Título:
Master Class


Lugar:
Teatro Maipo (Buenos Aires)


Autor:
Terrence McNally


Elenco:
Norma Aleandro (María Callas)
Santiago Rosso (Manny – Pianista)
Lucila Gandolfo (Sophie de Palma – Soprano)
Marcelo E. Gómez (Anthony Candolino – Tenor)
Carolina Gómez (Sharon Graham – Soprano)
Hugo Argüello (El Utilero)


Dirección Musical:
Susana Naidich
Dirección:
Agustín Alezzo

Ya os comenté a comienzos de mes que me marchaba unos días de vacaciones, pero ir a Argentina con la cultura teatral que tiene y no dejarse caer por algún teatro es un pecado. Así que imaginad el lujo de descubrir que en Buenos Aires exista la posibilidad de poder disfrutar de la inmensa Norma Aleandro. ¿Quién puede resistirse?
La obra que está interpretando en estos momentos en el Teatro Maipo es “Master Class”. Función que nos habla de un momento concreto en la vida de María Callas
Asistimos como alumnos-oyentes a una de las clases magistrales que la Diva impartía tras haberse retirado. 
En estas clases derrochaba un torrente de sabiduría para sus alumnos, mostrando la pasión y la disciplina férrea con la que había vivido su profesión. Salpicada de un punzante humor; ácido y verdaderamente corrosivo, que hacía entrever el ser humano que habitaba en su interior; donde a través de las sombras nos muestra a la mujer desgarrada que tuvo que cargar con el peso de una vida mucho menos amable y llena de complejos de lo que el público piensa. 
Una función impecable, sin grandes alardes de escenografía ni iluminación. Tampoco son necesarios, ya que esta es una obra de actores (y cantantes). ¡Ojo! Con esto no quiero hacer de menos la labor de nadie, todo lo contrario. Me explico; bajo mi punto de vista, hay funciones en las que uno no tiene que dejarse impresionar por agentes externos a la interpretación del actor y para eso hay que hacer un trabajo muy delicado, ya que la escenografía y la iluminación son los encargados de llevar al espectador de la mano para que fije su atención en lo que el autor (Terrence McNally) y el director (Agustín Alezzo) nos quieren ofrecer.
Así, de esta manera, es como podemos disfrutar de una Norma Aleandro sencillamente espectacular. Obra que retoma después de 16 años y por la que ya fue premiada. Haciendo un trabajo que no cualquier actriz quiere, sabe o se atreve a hacer, que es el dejarse desaparecer bajo el personaje que interpreta. 
Mientras disfrutas de su interpretación, sientes como Norma Aleandro se deshace dentro de María Callas, como, sin darte cuenta, la actriz da paso al personaje y realmente sientes que quien se dirige a nosotros, abriendo su alma de par en par, es Ella… La Callas. Nos regala un ser tan real y palpable que cuesta levantarse de la butaca y abandonar el teatro. ¡Quieres mas! y es que, cuando un trabajo está hecho de una manera tan honesta, sientes la necesidad de querer dejarte llevar junto al actor que te lo muestra y seguir ahí sentando, escuchando, riendo y sufriendo con una mujer tan impresionante como es Norma Aleandro. ¡Qué derroche de registros en una hora y media de función! Con esos dos monólogos que ponen los pelos de punta. Sacados de los mas hondo del alma de la mujer que fue María Callas. Sus anhelos, sus complejos, sus amores, sus dolores, sus tristezas. La amargura interior de una mujer hecha a si misma, pero que fue obligada a elegir y privada de sus deseos.
Efectivamente es una Master Class… para cualquier actor que se precie de (querer) serlo.

Por supuesto no voy a olvidarme del resto del elenco. No solo podemos disfrutar de Norma Aleandro en escena, a ella le acompaña durante toda la función Santiago Rosso al piano, Hugo Argüello dando el contrapunto como, el nada impresionable, trabajador del teatro y los tres actores/cantantes Lucila Gandolfo, Marcelo E. Gómez Carolina Gómez, que dan vida a los tres alumnos que reciben los “duros” conocimientos en la Master Class. Todos ellos hacen una gran labor y tienen unas voces impecables. Como alumno de interpretación que he sido y soy, confieso que me sentí muy identificado con ellos y el abanico de sensaciones y sentimientos que se despiertan dentro de uno cuando se siente juzgado de la manera que los tres son juzgados por tan ilustre maestra.

Con permiso de las dos sopranos, quiero destacar a Marcelo E. Gómez y su tenor aparentemente fanfarrón. Sé, por los comentarios escuchados, que no fui el único que quedó impresionado y conmovido por su voz.

Salí del teatro sintiéndome feliz. Feliz de tener la oportunidad de disfrutar de esta función; de haber tenido la suerte de encontrarme en la parte del mundo adecuada para poderme sentir un privilegiado al degustar un trabajo realizado con tanto gusto y del que aprender y admirar tantas cosas.