Título:
Diecinueve. Proceso Contra Un Rey Felón

Lugar:
Teatro Federico García Lorca

Autor:
Eduardo Fernández-Fournier

Elenco:
Juan Carlos Hernanz
Javier García
Pablo Cabrera
Jorge Mayor
Emmanuel Cea
Nicolas Sirito

Dirección:
Fernando Salvá





Desde que estuve estudiando teatro clásico con Amaya Curieses y Pepe Maya fundadores de Zampanó Teatro, no he vuelto a pisar el Festival de Teatro Clásico de Getafe. De esto debe hacer la friolera de 10 años… He estado muy desconectado de los eventos teatrales de mi ciudad durante mucho tiempo (mea culpa), aunque también he de decir que la ciudad tampoco es que se vuelque demasiado en hacer conocer este festival (Esto ya sucedía antes, no creáis. Hablo por experiencia); de hecho antes de escribir esta crónica me puse en contacto con la Concejalía de Cultura para que me facilitaran cualquier tipo de información sobre la programación de este año y darle, de forma desinteresada, algo de difusión a través de este blog y de la página que tengo en facebook, y la única respuesta que he obtenido por su parte ha sido el silencio… Así, mal vamos… 
Pero bueno, uno se considera amante del teatro, procura ver el máximo de montajes posibles, estar al tanto de todo lo que se cuece e intenta conocer y apoyar a los profesionales que se dejan la piel para sacar adelante los proyectos que con tanta ilusión ponen en pie.
Ayer, Teatro Destellos ofreció el estreno absoluto de este texto de Eduardo Fernández-Fournier, que intenta someter a juicio, mas allá de la historia, a Fernando VII cuando se declaró en contra de la Constitución de 1812. En la función nos encontramos con que el público es quien tiene que decidir si acusar al Deseado de haber cometido un Acto de Felonía o no. Es decir, si traicionó al pueblo o no. Los personajes nos trasladan a diferentes momentos de la vida del monarca, como cuando fue recluido por Napoleón, imponiendo a su hermano como soberano de España; o cuando Fernando VII intenta, a través de varias cartas, convencer a Napoleón de que es su aliado para recuperar el trono perdido, de como enfrentó a los miembros de su Corte o como accedió a que las tropas francesas entraran en territorio español cargando contra el pueblo.
La propuesta es muy original, aunque quizá peque de un exceso de datos y de por sentado que todo el acude a ver la función es conocedor de los hechos. Sabemos que es un hecho histórico y que lo que cuenta es sabido, mas o menos, por todos; pero hay tal cantidad de datos, nombres y fechas, que en algún momento uno se siente un tanto abrumado. Quizá si se optara por algo mas de sencillez, el ritmo de la función sería mas ágil… Aunque confieso que me sometí divertido al juego de creerme jurado “activo” y escuchar atentamente a las dos partes, atendiendo a la exposición de los hechos como si de mi decisión estuviera pendiente la condena del monarca.
Fernado Salvá nos propone un montaje en cierto modo “atemporal”, sin mucho detalle que marque una época concreta, con módulos que los propios actores mueven para llevarnos a diferentes momentos y lugares. 
También utilizan proyecciones que nos indican el momento en el que nos encontramos, o como pruebas de la acusación. Proyecciones que son las protagonistas del momento mas crudo de la representación cuando se enumeran los diferentes crímenes de guerra, reflejados con grabados de Goya. Momento realmente espeluznante. 
Además, se nos ofrece un retrato  de un Fernando VII como prácticamente un pelele, sujeto a las decisiones de los demás, menospreciado por todos y en ocasiones zarandeado, literalmente, por el escenario como si de un elemento decorativo se tratara. Un Rey encorsetado en protocolos, impasible y acomplejado, que hastiado por todo este proceso, da la sensación que quiere que le dejen en paz, olvidado en la historia. No puedo evitar encontrar muchos paralelismos entre la función y el momento político actual… 
El elenco está muy bien, dan mucho dinamismo a la historia y es un placer escuchar un texto bien dicho y proyectado.
Pablo Cabrera está muy convincente como Fernando VII, sin salir a penas de escena, hace un gran trabajo actoral componiendo un personaje difícil de mantener durante todo el tiempo y que, sin embargo, el lo logra.
Jorge Mayor como Napoleón, muy suelto en escena y con mucha energía, ofreciéndonos una gran escena junto con Nicolás Sirito, donde se masca la tensión entre superior y súbdito y no sé sabe quien ejerce mas presión sobre el otro.
Emmanuel Cea nos ofrece un cambio de registro muy interesante entre los dos personajes que le toca interpretar tanto vocal como gestualmente hablando.
Al igual que se complementan muy bien Juan Carlos Hernanz y Javier García como Presidente del Tribunal y Abogado Defensor, que son los encargado de hacer que el público tome partido por un bando o por otro.
La función merece la pena ser vista y resulta interesante e incluso podría decirse que es muy instructiva. No todo el mundo conoce este momento de la historia y esta es una muy buena manera de hacerlo. Lástima que el público escaseara tanto… Claro que el partido de España – Francia de la Eurocopa no ayudó mucho.
Dejando a parte la obra, de la que ya digo que disfruté mucho, quiero hacer ciertos apuntes a los espectadores. Ayer, supongo que había mucho familiar y amigo del autor, director, actores, etc… y fueron a apoyar a su gente, aunque la función les diera un poco lo mismo, pero otros pagamos nuestra entrada y sufrimos en nuestras carnes el que hubiera gente en las butacas que, en otra situación, no se les hubiera ocurrido ir al teatro. 
Lo que voy a decir a continuación, no solo es por las molestias que sufrí ayer, si no un dato a tener en cuenta en general por todo aquel que vaya al teatro.
– Absténganse de ir al teatro con bebés, por favor. Ni el niño está cómodo, ni permite que los espectadores de su alrededor puedan disfrutar de la obra por la que han pagado. Y si el niño molesta, haga el favor de salir de la sala, hace un flaco favor a los actores que están trabajando. Aunque usted no lo crea, ellos oyen los ruidos del público y les desconcentra.
– Si es conocedor de la historia, deje las explicaciones para el entreacto o para el final. Mientras usted se las da de cultivado, hace que su acompañante pierda el hilo argumental y a los demás espectadores a los que sus murmullos les molesta, les da lo mismo su inteligencia; pagan por ver lo que sucede en escena, no por escuchar sus “enseñanzas”.
– Si va al teatro, olvídese del móvil. Apáguelo y déjese invadir por la historia que le están ofreciendo, no sabe lo maravilloso que es abstraerse del mundo real por un rato. Seguro que sus amigos entenderán que no conteste a sus mensajes al instante y los destellos de su pantalla no distraerán a sus compañeros de butaca.
Siento comenzar dando la charla a los organismos públicos y acabar dando la bronca a los espectadores, quizá soy mas pedantillo de lo que pienso… pero me parece que vamos cayendo en una falta de respeto tan grande, que hay que decirlo en voz alta.
Adoro el teatro y odio el maltrato al que se le somete por todos lados.

Aún así, por favor, no os quedéis con la sensación negativa de mis últimas palabras. La obra es digna de ser vista, de ser disfrutada. El trabajo de todo el equipo artístico y técnico es lo que quiero valorar, y eso lo hago muy positivamente.
¡Viva el teatro!