Quizá peque de optimista, de dar siempre una visión positiva de los espectáculos que veo, pero es que últimamente no dejo de disfrutar en el teatro. Eso es buena señal, quiere decir que la cartelera está llena de muy buenas opciones y una que, al que le guste disfrutar de las buenas interpretaciones, no debe perderse es “Su seguro servidor, Orson Welles” en el Teatro Bellas Artes de Madrid.

Toda una lección de lo que es un ACTOR. José María Pou me vuelve a dejar con la boca abierta y con ganas de mas. Qué dominio de la escena, como saborea cada movimiento, cada frase, como domina el tempo de cada cuadro, sabiendo como engancharnos a los espectadores y contarnos… y encantarnos. Da gusto escucharle y entender todas y cada una de las palabras que dicen sus personajes. Y es que los que han dicho que llega un momento que dejas de ver a Pou y te sorprendes viendo a Orson Welles en escena, tienen razón. Es como si hubiera vuelto a la vida 25 años después, tan solo por un instante, y se sentara en el escenario a contarnos fragmentos de su vida, mientras un guardían del cielo-infierno-o donde quiera que vayan los genios, le apremiara para que se deje de “monsergas” y regrese allá donde esté. Pero él se resiste y comparte con nosotros pequeños trocitos de vida que nos hacen disfrutar tanto antes de desaparecer para siempre en un fundido en negro.

José María Pou ha conseguido despertar en mi, desconocedor de gran parte de la obra de Orson Welles, una curiosidad tremenda por saber mas no solo de su trabajo, si no de su persona. Me llevé la sensación de que fue un hombre con una personalidad tan abrumadora que fue imposible que alguien de a pie pudiera abarcarla, de ahí que de la impresión de que su vida comenzó arriba y el resto fuera cuesta abajo. Tuvo que depender tanto de gente que no le igualaba en genialidad, que su grandeza quedaba arrugada… Imagino que eso es lo que les suele pasar a los genios y de ahí venga que casi todos tengan pinta de haber vivido de manera tormentosa e incluso haber acabado pisoteados.

Gracias, José María, por hacerme aprender tanto y de tantas cosas en tan poco tiempo. Es lo mismo que Pou sea el director o el actor. Cuando uno va a ver algo en lo que figura su nombre, es seguro que va a asistir a una lección magistral de lo que significa la generosidad y el amor por este oficio.