Título:
Muere Numancia, Muere

Lugar:
Teatro Conde Duque

Autor:
Carlos Be

Elenco:
Fran Arráez (Scipio)
Juan Caballero (Babpo)
José Gamo (Buntalos)
Carmen Mayordomo (Aunia)
Mentxu Romero (Amaina)
Iván Ugalde (Caciro)

Producción:
Zombie Company & Korego proArte

Dirección:
Carlos Be

Últimamente En Un Entreacto, para ser un blog tan “de andar por casa”, lleva una actividad endiablada, viendo montajes, escribiendo sobre ellos, realizando entrevistas (mil perdones por el intrusismo, no me lo tengáis en cuenta), haciendo pequeños ensayos, artículos… Y a veces es complicado compaginarlo con la vida que llevo al otro lado del espejo, por eso puede que algunas crónicas lleguen un poco tarde, como esta, pero siguiendo fiel al principio por el cual se creó este blog, hablar de todo aquello que voy viendo como espectador, aquí estoy de nuevo.

Cuando uno va al teatro, comienza a interesarse por el trabajo de actores, directores, autores, compañías, etc… y va haciendo un seguimiento; tratando de estar al tanto de cuales van a ser los nuevos proyectos y procurando estar ahí para poder verlos e incluso, si se tercia, tratar de ayudar a darles difusión con las posibilidades que uno cuenta. Es por eso que conocí “Muere Numancia, Muere”, siguiendo la trayectoria de uno de sus actores y habiendo oído hablar del autor y director. Así que me planté en el 1º Certamen de Artes Escénicas Fringe Madrid en el Conde Duque, sin saber muy bien qué es lo que iba a ver, pero atraído por la curiosidad de descubrir cosas diferentes.

La historia, escrita y dirigida por Carlos Be, está inspirada en “El Cerco de Numancia” de Miguel de Cervantes. Cuenta el momento en el que cinco numantinos siguen resistiéndose a Scipio El Joven, sabiéndose derrotados, aferrándose a la desesperación de encontrar la manera de sobrevivir al asedio y al hambre, pero sobretodo conseguir sobrevivir a si mismos y a la lucha propia e interna de cada uno.

Un montaje con un texto lleno de momentos desgarradores, poéticamente desesperado, que a veces se interrumpe intencionadamente con las intervenciones y el humor amargo con el que Scipio nos hace cómplices a todos los espectadores. Rompiendo la cuarta pared y llenando la escena de atemporalidad, haciendo que lo que pasó hace mas de dos mil años no nos resulte tan lejano como cabría esperar. Aunque confieso que estos momentos de ruptura me sacaban demasiado de la atmósfera creada y me provocaban cierto distanciamiento del que me costaba volver.
Ni el montaje ni el texto son fáciles. Es de esos montajes que uno necesita digerir tras la función, que dejan un regusto extraño y que cada uno debe llevar a casa para que termine de aposentarse y saber descifrar de donde vienen las sensaciones que te ha generado. Porque es cierto que se necesita un momento posterior para rematar lo que has visto, pero las sensaciones que te deja son inmediatas, el espíritu reacciona ante los estímulos de la escena y eso si aparece en la butaca.
A mi el montaje, aunque algo irregular en ritmo, me convenció y en momentos me conmovió. Esos personajes tan llenos de dolor, luchadores incansables ante la resignación, hacen daño por dentro. 
Esa mujer, hermana e hija que vive la amargura de saberse perdedora de padre, hermano y marido, y que sin embargo resiste en pie hasta el último aliento… 
Ese hermano visionario que se entrega a la derrota futura ¿así sucede porque “estaba escrito” o somos nosotros quienes provocamos que nuestros miedos se conviertan en realidad? 
Ese marido culpable de su “buena” fortuna, que decide devolver su suerte aunque con ello no cambie nada ¿generosidad absoluta o cobardía camuflada?… 
Esa mujer dolorida con la pérdida de su hijo y que, sin embargo, se siente aliviada por sobrevivir y no ser devorada por su propio fruto… 
O ese hombre desesperado ante tanto dolor, que se lanza a luchar, hambriento y cansado; quien se encuentra con un enemigo sano, bien alimentado y lúcido en ideas, que le vence ofreciéndole poder volver con los suyos u obtener alivio definitivo a cambio de su propio sacrificio… 
Los actores realizan un trabajo absolutamente intenso y extenuante, consiguiendo transmitir la sensación de desesperanza y lucha por el último aliento. El dolor de Mentxu Romero, el abatimiento de Iván Ugalde, la culpabilidad de José Gamo, el cinismo de Fran Erráez y la derrota anticipada de Juan Caballero (mención a parte su trabajo gestual y estremecedor como Hombre Muerto) son grandes trabajos, pero con el permiso de todos ellos, sin lugar a dudas me quedo con la interpretación de Carmen Mayordomo, totalmente entregada a su Aunia, alma de la función. No la había visto trabajar hasta ahora, pero pienso seguirla de muy cerca.
Son personajes que duelen, que te arrastran con ellos y que te obligan a decidir cual sería tu elección estando en su caso. Todo ello acompañado de una escenografía y una simbología que dibuja muy acertadamente el encerramiento de los personajes, su angustia ante el poder del enemigo y su triste destino.

Me queda la duda de saber qué va a suceder con este montaje, si tendrá nuevas fechas o si ha sido fruto únicamente de este Primer Certamen del Fringe Madrid. Confío que no, que tenga nuevas oportunidades de ser representado y que llegue a mas público del que ha llegado en estas dos únicas fechas porque considero que es un montaje que hay que verlo, sobretodo en los tiempos que estamos viviendo.