Título:  
Agosto (Condado de Osage)

Lugar:
Teatro Valle-Inclán

Autor:  
Tracy Letts

Reparto:
Amparo Baró (Violet Weston)
Sonsoles Benedicto (Mattie Fae Aiken)
Alicia Borrachero (Ivy Weston)
Irene Escolar (Jean Fordham)
Gabriel Garbisu (Steve Heidebrecht)
Antonio Gil (Bill Fordham)
Carmen Machi (Barbara Fordham)
Markos Marín (Charles Aiken Junior)
Miguel Palenzuela (Beverly Weston)
Chema Ruiz (Deon Gilbeau)
Clara Sanchís (Karen Weston)
Marina Seresesky (Johnna Monevata)
Abel Vitón (Charlie Aiken)

Dirección:
Gerardo Vera

Esta crónica tendría que estar escrita desde hace mas de un mes, cuando tenía mis entradas compradas, pero la gripe también hace estragos entre los actores y a comienzos de Enero se tuvieron que suspender algunas funciones…  Algo que me hizo temer que me quedaría sin poder verla, ya que se habían agotado prácticamente todas las entradas antes del estreno del día 7 de Diciembre. Al final, lo que tenía que haber durado hasta el domingo 19, para suerte de unos cuantos se prolongó hasta ayer día 22 de Febrero. Seguro que ha supuesto un esfuerzo extra tanto para el equipo artístico y técnico como para el CDN, y desde aquí les doy las gracias porque finalmente he tenido el privilegio de presenciar algo que creo será comentado durante mucho tiempo.
Agosto” nos cuenta la historia de una familia americana que se desmorona. Una familia obligada a reunirse tras la repentina desaparición del padre (Miguel Palenzuela). Reunión que hace aflorar el resentimiento y el amor mal aprendido de todos los integrantes de esta familia que vaga desamparada por la vida. Una familia que se sostiene sobre los hombros de una madre (Amparo Baró) enferma y adicta a las pastillas. Harta, dolorida y asqueada de todo, guarda mil secretos que le escuecen por dentro y que alivia haciendo blanco de su ira sobre sus tres hijas (Carmen Machi, Clara Sanchís y Alicia Borrachero). Las cuales a su vez son portadoras de sus propias miserias y que intentan crear su particular felicidad, la cual siempre queda infectada por esa madre asfixiante que, incluso en la distancia, tiende sus sogas sobre ellas. Una madre que al final sabemos que solo demanda la porción de amor que nunca le dieron y que, anestesiada de cariño, tampoco sabe dar a los que le rodean.
La obra, última pieza dirigida por Gerardo Vera al frente del CDN, es una dolorosa visión de las tripas de una familia que no sabe amar y que cuando ve florecer el amor, lo aplasta porque no sabe como mantenerlo vivo. Un texto de Tracy Letts y versionado por Luis García Montero, lleno de dolor, amargura y un humor corrosivo que me tuvo fascinado desde el comienzo hasta ese dasasosegante final. 
Hubo momentos que no supe si reír, llorar, hacer las dos cosas a la vez o como tomarme las situaciones que se planteaban en el escenario porque todo aquello de lo que nos reíamos, además con ganas, era realmente algo que destrozaba los corazones de los personajes. Pocos momentos hay en la representación que te den un respiro y los que hay vienen anunciando un golpe mas duro que el anterior. Como digo, la función está llena de momentos cómicos que, a mi personalmente, me hacían doler por dentro, pero de los que era imposible no reírse porque, al igual que cuando uno sufre la pérdida de un ser querido no puede sostener el duelo de contínuo, al espectador le sucede con estos personajes lo mismo, y aunque compartimos el sentimiento con ellos, se necesita aliviar esa tensión de alguna manera, y este texto sabe como manejarlo. El texto está lleno de diálogos brillantes, monólogos desgarradores y silencios que desesperan de todo el sentimiento que contienen. Y si a eso añadimos un reparto que se entrega con el alma abierta a la función, poco mas se puede pedir.
¡Qué grande es Amparo Baró! No tengo forma de expresar todo lo que pude gozar viéndola en escena, que cantidad de sentimientos me removió por dentro con su Violet. Qué generosidad por su parte el volver a los escenarios de esta forma, dando una lección de humanidad sobre las tablas… Me hizo sentir un privilegiado por dejarme mirar dentro de su alma de actriz.
Por supuesto que todo el reparto es maravilloso, no hay uno solo de todos ellos que se quede rezagado. Todos tienen grandes momentos que saben aprovechar al máximo y de los que no perdí detalle, eso es algo que también engrandece al libreto, que regale a todos los personajes su momento de gloria. Es maravilloso. 
Carmen Machi está espléndida, no puedo dejar de disfrutar la verdad con la que afronta su trabajo, su forma de moverse por escena, la forma de hacer suyas las frases. El brillo emocionado en sus ojos. Todo, absolutamente todo es una verdad palpable.  
Alicia Borrachero me enamoró con su hija/hermana asfixiada por la vida y tan cruelmente golpeada al final de la función. Hay tanto amor en lo que hace, en lo que dice, en sus caricias, que aún me emociona el visualizarla.
Clara Sanchís me tuvo hipnotizado todo el tiempo de su monólogo inicial, imposible dejar de observar un personaje tan lleno de matices.
Irene Escolar compone un personaje tan real, tan cercano a la vida que hay fuera de las puertas del teatro, que a veces parecía que no estaba diciendo un texto aprendido… Se nota lo que ha mamado…
Sonsoles Benedicto da un recital de dolores silenciosos y frases hirientes que hacen que comprendas lo injusto de su personaje.
Marina Seresesky tiene el agente externo de toda esta odisea, quien aparentemente ajena al dolor, acaba por ser una presencia indispensable para esta familia. Su forma de escuchar y reaccionar ante los otros personajes es maravillosa.
Antonio Gil ofrece un recital de contención brutal, me pareció complicadísimo hacer ver al espectador la culpabilidad y la “misericordia” hacía su despechada y desprotegida esposa, bajo una capa de aparente naturalidad pensando que, lo suyo en ese momento, no es importante.
Grandes momentos también los ofrecidos por Gabriel Garbisu seduciendo a la menor, Markos Marín intentando confesar y no pudiendo por el bien de su amada, Abel Vitón enfrentándose a su mujer tras 38 años intentando, sin éxito, aplacar el dolor de ella. Chema Ruiz dejándose seducir por la mayor de las hijas en un momento de debilidad humana como es el que se siente con el abandono. o Miguel Palenzuela en ese precioso momento siendo escuchado por su recién contratada sirvienta Y es que ellos, los hombres, son el contrapunto; la lucha del amor, en todas sus variantes y con todos sus defectos, frente a las mujeres de la familia, impedidas de todo afecto por el manto asfixiante de la madre.
Una función que vibra con la magia de los actores. Maravilloso momento el de las tres hermanas hablando sobre ellas y sus vidas, se podía haber parado en ese momento el mundo que yo no me hubiera enterado. Todo mi ser estaba en ellas, en lo que contaban, en como se reían, se miraban, se decían… 
Al igual que los enfrentamientos entre los personajes de Baró y Machi, una auténtica montaña rusa de escenas que me dejaron sin aliento. 
Después de ver la función tuve un pensamiento. Había salido tan fascinado por lo que había prensenciado, que ahora que coqueteo con la posibilidad de volver a subirme a las tablas, pensé lo feliz que sería subiéndome a un escenario y poder conseguir hacer sentir al espectador una milésima parte de lo que estos maravillosos actores me han hecho sentir a mi con esta obra. Qué bien ver un trabajo tan bien hecho.
Dentro de un tiempo diré “Yo vi Agosto” y aún habrá algo dentro de mi que se acelerará de pensar que así fue…