“¿Tienes algo de ‘Teresín’?” Esta frase la he oído hasta la saciedad de boca de mi abuela Pepa. Y es que, desde hace mucho tiempo y quitando lo familiar, “Teresín” ha sido un nexo de unión entre mi abuela Pepa y yo. Algo de lo que charlar largamente.

Cuántas horas hablando sobre “Teresín”, eh, abuela?
Y cuanto ayudó “Teresín” a que mi abuela me entendiera desde otro aspecto fuera de mi “nietez palpitante”!

Ah, perdón, qué quién es “Teresín”? Es la manera particular que tiene mi abuela de llamar a Terenci Moix! Mi amiga Ana me lo descubrió, me dio a leer “El beso de Peter Pan” que pertenece a la trilogía del “Peso de la Paja” y ahí me quedé atrapado dentro de su universo, en su cotidianidad, pensando que de alguna manera pertenecía a su familia; viajando con él por el Nilo, siendo uno mas dentro de sus historias del antiguo Egipto y vivir una de esos apasionados romances; deseando que alguna vez hubiera escrito sobre mi diciendo que era uno de sus “Inmortales del cine”… Y es que leer sus novelas o sus ensayos era caer en un trance que envolvía toda mi vida. Mientras tenía uno de sus libros entre manos, fumaba uno de sus cigarros, comía en su universo, dormía entre sus brazos, reía en su círculo, soñaba con viajar donde él iba… y así es como un verano mi abuela, aburrida de hacer crucigramas en la playa y aprovechando que yo estaba en el agua, me quitó el libro que estaba leyendo y ¡zas! Terenci se la quedó a ella también!

“Las memorias del Peso de la Paja” nos las bebimos a la vez y comentábamos las andanzas, nos reíamos juntos, nos entristecían los episodios mas dramáticos y casi creíamos ser íntimos de “Teresín”. Y es que yo creo que existe cierto paralelismo entre su vida y la nuestra; nosotros somos una familia que parecemos sacados de una especie de sainete; si se nos mira con cierta distancia, realmente se nos ve como personajes inventados y no como seres humanos reales, y yo creo que eso es lo que nos pasó a mi abuela y a mi, que encontramos el lugar justo donde vernos encajados e identificados. Si hubiéramos podido, hubiéramos hecho las maletas y nos hubiéramos colado en uno de sus libros para quedarnos a vivir porque la verdad que se estaba “agustito”. Mientras mi abuela se dedicaba a perseguir por las calles de Barcelona a “Teresín” niño y charlar con toda la vecindad, yo me marchaba con él al cine, a Londres y a explorar nuestra sexualidad.

Sin querer igualarme a Terenci, pero yo creo que había muchas similitudes entre él y yo, su pasión desmedida por el antiguo egipto, desde muy pequeño siempre me atrajo esa cultura y en él encontré el compañero apropiado para esos viajes; después estaba el cine, cuántas películas he descubierto gracias a él, a sus recuerdos, a sus recortes, a sus personajes que poblaban su mitología cinematrográfica, amaba tanto el cine que era imposible no sentir ese entusiasmo… y como digo, él nos acercó tanto a mi abuela y a mi que mas que familia, nos sentíamos amigos. Y es que cuando salía por la tele, en alguna entrevista, nos llamábamos para que el otro lo viera también. Como cuando un amigo sale en la tele y avisas para que quien lo conoce lo pueda ver… y cómo nos preocupamos cuando enfermó tantísimo! y nos alegramos cuando salió de aquello!!! y el vacío imposible de volver a llenar que nos dejó cuando partió… “Teresín”…

No puedo borrar de mi mente su sonrisa entre pícara y dulce, esa forma de hablar de sus mundos, tan sencilla y a la vez llena de ese conocimiento que mas que verse, se intuye, y del que tanto apetece aprender.

Nos hubiera encantado haberle podido conocer, aunque solo fuera por un momento. Seguro que se hubiera reido cuando mi abuela, con todo su desparpajo, le hubiera dicho: “Me encantas, Teresín”. Me hubiera gustado una foto de los tres, “Teresín, mi abuela y yo”, pero bueno, aún mi abuela me dice a veces “Oye, tienes alguna cosa por ahí de Teresín” y a mi me entra una ternura…