– Papá, porfi, ¿podemos pasar por la calle de los carteles de cine grandes?… Así vemos las luces de navidad!!!

La ojos del padre resignado miran a su hijo y asiente. La madre se gira, le sonríe y le guiña un ojo. No tienen que pasar por allí, de hecho siempre hay un atasco de mil demonios, pero bueno… Al fin y al cabo solo pide ir mirando por la ventanilla del coche…

El niño, desde el momento que recibe el mensaje afirmativo de su padre, se sitúa entre los dos asientos del conductor y el copiloto y procura pestañear lo menos posible para no perderse nada de lo que ve por el parabrisas del coche, intentando retener las imagenes de esos enormes carteles que anuncian las películas y que él, que aún es muy pequeño no sabe ni de qué van,  ni quienes son sus intérpretes, se imagina las historias que cuentas esas películas…es lo mismo, no importa la realidad, porque siente una atracción extraña que le hace sentirse feliz mirándolos y ya está. El coche le muestra con detalle, gracias al tráfico lento, todas y cada una de las imágenes…

Un semáforo en rojo.

Una chica que está dejando atrás la adolescencia, lleva en una mano la Guía del Ocio y de la otra un niño que parece nervioso. Se paran frente a un escaparate enorme, lleno de muñecas de porcelana y de peluches de todos los tamaños, el centro lo gobierna un oso gigantesco a ojos del niño. Ella, que es su tía, le mira sonriendo por la ternura que le despierta las ganas de comerse todo con la vista de su sobrino.

– Cuando sea mayor y tenga mi casa- Le dice la tía al niño -Tendré una habitación llena de peluches como estos…

El niño levanta la vista, emocionadísimo con la idea de ir a casa de su tía y encontrarse una habitación con todos aquellos muñecos que tanto le están gustando, y eso que los miran cada vez que pasan por allí… No dice nada, solo asiente sonriendo.

-Bueno, ¿has decidido ya qué pelí vamos a ver? Luego de la pelí nos comemos una hamburguesa, ¿quieres?

Y el niño, abre aún mas los ojos y asiente muy exagerado para demostrar que eso es lo que convierte esa tarde en el plan perfecto. Su tía, los peluches, el cine y las hamburguesas!!! ¿Quién puede desear algo mas? ¡La vida es genial!

En ese mismo escaparate hay un chico con una mochila, tampoco resiste el quedarse mirando el escaparate cada vez que pasa por ahí. Va con el tiempo pegado, pero es casi un ritual el mirar ese escaparate y caminar con los ojos hacia arriba, mirando los carteles de los cines y pensando qué tal quedaría su nombre en uno de ellos. Sigue caminando y llega a uno de los antiguos portales de madera que visten la calle, mira el expositor de la entrada, es de una tienda de pelucas y postizos que hay unos pisos mas arriba de la escuela de teatro a la que va, y una cabeza mecanizada le da la bienvenida levantando la peluca a modo de saludo, como si se quitara el sombrero… aunque a veces él piensa que parece que lo que se le levanta es la tapa de los sesos… Se pierde dentro del edificio. No es el único que lo mira, todo el que pasa se detiene un momento y sonríe con extrañeza.

Incluso desde una ventana del edificio de enfrente se puede ver a un hombre de mediana edad mirándolo, pero sin reparar en lo que mira, está hablando con su hijo por teléfono.

– La película que están poniendo es… La “sinrenita”…

– Qué dices papá! Será “La Sirenita”!!! jajajaja- Ríe el chico por la confusión de su padre.

– Sí, eso- Acto seguido cierra la cristalera para aislarse del ruido del tráfico que hay abajo, en la calle. Se despide de su hijo y queda por un instante mirando el alboroto que causa tantas retención de coches…

Un estreno de alguna película o de alguna obra de teatro nueva. Abajo, en la calle, entre la multitud se encuentra un joven, caracterizado como uno de los personajes de la obra para promocionar lo que dentro ocurre. Interactúa con los curiosos. Por dentro está muy nervioso, es muy excitante representar algo frente a todo esa gente y que ellos le miren y se diviertan con él… Ojalá pronto sea otro el que se vista de su personaje y quien esté dentro del teatro sea él mismo representando un gran papel. Se pierde entre la masa de personas que le rodean, disfrutando, esto le llena…

Un grupo de personas han cortado la calleºy gritan como locos “NO A LA GUERRA”. Se sientan en el asfalto, muy tensos, pero se sientan “NO A LA GUERRA” A lo lejos se oyen las sirenas de la policia y varios furgones atraviesan a toda velocidad la calle peatonal que da acceso a la avenida donde están los manifestantes “NO A LA GUERRA”. Estos permanecen mirando a todos lados mientras siguen con la protesta “NO A LA GUERRA”, un zumbido ataviesa el aire y un sonido metálico golpea cerca de ellos, todos miran hacia el mismo lado “NO A LA…” … silencio… una estela de humo ha quedado dibujada en el aire y finaliza en una humareda viva que se despliega a toda velocidad, sirenas, luces, chillidos y al instante varios zumbidos mas, seguidos de los sonidos metálicos y sus estelas que rompen  la protesta, todos los manifestantes salen a la carrera despavoridos, en todas direcciones. Entre ellos una chica y un chico agarrados de la mano para no perderse. Corren como locos calle abajo.

– ¡¡¡Carmen, no te sueltes!!!- Dice el chico sintiendo que sus piernas son de gelatina, pero sorprendido por como siguen corriendo, a pesar de no sentir ni el asfalto bajo los pies. Nada va a hacer que suelte a su amiga, aunque su brazo comience a medirle casi dos metros…

– ¡¡¡Corre que los tenemos justo detrás!!!- Apremia la chica a su amigo, entre miedo y risa nerviosa por la excitación del momento. Con el corazón en la boca. Mientras ve que detrás de ellos están los furgones con sus luces destelleantes y sus sirenas, seguidos de policias a pie lanzando pelotas rabiosas y botes de humo.

Entre los peatones que pasean ajenos a todo esto hay dos chicos que se miran, uno sonríe al otro, que tiene cierta expresión tensa en su cara. Intenta sonreir, pero lo que le sale es solo tensión… El otro le tiende una mano y el chico tenso accede a darle la suya, suspira nervioso y le da un beso en los labios. Pffff!!! La tensión se va. ¡Esto es vida! ¡Se siente tal como es! No ha sido tan complicado ¡y nadie les mira! ¡Y tiene ganas de bailar abrazado a su novio! Porque ya puede decirlo sin sentirse extraño. Se pierden por las calles adyacentes, la ciudad se los traga como a los demás.

Un ángel en lo alto de un edificio, a veces protagonista de miradas y siempre testigo de lo que acontece en los alrededores, es fotografiado por un hombre que, aún siendo hijo de esta ciudad, le gusta salir a pasear con su marido y descubrirla día tras día como si nunca hubieran estado ahí. Los dos se unen a la muchedumbre llena de banderas multicolores que canta, baila y se muestra tal cual es. Un beso en los labios y una mirada a la cuesta que se alza frente a ellos. Llena de personas anónimas, de edificios que contemplan la vida que ha pasado, que pasa y que permanecerán ahí después de que aquel coche con el niño mirando luces y carteles pase, de que la tía y su sobrino regresen a casa tras una tarde de cines. De que el estudiante de teatro termine sus clases. De que el padre regrese a casa con su hijo. De que el actor decida que hará con su carrera. De que los amigos que se manifestaron contra la guerra se rían entre cervezas y lo guarden como un gran recuerdo. Que los novios sigan su camino. De que el hombre y su marido contemplen las nuevas capturas de su cámara, satisfechos de saberse conquistadores de su propia realidad.

En definitiva, La Gran Vía podría decirse que también es La Gran Vida!!!… Mi vida.