Tras su paso por el Festival de Teatro de Mérida de este verano, llegó a la cartelera del Teatro de la Abadía Juicio a una zorra“, un texto escrito y dirigido por Miguel del Arco para ser interpretado por Carmen Machi. Monólogo en el que La Bella Helena se defiende de la Historia en si, de todos aquellos personajes que la vilipendiaron y ultrajaron y que pasaron a la eternidad como auténticos héroes…Y creo que esto es todo lo que puedo decir de esta función manteniendo cierta sobriedad en mis palabras…

Quedé absolutamente prendado del texto. Enamorado de sus palabras, de su intensidad, de los giros que esconde; de sus subidas y bajadas. Un texto que tan pronto te acaricia y te cosquillea como te abofetea y te fuerza a escuchar todo lo agrio que cuenta. Porque dentro de Helena nos podemos identificar todos, en su injusticia y su sufrimiento, en esa ironía tan dolorida que destila y que baña con copas de vino… Una delicia, ¡lo mires por donde lo mires!
¿Y qué decir de Carmen Machi? ¿Qué puedes añadir cuando te das cuenta que has estado presenciando una lección de teatro y de humanidad tan grande?
No hay palabras para poder definir lo que presencié el 20 de Noviembre pasado en el Teatro de la Abadía. Tener el privilegio de ver como alguien, sin abrir la boca, atrapa al público y le mece de la manera en que lo hace Carmen Machi. 

Es increíble el poder que posee, el respeto que desprende tan solo con su presencia; y es que con tan solo una mirada, todos quedamos prendados de ella, queriendo que nos cuente, que nos haga cómplices de su historia. Si ella dice que es la mas bella, nosotros lo admitimos, si ella dice que es la mas zorra, nosotros la creemos, si ella se permite un guiño, nosotros se lo reímos, si ella quiere que lloremos, lloramos. Como digo, ella manda y nos lleva donde quiera y nosotros obedecemos felices.

¡Qué maravilloso resulta ver a Carmen Machi en escena! Sus gestos, sus maneras, su voz. Hace que uno quiera vivir por siempre encima de un escenario. Verla actuar es pensar que la genialidad es sencilla y que no vas a querer dejar de saborearla. Se desgarra por dentro para dárselo todo al público. No se reserva. Es pura energía controlada, dispuesta para ser lanzada hacía la grada. Y lo mejor de todo es que, cuando finaliza el monólogo, y Helena desaparece para dar paso a Carmen, la actriz… No vemos a Carmen, la actriz; vemos a Carmen, la persona. Con su actitud ves que ella misma está satisfecha de su trabajo, que lo disfruta y que, de alguna manera, no da crédito a que, la emoción acumulada en la sala, haya sido cosa suya… ¡No me digáis que eso no la hace grande! A mi forma de ver la convierte en toda una Dama de la Escena, como hay muy pocas… Os juro que cuando terminó la función lo único que tenía ganas era de saltar al escenario y abrazarla para mostrarle toda la emoción que me había hecho sentir durante la hora que dura el monólogo. Pasado ya un tiempo iba andando por la calle y aún sentía que en mi cuerpo, en mi garganta, en mis tripas, seguía vibrando esa sensación… La de saberme presente en un momento mágico y que permanecerá por mucho tiempo dentro, en lo mas profundo… Lo siento Helena, pero después de esto, tu deseo no se va a poder ver cumplido. No caerás en el olvido.

Poco mas puedo añadir. Sé que no he sido nada analítico, pero es que lo que vi el otro día fue algo mas allá de la piel y para eso, como dije mas arriba, no hay palabras.