Me confieso un admirador de Almodovar, de su estilo, de él mismo y de toda la mitología que le rodea… No puedo negarlo… Aunque no soy de los que se ponen una venda en los ojos y adoran cada paso que da, no he pasado por el aro de todas sus propuestas… Eso sí, película que estrena, película que me cuenta como espectador y esta vez no iba a ser menos, ¡claro!

Me fui a ver “La Piel Que Habito” sabiendo muy pocos detalles, solo que había cierta polémica con algunas críticas feroces, pero sin hacer mucho caso de nada. Cuando Almodovar estrena, yo voy digan lo que digan. La verdad que el trailer me dejó bastante indiferente, y eso fue lo que me vendió la película… ¿Absurdo? No, es que algo me decía que el contenido realmente interesante estaba en el metraje que no desvela el trailer… Odio profundamente los spoiler disfrazados de trailer.

Para mi gusto su cine estaba pidiendo a gritos algo como lo que ha hecho… estaba cayendo en la comodidad de refugiarse en su mundo “Almodovariano”. Todos mas o menos sabemos lo que nos vamos a encontrar en la sala cuando se apagan las luces y en la pantalla sale proyectado eso de “Un film de Pedro Almodovar”, pero como admirador suyo estaba deseando que me diera algo diferente, algo que me hiciera salir del cine golpeado, KO  perdido… Bueno, pues nada mejor que “La Piel…” Una película completamente atípica… Quizá de tan atípica que es, sea la mas cercana a su esencia porque analizándola detenidamente, tiene todos los ingredientes que le caracterizan… Pero a parte de lo que es en sí la película, me gusta pensar que aún hay mucho que descubrir en su cine.

La película encierra una frialdad terrible, como la venganza que narra su argumento. Unas ideas enfermizas y depravadas que, en el momento que las vas descubriendo, tu cabeza dice “Si, hombre, ¿y qué mas?”, porque te niegas a creer lo que te cuenta, pero esa misma idea es la que hace que tu cabeza cambie radicalmente y se da cuenta que, de tan rebuscada que es la propuesta, se hace mas amenazadoramente real, mas palpable que cualquier otra cosa que hubiera querido contarnos…

Almodovar juega con los contrastes. Donde mas luz hayamos, mas oscuro es el propósito que nos quiere contar. Cuanto mas inexpresivo parece el personaje, mas nos da que leer… Donde mas belleza parece que hay, mas dolor es el que encierra… Donde mas espacio abierto existe, mas claustrofobia y mas desamparados nos encontramos… Una película de terror para verla y pensarla. No es la típica película que cuando te marchas a casa comienzas a olvidar. Es una película que cuando termina en la pantalla, comienza en tu cabeza. Es como si Pedro nos diera la semilla que luego tendrá que germinar dentro de cada espectador… Bueno, no, ese no es el símil… Creo que mas que una semilla, lo que hace Pedro es contagiarnos un virus que se cuela por nuestros ojos y nos come la razón. Por eso es tan aterradora esta cinta, no porque saltes en la butaca, si no por lo terriblemente real que puede ser el encontrarnos en manos de otro y que ese otro quiera jugar a ser Dios con nosotros… Y no digo mas para no “Spoilear” demasiado al que aún no la haya visto.

Los actores están magníficos, muy bien afinados para poder sonar al ritmo que la batuta de Almodovar desea.
Elena Anaya tiene una interpretación maravillosa, es hipnótica, casi marciana… Es de esas pocas actrices que sus miradas dicen muchas veces mas que sus palabras… Creo que ha asumido un riesgo enorme a la hora de afrontar este papel, y ha salido victoriosa y con nota.
Para mi Antonio Banderas tiene dos caras, la internacional que sinceramente, no me dice demasiado, y la nacional, donde arriesga con las propuestas y da algo que creo que fuera no saben sacarle. Me gusta haberme encontrado con un Banderas que pensaba que ya no existía…
Jan Cornet, Blanca Suárez, Susi Sánchez y Bárbara Lennie componen entre ellos un universo de personajes tan cercanos que quizá sean ellos los que mas nos hacen sentir escalofríos por sus dosis de trágica realidad que encierran dentro de cada uno.
Al igual que Marisa Paredes y Roberto Álamo, dos seres perdidos, resignados y destinados a una existencia llena de desesperanza.
Por supuesto que hay que mencionar la maravillosa fotografía de José Luis Alcaine y la música de Alberto Iglesias, colaboradores ambos de la creación de una atmosfera asfixiante dentro de un Almodovar gratamente atípico.

Quizá cuando la veáis os parezca como a mi cuando salí del cine, que la película está bien, pero que es demasiado distante y aséptica. Sin embargo según pasan los días se te va colando hacia el fondo, muy al fondo; como si fuera un veneno lento que poco a poco te come por dentro…