Título:
Einstein y el Dodo

Lugar:
Teatro Espada de Madera

Autor:
Ricardo Joven

Vestuario:
Beatriz Fdez. Barahona

Caracterización:
Virginia Maza
   
Intérprete:
Ricardo Joven (Einstein)

Dirección:
Carlos Martín

Montaje:
Teatro del Temple

Uno se mueve por la curiosidad y si alguien como el Teatro del Temple toca a mi puerta ofreciéndome la posibilidad de degustar algo diferente, no me lo pienso y acudo. Ya he dicho en mas de una ocasión que el teatro no solo se encuentra en los salas de grandes aforos, que detrás de las grandes avenidas hay callejuelas que nos esperan con mas de una sorpresa, casi siempre agradables, pero sobretodo nos aguardan con la ilusión de quien pone el alma en lo que hace.
Sirva este comienzo para expresar mi mas sincera tristeza por el próximo cierre del Teatro Espada de Madera
Cuando “Einstein y el Dodo” baje por última vez el telón, la sala se quedará en silencio y a oscuras indefinidamente… Las ayudas no llegan, los espectadores no acuden si no hay nombres conocidos en cartel, la crisis ahoga los bolsillos y las ilusiones no dan para comer… 
De verdad, es una pena que una sala cierre; esto quiere decir que nos quedamos con una alternativa menos a la cultura. Además, deberíais ver esta sala ¡Una preciosidad! Pasó de ser un simple garaje a una delicia de lugar, si os asomáis por allí os lo contarán en persona y veréis que un teatro tiene una vida que muchos ni se imaginan. 
Mientras esté en activo la web, visitadla y admiradla, eso sí, si antes del día 2 puedes ir a ver esta función, podrás disfrutarla de verdad, empaparte de la vibraciones tan positivas que da un lugar hecho con todo el amor por la profesión que uno pueda tener… http://www.espadademadera.com/
La obra, escrita e interpretada por Ricardo Joven, nos sitúa en un momento terrible en la vida de Albert Einstein. Conocedor del desastre de Hiroshima y Nagasaki causado por las bombas atómicas que él mismo ayudó a construir, se recluye avergonzado en un apartamento de Manhatan donde se entrega al delirio y la angustia. Intenta encontrar una explicación coherente a lo acontecido y para ello su cabeza viaja en el tiempo para contarle a su hija Liesserl, a la que nunca llegó a conocer, la historia del pájaro Dodo, animal exterminado por los humanos hace siglos.
Este monólogo nos ofrece destellos de la vida de Einstein. Nos hace viajar por sus razonamientos, entre sus miedos; volar dentro de su cabeza. Descubrir el sufrimiento y la vergüenza de cargar sobre sus involuntarias espaldas uno de los mayores desastres que cometió el ser humano. La angustia de ver como su genialidad fue usada para hacer el mal. Esa angustia atenaza sus ganas de vivir y solo es capaz de expresarse a través de conversaciones que debería haber tenido en su momento y que unicamente se ve capaz de tenerlas ahora, cuando sus interlocutores ya han muerto. Entre alucinaciones, mensajes de la radio, las bandas sonoras, las llamadas no atendidas, idéa un final “feliz”, una explicación a la humanidad y un vuelo de despedida que sirva como redención. Y es que realmente solo fue un hombre, diferente en algunos aspectos, pero un hombre al fin y al cabo, intentando encontrar la paz.
Creo que es un texto muy interesante de escuchar y de ver. Quizá cueste entrar en él, ya que al comienzo el ritmo es algo lento, pero creo que necesario para comprender la evolución que va teniendo el personaje, y poco a poco va consiguiendo aumentar el interés y la curiosidad por lo que nos cuenta. Hace que te sientas el “oyente” al que va dirigido el cuento. Necesitas saber qué pasó con el Dodo, qué sucedió en su vida, porque esa soledad del Genio, conocer cómo es el sufrimiento de alguien que lleva involuntariamente tanta sangre en sus manos y, Ricardo Joven, con una interpretación sencilla y efectista, lo consigue. Desde el mismo comienzo de la obra reconoces en él a Albert Einstein, ¡muy buena caracterización!. 
Sinceramente, iba convencido de que escucharía un texto plúmbeo y me vi gratamente sorprendido. Creo que merece la pena verlo, es interesante la forma en la que está planteado. Además el trabajo actoral es artesanal, un acento muy cuidado y una gestualidad realista y natural que resulta sorprendentemente espontánea.
Me siento contento de haber podido asistir a esta función y si queréis ver un montaje curioso, hecho con cariño y arriesgado, os lo recomiendo (La temática en si no resulta atractiva y sin embargo hacen que escuchemos con toda la curiosidad con la que a un niño se le cuentan las historias)
Eso sí, me apenó la escasez de público, y es que muchas veces no sabemos la cantidad de ofertas interesantes que tenemos escondidas por Madrid. 
Y no quiere finalizar mi crónica sin que desde aquí exprese mi máxima admiración hacía Ricardo Joven y su trabajo, por la interpretación que nos regaló ayer a los espectadores que allí estábamos. Se nos podía contar con los dedos de una mano y él hizo un trabajo digno de ser visto por miles de personas. ¡Gracias de todo corazón!