. Jose dice:

    ¡Hola!
    Antes que nada, bienvenid@ y encantado de recibir su opinión.
    Desde ya le doy las gracias por tomarse la molestia de pasear por el blog y dejar sus impresiones. Eso sí, me hubiera gustado que hubiera dejado su nombre para saber a quien dirigirme.
    Me gusta que haya opinado tan extensamente, no sé si leerá esta respuesta, pero me apetece mucho explicar los motivos por los que he escrito la crónica tal y como la he escrito.

    -Sí, tiene razón, posiblemente la figura del médico sea la encarnación de lo que acosa a Iván, e incluso es interesante que sea así, pero a mi también me resulta atractivo interpretar que la figura del médico retrata a esas personas que seguramente todos nos encontramos alguna vez en la vida y que se sienten en la obligación moral de hacer ver a los demás sus carencias y “lados oscuros” e incluso hacerles pagar por ello.

    Yo al contrario que usted, sentí que el “invasor”, por llamarlo de alguna manera, era yo, puesto que soy el que penetra en su espacio, aunque es irrelevante, al fin y al cabo de lo que se trata es de tener un intercambio de energías, de percibir las acciones y reacciones de todos los que estamos compartiendo el mismo lugar. Supongo que eso es lo que hace que la función se sienta viva.

    -Yo, particularmente, sí adquiero como espectador la responsabilidad de exteriorizar lo que me provoca internamente; Siempre desde el lado que me corresponde, claro. Porque creo que mis reacciones, y las del resto de público, son en parte lo que hace que cada función sea diferente y hagan que todo se mantenga tan vivo. Me gusta pensar que soy parte activa de cuanto acontece (aunque quede algo egocéntrico… jajaja).

    -¿No cree que la cuarta pared es el cobijo ideal para cualquier “Voyeur”? La gozada que tiene este espacio es que esa cuarta pared esté tan próxima al actor/personaje y sea tan delgada, que permite observar con detalle “microscópico” las interpretaciones. Mas allá que se juegue en ocasiones a romperla, está ahí presente. A mi eso me produce un placer indescriptible.

    Como digo, es un gusto poder recibir comentarios como y poder establecer un intercambio de ideas. Creo que hay que tener la mente abierta e intentar aprender de todo.
    Ojalá cuente con usted mas veces por aquí, siempre será bienvenid@.

  3. Rosana dice:

    Perdón por lo del nombre. Un desliz. Cierto que si luego los comentarios se multiplican es útil que existan las referencias. Puede usted dirigirse por mi nombre o llamarme Alberto, como prefiera.

    ¿Y mi opinión le ha parecido extensa?, a ver si entre unas cosas y otras se va a sentir en la obligación moral de denunciar mis excesos y aclarar mis oscuros, si es así de acuerdo, pero no me haga pagar por ellos. Por cierto que su apreciación sobre el doctor me parecía ya tan buena como cualquier otra, mi intención no era expresar desacuerdo (que no sé si cabe, creo que no en estos casos), era una idea-sugerencia que para eso están los blogs. ¿O no?

    Quién se siente invadido, por quién y por qué, me parece de absoluta relevancia, de hecho incluso el quid de la cuestión (o uno de ellos y de bastante importancia en todo caso).

    No sé si hay resto del público, público hay uno y usted forma parte. Pero sé que lo sabe y no tiene que aclarar que se refería al resto de los espectadores. En realidad es un matiz para invitar a la reflexión sobre el tema porque me parece complejo. Y claro, no es que piense que éste (ese singular plural) haga que la función sea diferente, sino simplemente que sea; sin el público no tendría ningún sentido porque está hecha para él. La discusión sobre el nivel de actividad en su participación es otro tema.Depende.

    No me parece tan egocéntrico, simplemente es activo (por eso insisto en que tendría que pensar si tiene más de exhibicionista que de voyeur). Mi participación (que como sabe existe ya por el simple hecho de estar) en cambio suele ser más pasiva. Yo prefiero mirar. Ya habrá notado que me siento cómoda en el anonimato; por eso, que “ellos” se dirijan a mí como público si algún propósito lo requiere me parece bien, y positivo, pero como espectadora me incomoda. O será que las responsabilidades me agobian…

    Y sí, la cuarta pared es ideal para escudriñar (sobre todo si cobija), fundamentalmente en uno mismo como individuo, como público y como cultura. En ese sentido, a veces, yo creo intuir en las imágenes más borrosas y no sé si la distancia física tiene que ver con ello, quizá sí, y de si se es miope, hipermétrope o se tiene astigmatismo; o quizá dependa también de la distancia mental, y de si es miope, hipermétrope o se tiene astigmatismo. O puede que el detalle “microscópico” se observe más que por hacerse delgada, por hacerse espejo y entonces, efectivamente, la tentación y el juego, más que de romperla de traspasarla, le produzca un placer indescriptible.

  4. Jose dice:

    Rosana o Alberto (a tu gusto), lo del nombre mas allá que sea real o inventado, me sirve para saber a quién dirigirme, sin mas.
    Vuelvo a insistir que me encanta que andes por aquí y hagas las opiniones tan extensas como te venga en gana. Este es un espacio abierto para poder opinar tanto y tan largo como quieras; siempre y cuando no se empleen las malas maneras que entonces me reservaré el derecho a borrar los comentarios. Mientras tanto, ya sabes, a tus anchas.

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