Título:
El Rey León

Lugar:
Teatro Lope de Vega

Elenco:
Phindile Mkhize (Rafiki)
David Comrie (Mufasa)
Yelena Lafargue (Sarabi)
Esteban Oliver (Zazu)
Sergi Albert (Scar)
María Ayo (Shenzi)
Jorge Ahijado (Banzai)
Alejandro de los Santos (Ed)
David Ávila (Timón)
Albert Gracia (Pumbaa)
Carlos Rivera (Simba)
Geniris (Nala)

Música y Letra:
Elton John
Tim Rice 
Lebo M 
Mark Mancina
Jay Rifkin
Julie Taymor
Hans Zimmer

Libreto:
Iren Mecchi
Roger Allers

Adaptación:
Jordi Galcerán

Directora:
Julie Taymor


Director Musical:
James May

Directora Residente:
Moira Chapman

No sé qué es lo que me ha pasado, puede que el encontrarme ante la tarea de tener que hablar de un montaje tan monumental me estaba bloqueando y he reescrito la crónica varias veces… Pero bueno, he decidido que la sinceridad tiene que primar en todo lo que escribo, así que no le doy mas rodeos y paso a contaros que es lo que me ha parecido “El Rey León”

Os aseguro que el montaje es espectacular, Stage y Disney han tirado la casa por la ventana y se nota, solo que a la vez que la grandiosidad está haciendo ir en manadas (nunca mejor dicho) al público, también le da un tufillo de frialdad que hace que uno se distancie un poco de la primera emoción que provoca ir a ver este musical.

Es absolutamente increíble el despliegue. El momento en el que se escuchan las primeras líneas cantadas por Rafiki, gran interpretación de Phindile Mkhize, entonando “Circle of Life” es una explosión de sensaciones difíciles de explicar. Ese momento hace que te sientas como un niño, quieres devorar con los ojos todo lo que sucede a tu alrededor, dan ganas de ponerte de pie y aplaudir descontroladamente. Solo puedo decir, sin perder los papeles por el entusiasmo de este número, que es impresionante.

Después uno ya se relaja y contempla todo con mas calma, puedes disfrutar de los trajes mezcla entre tribal y animal que me fascinaron, cada uno con sus detalles que definen la personalidad del personaje que visten. Esos decorados sencillos, que no simples, que te llevan a mundos espectaculares en un abrir y cerrar de ojos. Los contrastes de colores, de ambientes, están muy logrados. La utilización de actores, muñecos, marionetas, guiñol, sombras… le dan un toque fuera de lo común en el que apetece entrar y dejarse conquistar.
Me gustaron mucho las canciones creadas expresamente para el montaje teatral, la mayoría son músicas étnicas que le dan una sobriedad y una belleza adicional a la historia que todos conocemos, y que en algunos momentos son las que alzan el montaje hacia “algo mas” de lo que todos esperamos.
Lástima que el actor infantil que interpreta a Simba se moviera en escena como un autómata, cumpliendo con los movimientos que le han marcado, pero sin transmitir ni una mínima emoción… Con esto consiguieron que la función se fuera desinflando poco a poco, haciéndome perder interés. Lo sé, es un niño, pero lleva el peso de parte de la función, además que su compañera, que debe tener su edad y que interpreta a Nala, es todo lo contrario, se desenvuelve con soltura e incluso aprueba con nota el momento en el que Rafiki, Sarabi (Yelena Lafargue) y ella cantan juntas transmitiendo un sentir que impresiona para alguien de su edad, muy bonito cuadro.
La verdad que salí del primer acto bastante molesto y desilusionado, el ritmo era lento, torpe. Me daba la sensación que algunos actores, y hablo de los adultos, estaban flojos, interpretando a medio gas… Esas hienas que “hacen” que gritan a Simba y no se molestan en elevar la voz… Son cosas que no se pueden consentir… Como espectador que paga cerca de 80€ quiero que me transporten, que me emocionen, que me pongan los pelos de punta y me dejen con la boca abierta, pero no pasa, al menos en el primer acto, donde ni la música llega a provocarme otra sensación que pensar “qué bonita” porque el volumen es bajo; ni si quiera en canciones como “Chow down” llega a hacerme vibrar en la butaca…

Salí al descanso decepcionado, salvando por supuesto la labor de Esteban Oliver como Zazú, que desde el comienzo me conquistó, Sergi Albert que le da a Scar una dimensión diferente y muy atractiva o David Comrie, que a pesar de tener que lidiar con el joven Simba, nos regala el momento mas emocionante de este acto que es la estampida y la posterior caída de Mufasa.
A la vuelta, en el segundo acto, admito que con “One by one” volví a interesarme y disfruté mucho mas con momentos como “Shadowland”, Geniris como la Nala adulta me hizo emocionarme, aunque el momento mas destacable de todos es el de Carlos Rivera cantando “He lives in you” como Simba, precioso cuadro. La verdad que él está perfecto en el papel.
El toque cómico corre a cargo de Timón y Pumbaa, personajes que todos recibimos con alegría desde el primer momento, aunque confieso que ese acento andaluz no me terminó de convencer, no sé hasta que punto era necesario, al igual que esos momentos “localistas” buscando el aplauso fácil… ¿Tanta desconfianza tienen en que el libreto no funcione por si solo?
David Ávila está soberbio como Timón, aunque con tanta explosión de personalidad, creo que deja un poco en la sombra a su compañero Albert Gracia.

El tema de los muñecos me encantó, se mimetizan con sus actores de carne y hueso y hay momentos que no sabes si estás mirando a uno o a otro, creo que es un trabajo muy complicado y que lo hacen de maravilla, cuando tienes la oportunidad de verlos de cerca te das cuenta de la complejidad que conlleva manejarlos, realizar la coreografía y cantar, todo a la vez. Mi mas sincera admiración.

Es un buen espectáculo, pero no llegó a llenarme del todo y me apena, sinceramente, quizá las expectativas estaban muy altas y eso impidió disfrutar mas del show… Eso sí, recomiendo vivirlo al menos una vez.