A decir verdad, desconocía la obra que iba a ver, pero había algo que me atrajo desde el mismo momento que me enteré que se iba a representar y es que “Tick, Tick… Boom!” está compuesta por Jonathan Larson, el creador de “Rent” y ya con eso me bastaba para querer ir a verla. Hice un par de escuchas de una versión que encontré por internet y no quise saber mas, quería que esta obra fuera casi como un pequeño regalo que Larson nos dejó antes de marcharse. Quise ir descubriéndolo poco a poco, desenvolviéndolo al ritmo que Pablo Muñoz-Chápuli, director y fundador de Tela Katola, nos lo ofrece.

La obra trata en clave musical un momento decisivo en la vida de Jon (Jorge Gonzalo)que, próximo a cumplir los 30 años, se encuentra ante la decisión de apostar por una vida “convencional” o seguir peleando por su sueño… llegar a ser un gran compositor de musicales. En esta decisión se ven involucrados tanto Susan (Laura Castrillón), su novia; como Michael (David Tortosa), su mejor amigo desde la infancia. Através de diálogos muy ágiles y canciones con un regusto “Larsoniano” bastante identificable, vamos descubriendo la relación entre los tres personajes, y unos cuantos mas que se asoman a lo largo de los 90 minutos de función, que llevarán a que Jon se acabe decantando por un lado o por otro y las consecuencias que esto conllevará.

Los que hemos andado o andamos dentro de este mundo, nos veremos reflejados en mas de una de las situaciones planteadas en escena por la profesión del protagonista, pero seguro que a todos se nos hará un nudo en el estómago porque el tipo de musical que nos quiso mostrar Larson, es un teatro de la calle, de la vida de todos. Donde las cosas no se muestran de manera preciosista ni llena de florituras, si no tal y como son, momentos agridulces, con nuestras batallas personales, el amor, la amistad, las risas en los momentos menos apropiados o todos esos momentos amargos, esas decisiones dolorosas que nos toca tomar y todo aquello que tenemos que dejar marchar en ocasiones, para poder avanzar en la vida… Pero no siempre desde un punto de vista pesimista.. a veces irónico, a veces inmaduro, a veces cómico…

Como nos dicen desde Tela Katola, nadie siguió la estela de Jonathan Larson; con lo cual, lo que ahora nos ofrecen en el Off del Lara, es casi una pieza única.

Los actores consiguen que empatices con ellos desde el mismo comienzo de la obra. Son tan “normales” y te plantean una historia tan cotidiana, que hacen que te sientas cómodo con ellos, pensando que su historia podría ser la tuya. Supongo que hace mucho la cercanía del escenario, el que ellos mismos sean los que manejen la escenografía (Muy acertado el uso de tan pocos elementos, pero con tantas posibilidades), que los notes sudar y que incluso sus ojos se crucen con los nuestros en algún instante y sepas que realmente te están viendo. Muy bien interpretadas las canciones, con la energía justa, aunque he de reconocer que a veces la letra se perdía entre la música… Nada que ajustes de último momento no puedan solucionar. Recordemos que ayer fue el primer pase con público, así que lo que ayer se les escapara, es perfectamente solucionable. La verdad que cuando vi el espacio, temí que la banda de cuatro músicos que les acompaña, sonara demasiado ensordecedora, pero en ningún momento fue así. ¡Maravillosa la Tick Tick Band!

El equipo al completo nos regala esta obra con tanta intensidad que, al público, le va a ser imposible no devolverles ese mismo calor con creces.

Espero y deseo que este musical no se quede en estas únicas 8 funciones que ahora nos ofrecen y sigamos oyendo ese tick, tick, tick… por mucho tiempo.